“Todos pueden aportar: denunciando o dando el ejemplo”

03 Noviembre 2018

“Antes que nada, es necesario aclarar algo: no es justo ni cierto decir que ‘todos los tucumanos’ desprecian las normas y que no les interesa lo que le pase al otro. Son algunos, pero no todos”. Hecha esa salvedad, Josefina Racedo, psicóloga social, intenta explicar a qué se debe la permanente transgresión de las normas que, en definitiva, se termina traduciendo en el desprecio a las necesidades de los otros y de la sociedad en conjunto.

“En el caso del video que se difundió, se trata evidentemente de una persona de una clase social acomodada, porque no cualquiera tiene ese vehículo de alta gama. Quizás esa posición lo hace asumir una actitud de poder por sobre el resto de los ciudadanos. Y no es que desconoce las necesidades de los otros que vayan a circular por ahí, sino que no le importan, o le importa más su propia comodidad. Es parte del individualismo que avanza cada vez más en las sociedades”, analiza la profesional.

De todos modos, admite la psicóloga, el desapego a las normas, el individualismo y la falta de conciencia social no es exclusiva de los sectores más acomodados de la población. Taxistas, conductores particulares, choferes de colectivo, motociclistas y peatones transgreden por igual en las calles de nuestra ciudad.

“Los ciudadanos estamos expuestos a estímulos contradictorios, a ejemplos negativos permanentes. Que un político -por citar un ejemplo- duplique dudosamente su patrimonio de un año a otro, o que se escape de un control de tránsito o que sus delitos siempre queden impunes son cosas que inciden en la subjetividad de toda la población, es un daño enorme y no sólo material. Son posiciones desde las cuales hay que dar el ejemplo, pero no lo hacen. Entonces se generaliza esa sensación de que si los otros no respetan, por qué lo tengo que hacer yo”, describe Racedo.

Ese círculo vicioso de transgresión - enojo - transgresión es complejo y difícil de abrir, y se agudiza en momentos de crisis social, política y económica, como el actual. “Me enojo porque la luz cuesta $ 1.000 más que el mes pasado, entonces salgo a la calle y me desquito con otro, en general más débil. Pero eso jamás puede ser justificativo de nada. El problema es que hay mucha gente que no comprende que cada cosa que hagamos repercute en toda la sociedad. Algunos no lo entienden, a otros no les interesa”, dispara.

Del otro lado están quienes no se dejan vencer, los que consideran que las cosas pueden mejorar, que no se conforman con que haya algunos que desprecien las necesidades del otro, y accionan. Filmando con un celular una actitud de desprecio a las pautas sociales, como pasó en la esquina de San Martín y Laprida, ayudando a viralizar ese video para que la denuncia se haga masiva. “Del lado opuesto al individualismo, avanza también el compromiso de muchos, la convicción de que entre todos se puede aportar algo para que la ciudad y la sociedad mejoren. Se trata de asumir una vida en sociedad. Y no es únicamente denunciando, sino también dando el ejemplo. Desde cualquier lugar en el que estemos se puede dar el ejemplo”, finaliza Racedo.

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