Tucumanos se amotinaron en un penal santiagueño

El suicidio de un comprovinciano generó la medida de los internos .

FOTO TOMADA DE ELLIBERAL.COM
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03 Octubre 2018

La muerte de un preso tucumano derivó en una huelga de hambre en una cárcel de Santiago del Estero. El sábado pasado, Juan Ramón Figueroa, de 40 años, se quitó la vida ahorcándose en uno de los baños del Hospital Regional de la capital santiagueña. Hasta ese nosocomio había sido trasladado desde el Penal Federal de Colonia Pinto, ubicado en el departamento San Martín.

Internos de esa penitenciaría le dijeron a LA GACETA que iniciaron el reclamo porque Figueroa no había recibido la atención médica correspondiente. Había sido hospitalizado como consecuencia de una afección cardíaca. Estaba internado en la Sala 4. El sábado a la madrugada, pidió permiso para bañarse. Cuando su custodio ingresó a los sanitarios lo encontró colgado.

Figueroa había sido internado cuatro días antes. Habría ingresado al baño a las 6. En ese momento se produjo un cambio de guardia. Por ese motivo, el suicidio fue descubierto recién a las 8.30.

“Esto se está poniendo tenso. Todos los pabellones estamos en huelga. Están listos los colchones para prenderles fuego. En el penal pasan un montón de cosas feas. Somos reprimidos por la nueva dirección. Queremos que se vayan. En este momento somos unos 200 internos; la mitad somos tucumanos”, dijo un preso que fue consultado telefónicamente por LA GACETA.

“Lo que tenía Juan eran hemorroides, pero nunca lo atendieron. Cuando ingresó no tenía problemas cardíacos. Pero lo abandonaron y lo discriminaron, por eso empeoró”, agregó.

La muerte

De acuerdo a las fuentes consultadas, Figueroa habría utilizado para suicidarse una sábana que desgarró en pedazos y luego unió. Tras el hallazgo, el cuerpo fue llevado a la morgue del hospital Independencia, donde se realizó una autopsia por pedido de la Justicia.

Según trascendió, el tucumano cumplía una condena de seis años y dos meses por una causa por transporte de drogas. Hace cuatro meses fue trasladado desde un penal de Salta para poder estar más cerca de su familia. Habría estado a punto de ser beneficiado con un arresto domiciliario.

“Tenía todo listo para ir a la casa, pero le cortaron la libertad. Estaba tan mal que tenía que usar pañales. Es muy grave lo que pasó. Aquí los presos somos tranquilos, este no es un penal de máxima seguridad”, dijo un compañero de Figueroa.

“Éramos compañeros de tercer año de la secundaria. Sólo le daban pastillas para mantenerlo dormido; y también le suministraban corticoides, pero no lo atendían como corresponde. Esperaron a último momento para llevarlo al hospital. Estaba tan hinchado que no le entraban las zapatillas. Por todo eso se quitó la vida”, dijo otro preso.

Tensión extrema

La muerte de Figueroa causó mucho malestar entre el resto de la población carcelaria, que inició una huelga de hambre ayer a la mañana. Con el correr de las horas, los delegados mantuvieron reuniones con las autoridades. Los presos habrían presentado una nota con una serie de pedidos, entre ellos, la renuncia de los responsables de la penitenciaría, según los presos.

Algunos de los reclamos son: falta de asistencia a los internos con problemas de salud, maltrato a los presos y a los familiares en las requisas, condiciones de hacinamiento, mala alimentación y demoras en los trámites de los presos que están en condiciones que salir.

“No se resolvió nada. Seguimos igual o peor que antes. Dicen que estamos en rebeldía. La medida sigue firme pase lo que pase. Queremos que cambien a los directores. Hay mucha tensión”, señaló, ayer por la tarde, uno de los representantes de los internos.

“Nunca llegan nuestras quejas. Todo lo que pasa aquí es de la puerta para adentro. Todo se oculta. Nos amenazan con sanciones para que no podamos obtener la libertad. Hay compañeros que ya están para recuperar la libertad y siguen presos. No nos ven como personas. A los que queremos andar bien nos hacen lo que quieren”, señaló un delegado.

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