El embudo atorado

La velocidad de las decisiones oficiales no se correspondan demasiadas veces con la de los anuncios.

01 Junio 2004
Las relaciones entre el Poder Ejecutivo y el Congreso "transcurren en un embudo atorado por la cantidad y complejidad de temas que deben pasar inexorablemente por la atención personal de Kirchner", confiesa un hombre muy allegado al jefe del bloque justicialista de Diputados, José María Díaz Bancalari. Hay coincidencia también entre quienes son intermediarios en esas relaciones, que el problema deviene de la ausencia absoluta de acuerdos de gabinete y, en consecuencia, del personalismo presidencial, un estilo aceptable para la gobernación de Santa Cruz pero inapropiado en el rompeolas federal. Ni siquiera cuando se trata de decretos de necesidad y urgencia -que la Constitución autoriza exigiendo que se los formalice en acuerdo general de ministros- el Presidente va más allá de reuniones muy limitadas con los ministros del caso. Tampoco el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, cuyas atribuciones formales son las de coordinador, puede resolver sin consultarlo. Todo ello es causa de que la velocidad de las decisiones oficiales no se correspondan demasiadas veces con la de los anuncios, muchos de los cuales pueden sorprender a la mayoría de los ministros y secretarios de Estado.

El caso de Haití
El ejemplo más testimonial sobre ese embudo atorado ha sido la lenta firma del mensaje presidencial al Congreso sobre el envío de una fuerza militar de paz a Haití. El canciller Rafael Bielsa había anticipado a los gobiernos chileno y brasileño no sólo una muy probable aprobación parlamentaria, sino estar dentro del calendario previsto en Santiago y Brasilia, lo cual no ha sido posible por la imposibilidad de que Kirchner firmase el mensaje, superado por otros asuntos pendientes y el estado de su salud. Ello causó molestias en la oposición parlamentaria, que impedirá el tratamiento del tema sobre tablas demorando aun más la definición. El Presidente -se ha sabido también- analizó el envío de la fuerza de paz con colaboradores ajenos al gobierno, como suele ocurrir con ciertos temas; tal el caso de la reforma política, donde el ministro del Interior no dispone hasta el momento de una media palabra sobre los proyectos elevados hace dos semanas.

Otro cerrojazo
El secretario de Cultura, Torcuato Di Tella, le ha aclarado a sus colaboradores, como a los amigos más cercanos, que no piensa renunciar al cargo y que su suerte política está "firmemente atada a lo que resuelva el Presidente". El avispero de la política cultural, agitado por las declaraciones de Di Tella y la demora presidencial en resolver sobre cargos en crisis, se agravó por los casos de las audiciones culturales de ATC. No tuvo los mismos ecos la supresión del programa "Dinámica rural", con 22 años de transmisiones y con alcance a todo el país, a cuyo director, Danilo Gallay, se lo excluyó por "no responder a la política del gobierno para el sector agrario". (De nuestra Sucursal)

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