El poder de la magia

El pequeño Harry Potter invita a descubrir la lectura.

06 Junio 2004
Por Gustavo Martinelli

En su cumpleaños número 11, Harry Potter, un pequeño y escuálido niño inglés -huérfano desde que tenía un año-, se entera de que es mago y, por tanto, debe asistir al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Un estrafalario y desconocido gigante le hace esta revelación que abre, para Harry y para sus lectores, un universo plagado de emocionantes y de sorprendentes aventuras. Este es el comienzo de una saga literaria que hechizó a todo el mundo. Cinco libros que se convirtieron en best sellers y tres filmes que hicieron saltar la taquilla así lo confirman. Pero no sólo los niños ingleses cayeron rendidos a los pies de este aprendiz de hechicero. Los poderes de Harry también causan furor en Tucumán. De hecho, el estreno de la tercera película de esta saga, "Harry Potter y el prisionero de Azkaban", congregó el jueves a una multitud de chicos enfervorizados que hicieron gala de sus conocimientos sobre el mundo de la magia. Muchos de ellos saben de memoria algunos capítulos y hasta recitan complejos hechizos en un lenguaje que ni ellos mismos entienden. Aun más, algunos docentes ya están pensando en recomendar la inclusión de los libros escritos por la ahora multimillonaria J.K. Rowling en la currícula de textos obligatorios de colegios y escuelas, como una manera de capitalizar el fenómeno e introducir a los chicos en el saludable hábito de la lectura.
¿Cuál es la razón de semejante furor? ¿Por qué los chicos de hoy sienten esa irrefrenable atracción por lo oculto y misterioso? Varias cuestiones sirven para esbozar una explicación. En primer lugar, Harry Potter vive en una realidad que tiene dos dimensiones: la humana (bien reconocible y con un punto de crítica hacia los adultos) y la mágica, con sus propias reglas. Cada personaje es humano -incluso los fantasmas, que alguna vez lo fueron- pero se mueven en un universo distinto. Esta fórmula se repite también en otras historias, como por ejemplo, en "Sabrina, la bruja adolescente", ese personaje de la serie televisiva que cada día ven con avidez miles de chicos tucumanos. El paralelismo entre ambos personajes es más que evidente, aunque no se puede hablar de influencias, porque ambos surgieron, más o menos, al mismo tiempo. Y no son los únicos. También despertó un inusual furor por los seres mágicos la exitosa trilogía "El señor de los anillos", basado en el clásico de J.R.R. Tolkien.
Esta suerte de renacimiento del interés por la magia tal vez tenga que ver con la necesidad de superar una realidad social cada vez más plana e intercambiable, como se aprecia en la proliferación de novelas, libros prácticos (manual para jóvenes brujas) o películas de hechiceros, cazadores de vampiros y demás seres medievales. Otra cuestión innegable es el hecho de que Harry Potter construye en quien lo lee un mundo mítico. Para los chicos de hoy, acaso sea el primero al que acceden. Pero para los adultos, que habitan una civilización racionalista u olvidaron al niño que vive en algún rincón de sus cuerpos, la historia del pequeño mago puede ser la oportunidad de ingresar a otros universos. Tal vez menos visibles, pero no por eso menos reales. En este sentido, es bueno destacar que Harry Potter es capaz de dar -tanto a grandes como a chicos-, las fuerzas necesarias para abrir las puertas que protegen el mundo de "El señor de los anillos", de Tolkien. Puede llevarlos de la mano de Lewis Carrol al otro lado del espejo de Alicia o junto con Stevenson descubrir el secreto oculto en "La isla del tesoro". Acaso tenga la llave para ingresar a esos mundos complejos y lejanos a los que sólo Julio Verne sabe llegar. Y hasta puede ser la puerta de entrada al universo fantástico de Borges con su "Libro de los seres imaginarios".
Desde este punto de vista, si los libros y las películas de Harry Potter están mal hechos, poco importa en realidad. Porque Harry es, en cualquier caso, un héroe a la medida de los tiempos que corren. Invita a descubrir la magia de la lectura y los prodigios del cine. Tal vez por eso despierta tanta pasión. Como en su época lo hicieron, salvando las distancias, Homero, Shakespeare o Tolkien.

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