Otra desprolijidad

05 Ago 2018
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SIN AVISO. Scaloni y Aimar deberán desatender su trabajo con las selecciones juveniles para hacerse cargo de la mayor.

No se le discute al presidente, Mauricio Macri, su derecho a señalar a Jorge Almirón como su director técnico favorito para la Selección. Macri sabe de fútbol y, en un país futbolero, no fue el primer presidente de la Nación que hable del tema ni será el último.

En plena dictadura, a un año del Mundial 78, se desató una interna militar. Un grupo quería imponer en la Selección a Juan Carlos “Toto” Lorenzo; en aquel momento, el DT más exitoso al frente de Boca. Por el contrario, otro sector defendió la permanencia de César Luis Menotti. Durante la democracia, cuando faltaban tres meses para el Mundial de México, el Gobierno radical intentó desplazar a Carlos Salvador Bilardo porque, en un asado informal, el entonces presidente, Raúl Alfonsín, había expresado su preocupación por el rendimiento del equipo. Ni qué decir de Carlos Saúl Menem, que pedía a Ramón Díaz para ese cargo.

El tema tampoco es patrimonio de la Argentina, ni del fútbol. Es extraordinaria la anécdota del ex presidente de Estados Unidos Richard Nixon que, en plena guerra de Vietnam, diagramaba jugadas y llamaba al técnico de los Washington Redskins -su equipo favorito en fútbol americano-. También Don Shula, técnico de los Miami Dolphins, le había agradecido por haberle indicado jugadas. Sus asesores contaron que no podían molestar a Nixon cuando miraba partidos. Tal era su obsesión por el fútbol americano que bautizó un bombardeo masivo sobre Hanoi con el nombre de “Operación Linebaker” (posición defensiva de ese deporte, conocida en hispanoamérica como apoyador o apoyo). Y en los comunicados internos del Gobierno, su apodo era “Quarterback” (mariscal de campo).

Anticomunista furioso, conocedor del valor simbólico del deporte, Nixon rompió el deshielo con China mediante la célebre “diplomacia del Ping Pong”. Su asesor, Henry Kissinger, tuvo una actuación clave para controlar a Bobby Fischer durante su duelo ante el ruso Boris Spassky, por el título mundial de ajedrez en tiempos de Guerra Fría. Nixon enfrentó con dureza a deportistas rebeldes como Muhammad Alí y los atletas del Black Power de México 68. Pero hizo campaña junto a los ídolos como Jackie Robinson (beisbol) y Wilt Chamberlain (NBA).

No resulta extraño, pues, que un presidente como Macri opine sobre quién podría ser el DT de la Selección. Eso sí, lo hace en un contexto complejo, con su Gobierno presionando a la AFA para que se aprueben los Clubes SA.

Lejos de contar este escenario, periodistas de radio y TV resaltan la opinión de Macri como si él fuera el presidente de la AFA; como si, entonces, ese favoritismo por Almirón tuviese el mismo valor que la opinión de Menotti, de José Pekerman o del mismo Claudio “Chiqui” Tapia. El titular de la AFA, se sabe, anunció que no habrá nuevo entrenador hasta fin de año. Los técnicos interinos -ambos con diploma y ex jugadores de la Selección- pasarán ahora de la Sub 20 a la mayor, sin siquiera haber sido avisados. Además, resultarán obligados a desatender su trabajo con los juveniles, cuando se viene el Sudamericano de Chile, que clasifica para el Mundial y para los Juegos Olímpicos. Asumirán sin la experiencia suficiente, por más fugaz que sea el compromiso -amistosos ante Guatemala, el 7 de mes que viene, en Los Angeles, y ante Colombia, cuatro días después, en Nueva Jersey-. En apenas meses, Pablo Aimar terminaría pasando de la Sub 15 a la mayor. Cuentan que ni siquiera a él le agrada tanta desprolijidad.

El “Payaso” y su calidad como jugador no necesitan presentación. Basta con decir que fue el ídolo de Lionel Messi cuando este era un pibe. Se sabe menos de Lionel Scaloni, santafesino que en 1995 debutó en Newell’s, que luego pasó por Estudiantes y que en 1997 fue campeón Sub 20 en Qatar -el mismo año en el que se fue a Europa, donde terminó su carrera-. Jugó en varios equipos, pero su club de arraigo fue Deportivo La Coruña, con el que salió campeón de Liga, de la Copa y de la Supercopa. Cuando se retiró, en 2014, dijo a la TV de España que algún día volvería al “Depor” como DT y que había aprendido mucho de táctica en Italia -jugó muchos años en Lazio-. En España recuerdan que, en su formación como DT, Scaloni trabajó en Son Caliu, en uno de los barrios más humildes de Calvia, a 15 minutos del centro de Palma de Mallorca. Que llamaba por su nombre a cada uno de los 50 pibes del Cadete A, les daba de comer y se metía con ellos al mar. Meses después, Jorge Sampaoli lo llamó para que colaborara con él en Sevilla.

Hay nombres -incluido Hermes Desio, actual coordinador de las selecciones juveniles- de calidad humana, como la que también mostró el propio Almirón. Y se advierte una idea de reiniciar desde abajo. No está mal. Hay quienes, aun salvando todas las diferencias económicas, piden mirar también algunos aspectos del camino de formación iniciado hace años por países europeos como Alemania, España, Francia y Bélgica. Y recordar -ya que ayer se cumplieron 50 años de su conquista- algunas cosas que decía el DT de los célebres “Matadores”, el San Lorenzo de 1968. Un técnico que calificaba de “fulbito” la posesión de pases siempre lateralizados. Y que no quería “gente parada ni con posición fija”, y sí “provocar espacios. Si todos cambian posiciones, si llega cualquiera, si todos pueden ser delanteros, si todos pueden ser defensores, entonces ahí tendremos un equipo”. Lo decía hace 50 años. Y ese técnico, Elba de Padua Lima, apodado “Tim”, era brasileño.

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