El tiempo es dinero

Inconvenientes y bondades del cambio de hora.

05 Junio 2004
Por Roberto Delgado

El tiempo es dinero. La máxima se nota claramente ahora que se debió hacer el cambio de hora para aprovechar mejor la luz del día y ahorrar energía. Para evitar apagones o cortes de suministro, se cambió el huso horario. Aunque la gente se confundió al principio con el atraso de la hora, a todos les quedó claro que la causa era la necesidad de ahorrar energía.
Pero el cambio ha tenido, hasta ahora, efectos dispares. El más notorio es el hecho de que una gran cantidad de alumnos de escuelas primarias -unos 60.000- salen de noche para volver a sus casas y las autoridades se están viendo obligadas a armar de emergencia un programa de seguridad con 2.000 vigías ciudadanos. El programa comenzaría el lunes, dada la imposibilidad de adelantar el horario de entrada de los estudiantes del turno tarde.
Otra consecuencia es que Tucumán ha quedado descolgada de Buenos Aires, que es más que nunca el centro de las actividades del país. Los bancos y las casas de cambio se mueven con la hora de la Capital Federal; los canales de televisión dependen de los envíos porteños y los canales de cable tienen una programación invariable. El horario de protección al menor en Buenos Aires comienza en Tucumán a la hora de la cena, con los riesgos que esto implica de que los chicos vena programas inconvenientes. Las compañías telefónicas se mueven con el ritmo de Buenos Aires. Muchos empleados, como los estudiantes vespertinos, salen de noche de sus trabajos y enfrentan una nueva realidad. Los comerciantes dicen que pierden clientes y por ahora no hacen quejas formales porque esperan que haya una evaluación de la medida. En la terminal de ómnibus, habrá un mes entero de problemas con algunos viajes, como los que van de una provincia sin atraso de hora, pasan por Tucumán y llegan a otra provincia sin cambio horario. También el movimiento de aviones resultó afectado.
Otros efectos son positivos. Los taxistas y remiseros están de parabienes, porque ahora a las 19 se saturan de pedidos y ésta es una novedad producida por el cambio de hora. Las autoridades son reticentes en cuanto a indicar cuán beneficioso será el cambio -se calcula que habrá un ahorro de un 7 %- y dicen que en 15 días podría haber una idea de los efectos y recién a comienzos de agosto habrá datos ciertos como para saber si da resultados o no. Para entonces, faltarán apenas dos meses para volver a tener la hora en sintonía con Buenos Aires; las tardes serán más largas y la gente de Tucumán ya se habrá habituado a los problemas. La cuestión será intrascendente.
Es tan grande la duda que el mismo gobernador José Alperovich cometió ayer la gaffe de reconocer que, si fuera necesario, se volvería al huso horario anterior, con lo cual sembró de nuevo la incertidumbre (hay que tener en cuenta que algunos legisladores y los comerciantes piden que se dé marcha atrás) y dio lugar a que se piense que la cuestión no fue bien analizada. En su momento, la Nación presionó a Buenos Aires y la Capital Federal para que no atrasen la hora, porque en un análisis del problema se determinó que en esas regiones no habría ahorro significativo (y había riesgo de que se consuma más en horario vespertino) y se generaban problemas de seguridad para los alumnos primarios. ¿Se tuvieron en cuenta los mismos parámetros en Tucumán?
La crisis energética llegó por imprevisión en la política nacional, tanto en lo que hace a inversiones como a tarifas y relación con las empresas privatizadas en los años de la recesión y de la devaluación. Y también hubo imprevisión en cuanto al estímulo del ahorro, porque durante mucho tiempo sólo se pensó en estimular el consumo.
Ahora se advierte que el tiempo es dinero. Habría que agregarle que la previsión también. Si los gobiernos nacional y provincial no lo tienen en cuenta, terminan, como ahora, jugando con el tiempo -y el dinero- de los demás.

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