La terminal de Concepción

En los últimos 20 años casi no hubo nuevas obras públicas en la ciudad.

08 Junio 2004
Los argentinos somos amantes de las palabras, de los discursos, de las teorías, de lo que se puede hacer pero pocas veces se hace. Hay una suerte de imposibilidad de llevar la palabra a los hechos, como si la palabra nos paralizara. Hay miles de ideas buenas, de proyectos que nunca llegan a buen puerto porque siempre hay un pero, un impedimento.
A fines de los años 70, un intendente soñó una estación terminal de ómnibus para Concepción, la segunda ciudad de la provincia. La actividad comercial y empresarial de la "Perla del Sur" era cada vez más intensa. Su proyecto era ambicioso -como deben ser las iniciativas que apuntan al progreso de una comunidad- y, entre otras cosas, proponía la construcción de una avenida costanera de tres kilómetros de longitud. Se levantaron las primeras estructuras metálicas de la terminal en las inmediaciones del Parque de la Joven Argentina, pero al poco tiempo la obra quedó paralizada y luego, abandonada.
Los años pasaron y Concepción siguió creciendo con pujanza. Al concluir el siglo XX, el movimiento de ómnibus era más que intenso y generaba a diario largas congestiones. Las nuevas empresas de ómnibus no tenían dónde instalar sus oficinas ni dónde estacionar adecuadamente sus vehículos. Los pasajeros sufrían las incomodidades cotidianamente porque debían aguardar a la intemperie -soportando las adversidades climáticas- el arribo de los ómnibus. Aquellos que llegaban a esa ciudad desde Buenos Aires debían descender en medio del agua cuando llovía.
Los debates siguieron. En el año 2000, el intendente dijo que, pese a que la obra figuraba en sus planes de gobierno, no podía materializarse a causa de las dificultades económicas. En ese entonces, Concepción registraba una frecuencia de 210 colectivos diarios, pertenecientes a 25 empresas de transporte de pasajeros de corta, mediana y larga distancia, y un movimiento de más de 6.000 usuarios.
En agosto de 2002 la necesidad de una estación terminal resurgió. Hubo un debate en el que también participaron arquitectos de la UNT y de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Se presentó en esa ocasión una propuesta de levantar la terminal donde está emplazada la vieja estación ferroviaria. Se dijo que podría haber inversiones privadas para encarar este proyecto, pero el viento nuevamente se adueñó de las palabras. De todas maneras, esta iniciativa no habría prosperado si finalmente se hubiera concretado la reapertura del ramal ferroviario que beneficiaría a los tucumanos del sur de la provincia. Ahora se ha firmado un convenio con el Colegio de Arquitectos para concretar anteproyectos para la nueva terminal.
Pero lo cierto es que en los últimos 20 años casi no hubo en Concepción nuevas obras públicas. Ello es un reflejo de una dirigencia que dejó de soñar en grande, para dedicarse a buscar y coleccionar votos, dar trabajo a parientes y amigos y quebrantar aún más las finanzas municipales.
Una de las principales preocupaciones de los miembros del actual Concejo Deliberante pasa por cómo aumentarse el sueldo. Cuatro de ellos están involucrados en el turbio manejo del plan Jefes y Jefas de Hogar. Estos episodios seguramente habrían provocado una inconmensurable desdicha en Stewart Shipton, fundador de la "Perla del Sur", si viviera.
Pero esta incapacidad de convertir en realidad las palabras no es patrimonio sólo de los concepcionenses. Es una enfermedad que agobia a los tucumanos de las últimas décadas. Ya no hay lugar para más palabras; todas ya han sido dichas hasta el hartazgo por los distintos gobernantes. Si José Ortega y Gasset viviera diría: "¡Tucumanos, a las cosas!"

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