11 Junio 2004 Seguir en 
La discusión por la nueva ley de coparticipación federal entró por la ventana del país. Mientras la mayoría de los gobernadores esperaban una cita en la Casa Rosada, el presidente Néstor Kirchner prefirió centralizar la pelea con el bonaerense Felipe Solá, antes que federalizar un debate que, por lo menos durante la próxima década, signará el destino de cada uno de los distritos de la Argentina.
Por ahora sólo se habla de la distribución secundaria del dinero que se genera con parte de la recaudación de impuestos. La Nación no quiere ceder ninguna porción de la torta que se le asigna, pese a que la mayor parte de los servicios (educación y salud, por ejemplo) fueron transferidos a la provincia. Desde hace una década, los distintos presidentes que gobernaron el país están en mora con la sanción del nuevo régimen. Y hoy, como ayer, prevalecieron las cuestiones políticas antes que las decisiones estructurales para el futuro de la Nación.
Con la pelea verbal entre Kirchner y Duhalde quedó claro que los aliados políticos armaron un escenario de discordia, con el discurso de que todos pierden frente al reclamo de Buenos Aires de aumentar su porcentaje en el reparto de los fondos, pese a que en el último proyecto oficial se deja en claro que ninguna provincia recibirá menos de lo que hoy percibe. Hasta la Constitución nacional reafirma el sentido federalista del reparto. En el artículo 75 dice que la distribución de la coparticipación será equitativa y solidaria, y que dará prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidad en todo el país.
Frente a la aceleración de la lucha por el dinero, el gobernador tucumano, José Alperovich, fue uno de los primeros en contestarle a Solá. De ese modo, se enfrentó veladamente con Eduardo Duhalde, pese a que en la Casa de Gobierno digan que existe una relación excelente con el ex presidente.
En Tucumán, hubo intentos oficiales de unificar la postura de los representantes de la provincia en el Congreso, pero el acuerdo no prosperó. El Gobierno no convocó nuevamente a los principales partidos para debatir la iniciativa de coparticipación y avanzó apoyando el texto del polémico régimen de reparto que regiría desde el año que viene.
Las alianzas entre el alperovichismo y el kirchnerismo no son gratuitas. Se trata de permutas políticas. El apoyo tucumano al proyecto de coparticipación estará condicionado al aval nacional para reprogramar la deuda pública. Los fuertes vencimientos de los pasivos provinciales pondrán en jaque a las finanzas a partir de 2005. La Nación puede contribuir, como lo hizo desde la debacle económica de 2002, con nuevas asistencias para atender el pago de los intereses y del capital de la deuda. En la reunión de ayer, Alperovich también acordó con Kirchner la muchas veces postergada visita presidencial. Ahora se mira al 9 de julio como la fecha ideal para el retorno del santacruceño a la provincia.
Las peleas entre Kirchner y Duhalde se anticiparon un año. Este 2004 era un tiempo de transición, pero se convirtió en un período de luchas intestinas por el poder entre los principales aparatos políticos del Partido Justicialista nacional. Por ahora, el tercero en discordia -Carlos Menem- mira esta disputa desde afuera -Chile-.
Sin embargo, en Tucumán ya comenzaron los encolumnamientos partidarios. Alperovich, tras su pronunciamiento público, aparece como el referente kirchnerista en Tucumán. El senador Julio Miranda, en tanto, es actualmente el aliado de Duhalde en la provincia. Fernando Juri, el vicegobernador, sigue profesando su fe menemista. En algún momento, esas tres vertientes peronistas chocarán sus intereses. Sus protagonistas lo saben. Por eso ya se habla de una posible cumbre partidaria para que el agua no llegue al río y para que las disputas no afecten la gobernabilidad de la provincia.
Por ahora sólo se habla de la distribución secundaria del dinero que se genera con parte de la recaudación de impuestos. La Nación no quiere ceder ninguna porción de la torta que se le asigna, pese a que la mayor parte de los servicios (educación y salud, por ejemplo) fueron transferidos a la provincia. Desde hace una década, los distintos presidentes que gobernaron el país están en mora con la sanción del nuevo régimen. Y hoy, como ayer, prevalecieron las cuestiones políticas antes que las decisiones estructurales para el futuro de la Nación.
Con la pelea verbal entre Kirchner y Duhalde quedó claro que los aliados políticos armaron un escenario de discordia, con el discurso de que todos pierden frente al reclamo de Buenos Aires de aumentar su porcentaje en el reparto de los fondos, pese a que en el último proyecto oficial se deja en claro que ninguna provincia recibirá menos de lo que hoy percibe. Hasta la Constitución nacional reafirma el sentido federalista del reparto. En el artículo 75 dice que la distribución de la coparticipación será equitativa y solidaria, y que dará prioridad al logro de un grado equivalente de desarrollo, calidad de vida e igualdad de oportunidad en todo el país.
Frente a la aceleración de la lucha por el dinero, el gobernador tucumano, José Alperovich, fue uno de los primeros en contestarle a Solá. De ese modo, se enfrentó veladamente con Eduardo Duhalde, pese a que en la Casa de Gobierno digan que existe una relación excelente con el ex presidente.
En Tucumán, hubo intentos oficiales de unificar la postura de los representantes de la provincia en el Congreso, pero el acuerdo no prosperó. El Gobierno no convocó nuevamente a los principales partidos para debatir la iniciativa de coparticipación y avanzó apoyando el texto del polémico régimen de reparto que regiría desde el año que viene.
Las alianzas entre el alperovichismo y el kirchnerismo no son gratuitas. Se trata de permutas políticas. El apoyo tucumano al proyecto de coparticipación estará condicionado al aval nacional para reprogramar la deuda pública. Los fuertes vencimientos de los pasivos provinciales pondrán en jaque a las finanzas a partir de 2005. La Nación puede contribuir, como lo hizo desde la debacle económica de 2002, con nuevas asistencias para atender el pago de los intereses y del capital de la deuda. En la reunión de ayer, Alperovich también acordó con Kirchner la muchas veces postergada visita presidencial. Ahora se mira al 9 de julio como la fecha ideal para el retorno del santacruceño a la provincia.
Las peleas entre Kirchner y Duhalde se anticiparon un año. Este 2004 era un tiempo de transición, pero se convirtió en un período de luchas intestinas por el poder entre los principales aparatos políticos del Partido Justicialista nacional. Por ahora, el tercero en discordia -Carlos Menem- mira esta disputa desde afuera -Chile-.
Sin embargo, en Tucumán ya comenzaron los encolumnamientos partidarios. Alperovich, tras su pronunciamiento público, aparece como el referente kirchnerista en Tucumán. El senador Julio Miranda, en tanto, es actualmente el aliado de Duhalde en la provincia. Fernando Juri, el vicegobernador, sigue profesando su fe menemista. En algún momento, esas tres vertientes peronistas chocarán sus intereses. Sus protagonistas lo saben. Por eso ya se habla de una posible cumbre partidaria para que el agua no llegue al río y para que las disputas no afecten la gobernabilidad de la provincia.







