Niños que inspiran: con sus pequeñas sonrisas alegran el día en el geriátrico

Esponjitas de todo lo que ocurre alrededor de ellos. De sonrisa auténtica y enojos que nunca pasan por filtros. Sencillos. Curiosos. Inquietos. Desprejuiciados. Casi siempre tienen un solo objetivo: pasarla bien y divertirse. Y a veces, para alguno de ellos, ese “pasarla bien” incluye ayudar a otros o pensar cosas que les sirvan a quienes lo necesitan. Hoy, en su día, te contamos algunas historias de niños que inspiran y emocionan.

19 Ago 2018

“¿Te gusta mi unicornio? Es mi juguete favorito”, pregunta la niña. No está jugando con otras nenas. Alrededor de la mesa, hay cinco ancianos que esperan su desayuno, con la mirada perdida. Uno de ellos extiende la mano y acaricia el peluche violeta. “Te lo presto”, dice la pequeña. Y sale corriendo a buscar a dos amigas. Felices, se abrazan y se van juntas. Las espera un gran entretenimiento. No el que uno pudiera imaginar. No se van a la plaza ni a divertirse con muñecas. Están en el baño de un geriátrico poniéndose chaquetas garabateadas, medias coloridas, pelucas y narices rojas. Se alistan para su misión de hoy: arrancarles una sonrisa a los abuelos internados allí.

Se llaman Valentina Milagros Albornoz (9 años), Melany Franco (9) y Mercedes Liset Kuba del Castillo (8). Las tres comparten una historia similar: en el barrio donde viven, San Cayetano, siempre hay un montón de niños en la calle. Desde la Fundación Payaterapeutas Tucumán las invitaron a sumarse para ayudar a esos chicos. Ellas no dudaron. Hace casi dos años que forman parte de los “Payakusitos”, el grupo de niños de la fundación, que es coordinado por María José García.

EN ACCIÓN. Sonrisita (Valentina), Estrellita (Melany) y Trebolina (Mercedes)

Además de visitar una vez a la semana el geriátrico también van a la plaza Independencia, donde les llevan juegos y alimentos a los niños de la calle. Desayunan con ellos y les cantan canciones. Eso es lo que más le gusta hacer a Melany, quien se presenta como “Estrellita Chuletita”. “Te sentís muy bien cuando hacés algo por una persona que lo necesita. A mí no me gusta que los chicos estén en la calle; quisiera que todos tuvieran una familia, juguetes y un plato de comida”, lanzó Valentina, mientras se acomodaba la peluca turquesa. En los “Payas” se llama “Bolsita Sonrisita”. Es que ella nunca para de reírse. A Mercedes, conocida como “Trebolinita de 4 hojas”, le encanta ir a visitar a los abuelos y bailar para ellos.

“Hola a todos; hoy vinimos a jugar con ustedes”, dicen las pequeñas en un patio resguardado con plásticos, que tiene la residencia para adultos mayores San Fernando, en Yerba Buena. Ninguno de los cinco ancianos, sentados alrededor de la mesa, las mira. El último en llegar es Juan Carlos, conocido como “Pipo”, que está enojado esta mañana porque le duele la pierna. Las chicas les dan un beso y les preguntan uno a uno los nombres: además de Pipo, están Armando, Emma, Delia y Emiliano, quien se encarga de aclarar que nació en el año 1922.

Después de bailar la primera canción, sale un cálido aplauso para las niñas. Ahora es el turno de entonar el tema de “El Perrito”. ¿Alguno se lo acuerda?, preguntan. Pipo levanta la mano y frente al micrófono canta a la perfección. Ya dibujó la primera sonrisa en su rostro.

“Es hora de jugar”, anuncian las pequeñas. Inflan globos que van pasando de mano en mano al ritmo de “vengan a ver mi granja”, una canción en la que deben decir el nombre de un animal y cómo suena este. Todos imitan a patos, perros, gatos, sapos, pollitos y hasta un dinosaurio.

En el cierre, vuelven a bailar. Esta vez, Pipo se levanta animado, toma de las manos a las chicas y se mueve con entusiasmo. Ya no le duele la pierna. Ha sido una mañana distinta, entre sonrisas y aplausos. Los abuelos jugaron como cuando eran chicos. Ahora, que seguramente tendrán más apetito porque están contentos, les sirven el desayuno. Mientras come una porción de pasta frola, Armando sigue acariciando el unicornio. “Hasta la próxima”, se despiden las niñas. Esta vez sí las saludan. Entonces, ellas se van felices. La misión está cumplida.

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