La delegación tucumana que homenajeó a Mercedes Sosa brindó un espectáculo sin fisuras

Creatividad, arreglos originales, dinamismo, musicalidad, atractivo vestuario, frescura y profesionalismo de este “Pájaro libre” han recibido en la noche del domingo el premio del público. Video.

29 Ene 2019 Por Roberto Espinosa
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FOTO LA GACETA/ FRANCO VERA.

El tiempo rueda en el aro. Despierta los ecos del jardín de una república que acarician a esa mujer que llevó su perfume por el mundo.

Una fecunda voz se apiada de un derrumbe indio: “Juntito a mi corazón… charanguito, qué dulce voz… ayudame a llorar el bien que ya perdí…” Los bailarines despliegan urgencias en el escenario. Los movimientos contemporáneos y folclóricos se abrazan. Se separan. Se anudan en el regazo placero de don Próspero Molina, aquel catamarqueño que puso su generoso grano para que Cosquín viera la luz en el siglo XIX. Sofía Ascárate, Noelia Scalora, Daniela Cayos, tres flores cantoras, elevan un rezo para tocar el corazón de su comprovinciana.

El aro baila la vida con un hombre adentro. La creatividad fluye en los dos ballets que brotan en el escenario Atahualpa Yupanqui. Las imágenes de la “Negra” acarician desde la pantalla gigante el fervor de Carlos Podazza, Quique Yance, Pancho Santamarina, Café Valdez, Marianna Kasakova, Mathias Agüero y José Arcuri.

Una cigarra al estilo Calle 13 renace de la muerte, resucita luego la bella melodía. Sofía Singh ilumina el cielo con un sentido “Gracias a la vida”. Coqui Sosa y su primo Adrián Sosa arriman su sello bien folclórico, desplegando los genes heredados de su ilustre tía en “A Monteros” y “El olvidao”.

El canto del taficeño Juan Pablo Ance piensa que si esa luna coscoína llegara a ser tucumana se ahogaría en agua bendita, mientras los ponchos y pañuelos de los bailarines, guiados por Patricia Sabbag y Alfredo Vaca, invocan tal vez al diablo para que intente salvarla. Las imágenes de patios, de la Casa Histórica de la Independencia, de la Libertad de Lola Mora, de los cerros, de El Indio pasean por las pupilas de los espectadores. “Al Jardín de la República” late en la voz solista y un coro de cantores.

Una cuchillada de amor se filtra entre las costillas de la emoción. Los aplausos han festejado varias veces el talento tucumano que le está trayendo alegría a su corazón, mientras una pareja en blanco y negro desmenuza su seducción en la pantalla. El aro juguetea con sus deseos.

Un malambo ejercita un vértigo de gestos danzantes. La excitación ha conquistado a los artistas que explotan en la repetida proclama de ¡Tucumán! La emoción se ha puesto ahora de pie en la platea. El público se contagia: ¡Tucumán! ¡Tucumán! Todas las voces… todas las manos, toda la sangre puede ser canción en el viento… hermano… libera tu esperanza con un grito en la voz… Creatividad, arreglos originales, dinamismo, musicalidad, atractivo vestuario, frescura y profesionalismo de este “Pájaro libre” han recibido en la noche del domingo el premio del público. El aro del tiempo va y vuelve, como Mercedes Sosa, que se fue, pero siempre está regresando con su corazón en la voz.

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