Lucrecia Jordanoff, una chica lanzada a la aventura de vivir

Su pie izquierdo le basta para andar por el mundo. Video.

14 Mar 2019 Por Magena Valentié

“¡Ay Dios mío...!”

El grito retumba en el quirófano helado. Los ojos se desorbitan por encima de los barbijos. Silencio. La anestesia está haciendo efecto.

En su habitación, Lucrecia Jordanoff teje apresurada una manta que le regalará a su ahijada recién nacida. Está sentada frente a su cama, con el colchón en el piso, a la altura de los pies. Con los dedos en pinza sostiene la aguja de crochet que ingresa con precisión de orfebre para recoger el hilo enrollado en el dedo gordo del otro pie. Ya ha tejido un almohadón, un par de escarpines y un gorrito. Pero tiene que moderarse. Muchas horas con la mirada hacia abajo le hace doler la espalda. Ha perdido la elasticidad desde que le implantaron una prótesis de titanio en la columna, para corregir su postura. Hasta 2010 podía cepillarse el pelo y los dientes sin problemas.

Guarda el tejido en una bolsa y acomoda la cama. Siempre con los dedos en pinza tira una punta de la sábana y la estira. Ahora acomoda la ropa que le quedó de la noche anterior. Las dobla, las apila y las guarda en el cajón de su cómoda, siempre con el mismo pie. El izquierdo.

CON LAS COMPAÑERAS DE LA FACULTAD. Lucre estudia en la Quinta Agronómica.-

Fernanda Barrionuevo acostumbró a su hija a acomodar su habitación desde que era chiquita. Ahora tiene 26 años y no se salva de las tareas domésticas, aunque trabaja fuera de casa todos los días (en la oficina de Ceremonial y Protocolo de la Legislatura) y estudia en la Universidad Nacional de Tucumán la carrera de Administración de Empresas, en la Quinta Agronómica. Los sábados enseña catecismo en la capilla de su barrio, Villa Carmela. Además, se gana sus propios ingresos como profesora de matemática particular.

“Yo la crié como a una hija más, sin privilegios de ninguna clase. Cuando la tenía que retar por algo, la retaba, y le exigía lo mismo que a sus hermanos”, cuenta su madre, de 48 años. Lucre tiene dos hermanos menores, Micaela y Cristo, para quienes ella es una heroína, de la que aprenden todos los días.

“Una vez mi hija tenía seis meses y estaba tomando la leche cuando le quise sacar la mamadera. Entonces ella con su piecito izquierdo me detuvo la mano y la empujó para que la siga alimentando. Ahí entendí que ella iba a llegar al mismo lugar que los otros chicos, pero por su propio camino”, recuerda.

- VOLUNTARIADO. Lucre dicta catequesis en la capilla de su barrio.-

Lucrecia nació con Síndrome Polimalformativo y tuvo tres grandes operaciones. “En ese tiempo solo había dos casos como el de ella en Tucumán. Los médicos me dijeron que no me haga ilusiones, que mi hija no iba a vivir más que hasta los 12 o 15 años”, ríe con ganas.

Si Fernanda supiera quién gritó ese día en el quirófano la buscaría para decirle que Lucre es una chica normal, con un camino diferente.

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