10 Junio 2004 Seguir en 
Sea Island, EE.UU.- El plan para la democratización en Medio Oriente y en el norte africano no puede ser impuesto desde fuera, declaró ayer la cumbre del G-8 reunida en Sea Island. La declaración fue suscripta en la primera sesión plenaria de la cumbre -que concluye hoy-, que también discutía la marcha de la economía mundial, los precios petroleros y la guerra en Irak, entre otros temas.
"Declaramos nuestro apoyo a las reformas democráticas, sociales y económicas en esta región", señala el documento. Los líderes de los países más industrializados del mundo exhortaron, en este sentido, a "convencer, dialogar, explicar, pero no imponer" la visión occidental al mundo árabe e islámico, dijo el presidente francés, Jacques Chirac, en una de las pausas de la cumbre del G-8, bajo la presidencia de turno de Estados Unidos.
Frase contundente
"Medio Oriente no necesita misioneros de la democracia", dijo Chirac al referirse al tema puesto a debate por George W. Bush. El objetivo del presidente estadounidense era obtener el apoyo del G-8 a su plan para el llamado Gran Medio Oriente, área que comprende también a Africa del norte. Dada la posición firme del presidente galo, Bush bajó el tono de la iniciativa y apoyó una versión corregida de su plan para la región, de siete puntos, sin financiamientos ni sanciones, que puntualiza que el cambio no puede ser impuesto desde fuera. La nueva versión fue propuesta por Francia.
Según analistas, el plan de Bush generó desconfianza y explican así el rechazo de Egipto y de Arabia Saudita a la invitación de la Casa Blanca para participar del encuentro. Por otra parte, los líderes del G-8 acogieron positivamente el plan de retirada de Israel de Gaza y de ciertas partes de Cisjordania, aunque señalaron que la "Hoja de Ruta" es el camino para alcanzar un acuerdo de paz. "El G-8 espera que esta retirada estimule el progreso hacia la paz en la región, la realización de las aspiraciones palestinas y la consecución de nuestros objetivos comunes de dos Estados, Israel y una Palestina viable, democrática, soberana, viviendo en paz y seguridad uno al lado del otro", señala un comunicado. (Télam-EFE)
Análisis
Fantasma implacable
Por Gabriele Chwallek
WASHINGTON.- El presidente George W. Bush esperaba que el escándalo por los abusos contra prisioneros iraquíes a manos de soldados norteamericanos fuera considerado ya agua pasada, y pensaba que podría celebrar tranquilamente el éxito de la resolución de la ONU para Irak en la idílica isla de Sea Island. Obviamente, se equivocó. Las páginas de opinión de los principales diarios estadounidenses no se centraron ayer en la nueva unanimidad internacional en torno de la cuestión de Irak, sino en los llamados "memorandos de torturas", unas guías elaboradas por juristas del gobierno que aprueban, bajo ciertas condiciones, las torturas en interrogatorios a prisioneros. El justificativo para ello es el combate al terrorismo.
Los informes definen también cómo se pueden sortear las leyes internacionales. El modo de hacerlo fue revelado por el diario "The Washington Post" con toda crudeza. Según el rotativo, los juristas afirman que la tortura sólo es tal si los dolores provocados son tan grandes como los causados por heridas graves, el fallo de algún órgano "o incluso en caso de muerte". El diario habla de una clara legalización de la tortura y compara esta "lógica" con la de las dictaduras que aprobaron la tortura en base a la seguridad nacional.
