Rugby infantil: jugar es lo que importa

La etapa formativa se basa en la enseñanza de valores y la formación de lazos de amistad.

26 Feb 2019 Por Federico Espósito

Del rugby suele decirse que es más receptivo que la mayoría de los deportes colectivos, dado que tiene un lugar y una función para toda clase de perfiles físicos y técnicos: el bajo, el alto, el gordo, el flaco, el lento, el rápido, el fuerte o el inteligente. Sin embargo, es en las divisiones infantiles -despojadas del ánimo competitivo que rige las mayores y juveniles- donde más se cumple este precepto. Esa amplitud, sumada a la importancia de la transmisión de valores de convivencia y la activa participación familiar, plantea al rugby como una de las opciones más recomendables para que los niños se inicien en la práctica deportiva.

“Además, se forman hermandades que duran toda la vida”, refuerza Oscar Sáez, nuevo presidente de la Comisión de Rugby Infantil de la URT. “Incluso, hay padres que llevan a sus hijos al club en el que ellos mismos jugaron, pero los chicos por ahí se terminan cambiando a otro para estar con sus amigos del colegio o del barrio. De hecho, hay casos de hermanos que juegan en clubes distintos”, comenta Saéz, vinculado desde hace casi 20 años al rugby infantil.

Pocas disciplinas hacen énfasis de manera profunda en el aspecto grupal como el rugby. Dado que su etapa infantil es meramente formativa y no competitiva, es allí donde se inculcan valores de amistad, compañerismo, sacrificio, solidaridad y respeto. No sólo hacia los compañeros, sino también hacia el rival, remarcando siempre que se juega con alguien y no contra alguien. Para eso también existe el tercer tiempo, una institución característica del rugby, donde la intención es que todos compartan la mesa sin distinción de camisetas. “Al no ser competitivo, en el rugby infantil no se juegan torneos sino encuentros. O sea, no hay tabla de posiciones ni campeones, porque no se trata de ganar, sino de aprender a jugar y de divertirse. Por eso también es que se disputan varios tiempos de pocos minutos, y la idea es que jueguen todos los chicos”, explica Sáez.

Aprendizaje y seguridad

El rugby es un deporte con reglas bastante más complejas y específicas que las del fútbol, por lo que la etapa infantil es también la más didáctica. Los propios entrenadores son los que hacen las veces de árbitro, y desde esa función también intentan enseñar cómo se debe jugar. “Si en rugby de mayores hacés las señas para que el jugador sepa qué cobraste, en el rugby infantil además de enseñarle las señas, le explicás al jugador por qué cobraste eso. Además, como no hay tarjetas, si un jugador comete una falta grave o reclama de mala manera, se le pide al entrenador que lo cambie, se le explica por qué y el chico puede volver a entrar cuando se calme”, explica Gustavo Martínez Ribó, entrenador de infantiles de Los Tarcos.

La seguridad es otra cuestión primordial. Una de las etiquetas que el rugby ha tratado de sacarse de encima desde sus inicios es la de ser un deporte violento o cuando menos brusco. “Desde la Unión, y en las distintas capacitaciones que hay en los clubes, se hace mucho hincapié en la seguridad del jugador. Siempre, y ante todo, se debe proteger la integridad de los chicos”, advierte Martínez Ribó.

RESPETO. Se enseña a jugar “con” el rival y no “contra” él. foto de josé rubino

“Todo lo que se ve en una cancha está preparado. Es decir, se prepara a los chicos para jugar. Se les enseña a tener una buena postura, cómo deben caer para no lastimarse, cómo deben abrir los brazos y colocar la cabeza al momento de tacklear, etcétera. Un tackle bien hecho no le duele ni al tackleado ni al tackleador. El cuerpo se prepara para eso, con técnica y preparación física. Con eso, y los límites reglamentarios, se busca que el rugby sea seguro, dinámico y disfrutable para el chico”, remarca Sáez.

Compromiso

El rol de los padres es otro punto a destacar. “Esto no es un pelotero. Es importante que los padres se involucren, que no se desentiendan. De hecho, el 80% de los entrenadores de infantiles son padres de jugadores. Otros son managers, o colaboran en el tercer tiempo o de alguna otra manera. Incluso, ofreciéndose a llevar al club a los hijos de otros que no pueden hacerlo”, detalla Sáez.

Por otro lado, ambos resaltan la importancia de que los padres no presionen a sus hijos. “Ahora que hay un horizonte profesional, puede que haya padres que crean que si su hijo tiene condiciones puede ser la salvación económica. Y eso no es bueno, para nada”, alerta Gustavo.

“Muchos padres quieren que su hijo llegue a Puma y a veces lo presionan o lo cambian de club, cuando el chico sólo quiere jugar con sus amigos. Por eso, en los clubes suele haber un cartel que dice si usted quiere un campeón en la familia, entrénese; mientras tanto, deje a su hijo jugar en paz”, completa Oscar.

Como entrenadores de infantiles, coinciden en que se trata de una tarea no exenta de dificultades, pero que resulta muy gratificante. “Que un niño venga a abrazarte cuando termina un partido y te diga que ‘gracias’, es algo que no tiene precio”, asegura Sáez. “Es una inversión a futuro, porque trabajás hoy para verlo el día de mañana siendo buenas personas y cruzando los dedos para que nunca dejen de jugar”, completa Martínez Ribó.

DESTREZAS. Desarrollar habilidades importa más que ganar. la gaceta / foto de juan pablo sánchez noli

Las infantiles abarcan desde Menores de 6 hasta Menores de 14 años. Su finalidad es sólo formativa, no competitiva.

Además de los días de partido, suele haber entre uno y tres estímulos (entrenamientos) por semana (depende del club).

Actualmente, en la URT hay inscriptos alrededor de 2.000 jugadores infantiles, entre todos los clubes.

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