06 Junio 2004 Seguir en 
Por Efrain David, decano de Facultad de Economía y Administracion de la UNSTA
La Dirección por Valores (DPV) es una opción estratégica que pueden aplicar las empresas para lograr un desarrollo sustentable en perfecto alineamiento con el desarrollo personal de sus miembros.
Este enfoque de dirección empresarial parte de la premisa de que el verdadero desarrollo de las organizaciones ocurre cuando se desarrolla su gente, que es su más valioso capital.Pero debemos comenzar por definir "valores": son las conductas elegidas por individuos o grupos y que se sustentan en determinados ideales o creencias. Los valores marcan la "impronta" de la que se deriva una forma de comportamiento.
La DPV -que privilegia la ética como un valor central- emerge como un planteamiento humanista de la dirección empresarial, frente al pensamiento tradicional vinculado al control de las personas.
La Dirección por Valores sostiene que las organizaciones actuales -y particularmente las empresas- se desenvuelven en contextos muy turbulentos y con altos niveles de incertidumbre; esta situación potencia la característica de la empresa como un sistema caótico, que requiere de la capacidad de autoordenamiento.
Los valores fuertemente compartidos en la organización actuarían como fuerza ordenadora o fuerza de alineación para minimizar el desorden del sistema, facilitando de esta forma el cumplimiento de los objetivos institucionales.
Los desafíos
Uno de los principales desafíos de la DPV, por lo tanto, es lograr revitalizar la visión y la misión de la organización a través del fuerte compromiso colectivo de sus miembros. Este enfoque no está en contra de objetivos tales como la "eficiencia" o un "óptimo retorno sobre la inversión"; lo que se propone es poner en juego los valores adecuados para conseguir estos logros sin descuidar el desarrollo de las personas.
Más aún, esta propuesta sostiene que los valores resultan un factor insoslayable para sustentar y cohesionar el complejo tramado de acciones institucionales necesarias para lograr el objetivo de obtener utilidades, el cual es básico para la permanencia de la empresa en el mercado.
Objetivos
Los valores fundamentales acordados por la empresa con sus miembros -pocos y convocantes- deben "ponerse en funcionamiento", lo que implica que deben traducirse en objetivos de distintos niveles.
Al respecto, existen valores finales que están asociados a la misión de la organización (integridad, excelencia, prestigio, innovación, servicio, etc) y valores operativos vinculados a la forma de hacer las cosas para cumplir con la misión (simplicidad, eficiencia, comunicación, espíritu de equipo, flexibilidad, participación, etc.).
Se logra coherencia organizacional en la medida que haya una firme consistencia entre ambos tipos de valores; esto es, que no haya conflicto entre lo que quiere ser la organización y cómo actúa en la realidad dicha organización.
También es cierto que la Dirección por Valores exige de un nuevo tipo de liderazgo orientado a facilitar que las cosas se hagan en el marco de los valores compartidos con libertad por las personas que integran la empresa. Este líder facilitador se contrapone al líder controlador de la empresa tradicional.
La Dirección por Valores (DPV) es una opción estratégica que pueden aplicar las empresas para lograr un desarrollo sustentable en perfecto alineamiento con el desarrollo personal de sus miembros.
Este enfoque de dirección empresarial parte de la premisa de que el verdadero desarrollo de las organizaciones ocurre cuando se desarrolla su gente, que es su más valioso capital.Pero debemos comenzar por definir "valores": son las conductas elegidas por individuos o grupos y que se sustentan en determinados ideales o creencias. Los valores marcan la "impronta" de la que se deriva una forma de comportamiento.
La DPV -que privilegia la ética como un valor central- emerge como un planteamiento humanista de la dirección empresarial, frente al pensamiento tradicional vinculado al control de las personas.
La Dirección por Valores sostiene que las organizaciones actuales -y particularmente las empresas- se desenvuelven en contextos muy turbulentos y con altos niveles de incertidumbre; esta situación potencia la característica de la empresa como un sistema caótico, que requiere de la capacidad de autoordenamiento.
Los valores fuertemente compartidos en la organización actuarían como fuerza ordenadora o fuerza de alineación para minimizar el desorden del sistema, facilitando de esta forma el cumplimiento de los objetivos institucionales.
Los desafíos
Uno de los principales desafíos de la DPV, por lo tanto, es lograr revitalizar la visión y la misión de la organización a través del fuerte compromiso colectivo de sus miembros. Este enfoque no está en contra de objetivos tales como la "eficiencia" o un "óptimo retorno sobre la inversión"; lo que se propone es poner en juego los valores adecuados para conseguir estos logros sin descuidar el desarrollo de las personas.
Más aún, esta propuesta sostiene que los valores resultan un factor insoslayable para sustentar y cohesionar el complejo tramado de acciones institucionales necesarias para lograr el objetivo de obtener utilidades, el cual es básico para la permanencia de la empresa en el mercado.
Objetivos
Los valores fundamentales acordados por la empresa con sus miembros -pocos y convocantes- deben "ponerse en funcionamiento", lo que implica que deben traducirse en objetivos de distintos niveles.
Al respecto, existen valores finales que están asociados a la misión de la organización (integridad, excelencia, prestigio, innovación, servicio, etc) y valores operativos vinculados a la forma de hacer las cosas para cumplir con la misión (simplicidad, eficiencia, comunicación, espíritu de equipo, flexibilidad, participación, etc.).
Se logra coherencia organizacional en la medida que haya una firme consistencia entre ambos tipos de valores; esto es, que no haya conflicto entre lo que quiere ser la organización y cómo actúa en la realidad dicha organización.
También es cierto que la Dirección por Valores exige de un nuevo tipo de liderazgo orientado a facilitar que las cosas se hagan en el marco de los valores compartidos con libertad por las personas que integran la empresa. Este líder facilitador se contrapone al líder controlador de la empresa tradicional.







