Atlético se lo hizo aún más difícil

El "Deca" arrancó bien pero las expulsiones le terminaron poniendo un fin anticipado al sueño.

26 May 2019 Por Nicolás Iriarte
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LA GACETA/ INÉS QUINTEROS ORIO

Como si remontar cinco goles de diferencia no fuera suficientemente difícil ya, Atlético decidió hacerlo con dos hombres menos y sumándose un rival en la serie: el árbitro. Lo hizo envuelto en los nervios propios de un equipo que se estaba quedando eliminado pero aún así resulta imperdonable para una serie como esta, que dos jugadores provoquen sus expulsiones y dejen al equipo en las condiciones en las que terminó jugando el segundo tiempo.

¿Que Germán Delfino es un mal árbitro? ¿Que además de no permitirse jamás ser localista con un equipo como Atlético, fallaba en las divididas a favor de Tigre? Quizás todos coincidamos en eso pero las decisiones que tomó con Rodrigo Aliendro y Jonathan Cabral fueron las correctas. Tanto el volante como el defensor, y luego varios de los jugadores, parecían estar más enojados con el juez que con el equipo que los había goleado una semana antes. La motivación contra un árbitro difícilmente pueda canalizarse de buena manera. Aliendro cometió una falta digna de amarilla (lo tocó arriba y abajo, cortando un contrataque) y Delfino incluso soportó varios comentarios y ademanes previos a sacarle la segunda.

Si este fue el último partido de Aliendro con la camiseta de Atlético, sería una verdadera lástima ya que su nivel de juego y compromiso en estos casi cuatro años han sido increíbles.

Cabral le pegó un pelotazo a un jugador tirado en el piso. No hay mucho más para decir en ese sentido de un jugador que fue de los mejores defensores (y porqué de todos sus jugadores) de Atlético en la temporada pero que suma su tercera expulsión en este tipo de circunstancias: contra Independiente en la Sudamericana (le dieron tres fechas), contra Patronato esta Superliga (codazo y se fue sin protestar) y la de ayer.

Supongamos que la primera amarilla al número 31 fue exagerada. Está bien. Pero de ahí a enredarse con el árbitro cuando hay una montaña de cinco goles por escalar... Sobretodo sabiendo que entre equipos “no grandes”, los errores arbitrales es algo con lo que hay que saber convivir. Delante no estaba uno de los cinco grandes que suelen ser favorecido. Delante estaba un equipo descendido. En cuartos de final, Atlético suspiró con el penal obviado de Mathías Abero, ayer renegó y luego volverá a suspirar, y así.

Aún con todo este análisis, en el que puede resumirse el partido de ayer, Atlético se quedó -con justicia- fuera de la final de la Copa de la Superliga. No pudo hacerle un gol a Tigre con 11 hombres, con 10, con nueve, en su cancha, en la de Tigre. Y así se le hizo muy difícil.

Los primeros 25 minutos fueron los que todos esperábamos ver: atosigando a su rival, no dejándolo salir y llegando con peligro. Sin embargo, ese corto período entregó las señales que tampoco nadie quería ver: un tiro en el palo, por ejemplo. Parece poco pero en un partido en el que ganás 5-0, las pelotas que dan en los palos, luego entran en el arco. No fue el caso del remate de Aliendro, antes de colapsar.

Luego de las expulsiones, el partido tomó el rumbo más inevitable de todos. El que había quedado prácticamente preestablecido en Victoria: la clasificación de Tigre.

El gol de Hugo Silveira le permitió a Tigre volver a ganarle a Atlético y estirar el global a 6-0 pero ya todo parecía estar dicho luego de ese caótico primer tiempo.

El formato de la Copa de la Superliga y esta eliminación en la que fue superado, hacen que el fin de la temporada de Atlético se vea abrupto, duro y hasta como un indulto para que el equipo deje de recibir golpes (fue su tercera derrota consecutiva) pero qué lejos está de haber sido así realmente.

La temporada de Atlético fue de las mejores de su historia y le garantizó un lugar en torneos internacionales. Incluso su participación en esta copa debería ser valorada como un logro. Eliminó en una serie de dos partidos y con justicia a River, algo que ni Boca pudo hacerlo en su momento.

En lo particular, la serie ante Tigre quizás deje un mal sabor pero en lo general, Atlético, sus hinchas y sus dirigentes deberían empezar sus vacaciones de la mejor manera.

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