03 Junio 2004 Seguir en 
A las 18.15 del martes, sobre la calle Crisóstomo Alvarez, a pocos metros de la intersección con Las Heras, un colectivo sufrió un desperfecto y quedó detenido, bloqueando la calzada. Esto ocasionó un impresionante embotellamiento del tránsito que venía por ambas arterias. Los automovilistas que querían seguir por Crisóstomo Alvarez subían a la vereda, casi rozando ambos costados del ómnibus detenido, e igual cosa hacían algunos conductores de colectivos. Otros optaron por torcer trabajosamente en Las Heras.
Además, era la hora de salida de las escuelas, una de ellas ubicada en las cercanías. Los padres con sus hijos cruzaban zigzagueando entre los vehículos, lo que agregaba mayores complicaciones y aumentaba el riesgo de accidentes.
Sin duda, la rotura de un colectivo es un hecho imprevisible, que no hay más remedio que aceptar. Lo que no puede aceptarse es que, cuando ocurra un hecho de esa índole, no aparezca de inmediato un inspector de la Municipalidad, o en último caso un policía, y se aboque a la elemental tarea de ordenar, de alguna manera, un caos como el que se desarrollaba en la esquina de referencia.
Además, era la hora de salida de las escuelas, una de ellas ubicada en las cercanías. Los padres con sus hijos cruzaban zigzagueando entre los vehículos, lo que agregaba mayores complicaciones y aumentaba el riesgo de accidentes.
Sin duda, la rotura de un colectivo es un hecho imprevisible, que no hay más remedio que aceptar. Lo que no puede aceptarse es que, cuando ocurra un hecho de esa índole, no aparezca de inmediato un inspector de la Municipalidad, o en último caso un policía, y se aboque a la elemental tarea de ordenar, de alguna manera, un caos como el que se desarrollaba en la esquina de referencia.