Se trata de la crítica más dura desde que las fotos de los abusos en la cárcel iraquí de Abu Ghraib dieron la vuelta al mundo, y esta vez apunta directamente a Bush y a su secretario de Justicia, John Ashcroft. Los demócratas sostienen que el gobierno creó, en el marco de la lucha contra el terrorismo, un clima propicio para las torturas. El respetado senador Joseph Biden puso el dedo en la llaga durante una reciente audiencia de Ashcroft. "¿Qué diría el gobierno -preguntó con la cara roja por la ira- si un soldado norteamericano fuera sometido en el extranjero a métodos de interrogatorio que provocaran dolores algo más leves y que, según la definición de los juristas, no suponen tortura?". Esta pregunta se la quieren plantear a Bush a su regreso de Sea Island. (DPA)
"Declaramos nuestro apoyo a las reformas democráticas, sociales y económicas en esta región", señala el documento. Los líderes de los países más industrializados del mundo exhortaron, en este sentido, a "convencer, dialogar, explicar, pero no imponer" la visión occidental al mundo árabe e islámico, dijo el presidente francés, Jacques Chirac, en una de las pausas de la cumbre del G-8, bajo la presidencia de turno de Estados Unidos.
Frase contundente
"Medio Oriente no necesita misioneros de la democracia", dijo Chirac al referirse al tema puesto a debate por George W. Bush. El objetivo del presidente estadounidense era obtener el apoyo del G-8 a su plan para el llamado Gran Medio Oriente, área que comprende también a Africa del norte. Dada la posición firme del presidente galo, Bush bajó el tono de la iniciativa y apoyó una versión corregida de su plan para la región, de siete puntos, sin financiamientos ni sanciones, que puntualiza que el cambio no puede ser impuesto desde fuera. La nueva versión fue propuesta por Francia.
Según analistas, el plan de Bush generó desconfianza y explican así el rechazo de Egipto y de Arabia Saudita a la invitación de la Casa Blanca para participar del encuentro. Por otra parte, los líderes del G-8 acogieron positivamente el plan de retirada de Israel de Gaza y de ciertas partes de Cisjordania, aunque señalaron que la "Hoja de Ruta" es el camino para alcanzar un acuerdo de paz. "El G-8 espera que esta retirada estimule el progreso hacia la paz en la región, la realización de las aspiraciones palestinas y la consecución de nuestros objetivos comunes de dos Estados, Israel y una Palestina viable, democrática, soberana, viviendo en paz y seguridad uno al lado del otro", señala un comunicado. (Télam-EFE)
Fantasma implacable
Por Gabriele Chwallek
WASHINGTON.- El presidente George W. Bush esperaba que el escándalo por los abusos contra prisioneros iraquíes a manos de soldados norteamericanos fuera considerado ya agua pasada, y pensaba que podría celebrar tranquilamente el éxito de la resolución de la ONU para Irak en la idílica isla de Sea Island. Obviamente, se equivocó. Las páginas de opinión de los principales diarios estadounidenses no se centraron ayer en la nueva unanimidad internacional en torno de la cuestión de Irak, sino en los llamados "memorandos de torturas", unas guías elaboradas por juristas del gobierno que aprueban, bajo ciertas condiciones, las torturas en interrogatorios a prisioneros. El justificativo para ello es el combate al terrorismo.
Los informes definen también cómo se pueden sortear las leyes internacionales. El modo de hacerlo fue revelado por el diario "The Washington Post" con toda crudeza. Según el rotativo, los juristas afirman que la tortura sólo es tal si los dolores provocados son tan grandes como los causados por heridas graves, el fallo de algún órgano "o incluso en caso de muerte". El diario habla de una clara legalización de la tortura y compara esta "lógica" con la de las dictaduras que aprobaron la tortura en base a la seguridad nacional.
Se trata de la crítica más dura desde que las fotos de los abusos en la cárcel iraquí de Abu Ghraib dieron la vuelta al mundo, y esta vez apunta directamente a Bush y a su secretario de Justicia, John Ashcroft. Los demócratas sostienen que el gobierno creó, en el marco de la lucha contra el terrorismo, un clima propicio para las torturas. El respetado senador Joseph Biden puso el dedo en la llaga durante una reciente audiencia de Ashcroft. "¿Qué diría el gobierno -preguntó con la cara roja por la ira- si un soldado norteamericano fuera sometido en el extranjero a métodos de interrogatorio que provocaran dolores algo más leves y que, según la definición de los juristas, no suponen tortura?". Esta pregunta se la quieren plantear a Bush a su regreso de Sea Island. (DPA)







