Cuidar la montaña

Un ecosistema que ocupa el 30 % de la provincia y debe ser protegido por su importancia.

03 Junio 2004
Juan B. Terán escribió: "En la síntesis geográfica de Tucumán, la montaña es el elemento primordial. Si Egipto era un don del Nilo, Tucumán es un don del Aconquija". Esto, por el rol que ese cordón juega deteniendo y condensando los vapores que vienen del Atlántico y que originan nuestros ríos y arroyos. Tales vapores "tropiezan con las montañas de Tucumán, que los enfrían y los convierten en lluvia", y "es así que Tucumán forma un oasis, rodeado por Santiago al naciente y sur, donde las nubes han pasado sin detenerse, y por Catamarca, al poniente, donde no han alcanzado a llegar". Agregaba Terán: "el hecho es más notable cuanto que, según la observación del sabio Lillo, Tucumán se encuentra en la latitud que en los dos hemisferios corresponde a los grandes desiertos. Es, pues, un oasis producido por la montaña".
La larga cita es oportuna para tomar conciencia de lo que significa la montaña para nosotros -ocupa casi el 30 por ciento de la superficie provincial- y la correlativa necesidad de protegerla a todo trance del maltrato a que es sometida con tanta asiduidad.
El tema ha sido puesto en el tapete por el Primer Foro Latinoamericano de Montaña, que sesionó en la Ciudad Universitaria de Horco Molle. El descuido de los habitantes respecto de la montaña es un problema serio en las comunidades del NOA. La coordinadora del Foro expresó la preocupación que crea el avance de la urbanización en el pedemonte y la explotación indiscriminada de los recursos minerales y del suelo.
Expresó claramente que en nuestra provincia se está practicando "un tratamiento no integrado de la montaña, lo que ocasiona erosión, contaminación, avalanchas e inundaciones". Insistió en que Tucumán debe entender que existe una fuerte interdependencia entre lo que ocurre en las tierras altas y lo que ocurre en las tierras bajas.
Es decir, que el uso del suelo y los asentamientos humanos no pueden llevarse a cabo como algo aislado y caprichoso, "sin considerar todo el sistema" y "sin hacer un reordenamiento territorial".
No se trata, por cierto, de un tema nuevo. En múltiples ocasiones ha sido objeto de comentarios críticos en nuestros editoriales. Hemos advertido varias veces sobre los riesgos que significan los asentamientos humanos -que cada año van en aumento- en el cerro de San Javier, y la inexplicable tolerancia que las autoridades exhiben a ese respecto.
También, sobre el riesgo de las talas, de los cultivos y del pastoreo en esas regiones. Es como si no se tuviera conciencia de que ellas forman parte de un patrimonio natural que, mucho más allá de la gratificación estética que pueda suscitarnos, tiene una función de trascendencia enorme en temas tan delicados como la regulación de nuestro clima, así como en "la purificación del aire, la provisión del agua y la calidad de vida de los tucumanos", como expresó el rector de la UNT en el acto inaugural del Foro.
En la reunión, a la que asistieron más de cuatrocientas personas, los expertos advirtieron concretamente sobre el peligro que amenaza al ecosistema de Tucumán y del Noroeste, por una urbanización descontrolada, por una explotación del suelo que carece de racionalidad, y por la desprotección en que se hallan recursos naturales tan básicos como el agua.
El propósito del Foro fue lograr la integración del NOA como región andina, a la cadena montañosa. Y la Dirección General de Asuntos Ambientales de la Nación anticipó, en su transcurso, que se formará un "comité permanente nacional" cuyo objeto exclusivo será la montaña.
Es de esperar que estos propósitos cristalicen en medidas tangibles, para detener un proceso gravemente dañoso para nuestro presente y para nuestro futuro inmediato.

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