13 Junio 2004 Seguir en 
Por Graciela Chamut, máster en Dirección de Empresas - profesora de la UNSTA
Esta es una de las preguntas más serias y controvertidas que se hacen en la organización, que genera diferentes y apasionadas respuestas, a favor y en contra. En general, se considera que el dinero es un buen predictor de satisfacción, aunque en la realidad no sea así.
El dinero por sí solo, o los sueldos altos, no aseguran un mayor nivel de productividad de los empleados, a menos que se mida la productividad y se la relacione de manera indudable con la remuneración. Si no se hace así, los altos sueldos de personas poco eficaces obran como generadores de violencia encubierta en los demás empleados.
El dinero por sí solo no asegura la lealtad del empleado con la organización, a menos que la organización dé claras muestras de preocuparse por ser leal con sus empleados.
El dinero por sí solo no garantiza satisfacción con el puesto, ni siquiera bajo nivel de rotación, puesto que depende de cuán importante sea el dinero para el empleado. La idea de motivación está íntimamente asociada a la de necesidad: una persona se motiva para hacer algo en la medida en que considera que la acción va a tener como resultado la satisfacción de una necesidad personal. Y aquí es donde entra la confusión, puesto que no todas las personas tienen las mismas necesidades, ni están en la misma etapa del ciclo de vida, ni tienen los mismos intereses.
Un empleado joven y soltero, le dará más importancia a la posibilidad de contar con tiempo libre, antes que hacer horas extra bien pagadas.
Una madre priorizará usar su tiempo libre para estar con su bebé en lugar de ganar más dinero y no poder verlo.
Un estudiante avanzado, preferirá concluir sus estudios trabajando medio tiempo, aunque eso signifique ganar la mitad de lo que podría ganar si estuviera a tiempo completo.
Un empleado jerárquico sometido a elevados niveles de estrés, preferirá disminuir sus ingresos trabajando en otro puesto de menor responsabilidad, o en otra empresa, de mejor clima organizacional, privilegiando su salud psíquica por sobre el monto a ganar. Así, en distintos ejemplos, vemos cómo el dinero que para el pensamiento común aparece como el gran motivador, descubre sus grandes falencias.
¿Para qué sirve el dinero, en realidad?
Si consideramos que motivación es la posibilidad de satisfacer necesidades insatisfechas, y nos representamos solamente aquéllas que se satisfacen externamente, con dinero, vamos a quedarnos con un pensamiento lineal y simplista. Esto dejaría afuera las necesidades sociales, la importancia de la autoestima y la posibilidad de autorrealización. Contando que por definición, a medida que aumenta nuestra capacidad económica, ampliamos nuestras necesidades y generamos numerosas utilizaciones alternativas del dinero, que siempre aparece como escaso.
Sin embargo, es indudable que el dinero es una razón importante que justifica el trabajo. En muchos casos, aparece como la segunda razón para trabajar, y a la mayoría le cuesta ponerse de acuerdo sobre cuál es la primera.
El dinero tiene también un valor simbólico además del valor de cambio, como medida de la aprobación de nuestros esfuerzos, y como comprobante de la justicia con que se valoran nuestro trabajo, nuestros aportes y contribuciones a la empresa. Así, la comparación entre nuestros ingresos con los de otros miembros de la organización, y la comparación de uno con uno mismo en otras circunstancias, dentro de la misma empresa, en otro puesto, o en otra empresa, obra como desencadenante de aumento de motivación o como gran desmotivador, según sean las conclusiones a las que arribamos al final.
¿El dinero motiva? Quizá sea tiempo de que empleados y empleadores podamos enfocarnos utilizando la inteligencia y la razón, en aquello que nos lleve a mejorar los aspectos positivos y creativos de la vida humana, a defender las condiciones de felicidad y libertad interior, y a generar situaciones que alienten al desarrollo de la mayor calidad de vida, no solamente o únicamente confort en el sentido de bienestar material, en las personas que están bajo nuestra responsabilidad.
Esta es una de las preguntas más serias y controvertidas que se hacen en la organización, que genera diferentes y apasionadas respuestas, a favor y en contra. En general, se considera que el dinero es un buen predictor de satisfacción, aunque en la realidad no sea así.
El dinero por sí solo, o los sueldos altos, no aseguran un mayor nivel de productividad de los empleados, a menos que se mida la productividad y se la relacione de manera indudable con la remuneración. Si no se hace así, los altos sueldos de personas poco eficaces obran como generadores de violencia encubierta en los demás empleados.
El dinero por sí solo no asegura la lealtad del empleado con la organización, a menos que la organización dé claras muestras de preocuparse por ser leal con sus empleados.
El dinero por sí solo no garantiza satisfacción con el puesto, ni siquiera bajo nivel de rotación, puesto que depende de cuán importante sea el dinero para el empleado. La idea de motivación está íntimamente asociada a la de necesidad: una persona se motiva para hacer algo en la medida en que considera que la acción va a tener como resultado la satisfacción de una necesidad personal. Y aquí es donde entra la confusión, puesto que no todas las personas tienen las mismas necesidades, ni están en la misma etapa del ciclo de vida, ni tienen los mismos intereses.
Un empleado joven y soltero, le dará más importancia a la posibilidad de contar con tiempo libre, antes que hacer horas extra bien pagadas.
Una madre priorizará usar su tiempo libre para estar con su bebé en lugar de ganar más dinero y no poder verlo.
Un estudiante avanzado, preferirá concluir sus estudios trabajando medio tiempo, aunque eso signifique ganar la mitad de lo que podría ganar si estuviera a tiempo completo.
Un empleado jerárquico sometido a elevados niveles de estrés, preferirá disminuir sus ingresos trabajando en otro puesto de menor responsabilidad, o en otra empresa, de mejor clima organizacional, privilegiando su salud psíquica por sobre el monto a ganar. Así, en distintos ejemplos, vemos cómo el dinero que para el pensamiento común aparece como el gran motivador, descubre sus grandes falencias.
¿Para qué sirve el dinero, en realidad?
Si consideramos que motivación es la posibilidad de satisfacer necesidades insatisfechas, y nos representamos solamente aquéllas que se satisfacen externamente, con dinero, vamos a quedarnos con un pensamiento lineal y simplista. Esto dejaría afuera las necesidades sociales, la importancia de la autoestima y la posibilidad de autorrealización. Contando que por definición, a medida que aumenta nuestra capacidad económica, ampliamos nuestras necesidades y generamos numerosas utilizaciones alternativas del dinero, que siempre aparece como escaso.
Sin embargo, es indudable que el dinero es una razón importante que justifica el trabajo. En muchos casos, aparece como la segunda razón para trabajar, y a la mayoría le cuesta ponerse de acuerdo sobre cuál es la primera.
El dinero tiene también un valor simbólico además del valor de cambio, como medida de la aprobación de nuestros esfuerzos, y como comprobante de la justicia con que se valoran nuestro trabajo, nuestros aportes y contribuciones a la empresa. Así, la comparación entre nuestros ingresos con los de otros miembros de la organización, y la comparación de uno con uno mismo en otras circunstancias, dentro de la misma empresa, en otro puesto, o en otra empresa, obra como desencadenante de aumento de motivación o como gran desmotivador, según sean las conclusiones a las que arribamos al final.
¿El dinero motiva? Quizá sea tiempo de que empleados y empleadores podamos enfocarnos utilizando la inteligencia y la razón, en aquello que nos lleve a mejorar los aspectos positivos y creativos de la vida humana, a defender las condiciones de felicidad y libertad interior, y a generar situaciones que alienten al desarrollo de la mayor calidad de vida, no solamente o únicamente confort en el sentido de bienestar material, en las personas que están bajo nuestra responsabilidad.







