31 Mayo 2004 Seguir en 
Hace poco, en este comentario, nos referimos a la peligrosa e irregular conducta de quienes circulan en bicicleta, y que hacen caso omiso de las indicaciones de los inspectores de tránsito y de las luces de los semáforos, con toda impunidad. Nos parece que los motociclistas debieran agregarse a los citados, como testimonio del desdén por las ordenanzas municipales, en el aspecto del estacionamiento de sus vehículos.
No puede decirse otra cosa, cuando se advierte lo común que resulta, en San Miguel de Tucumán, que las motocicletas se dejen tranquilamente en las veredas, o en las peatonales. Como es obvio advertirlo, ello significa perturbar con obstáculos la libre circulación por la vía pública, lo que está específicamente vedado por normas que nadie puede desconocer.
Lo que decimos ocurre porque, en los motociclistas como en tantos otros usuarios de la calle, se ha creado una peligrosa conciencia de impunidad. Proceden de esa manera, porque están seguros de que la autoridad no habrá de sancionarlos. Parece innecesario decir que semejante criterio choca frontalmente con los requerimientos de una ciudad ordenada, donde sus habitantes respeten la ley.
No puede decirse otra cosa, cuando se advierte lo común que resulta, en San Miguel de Tucumán, que las motocicletas se dejen tranquilamente en las veredas, o en las peatonales. Como es obvio advertirlo, ello significa perturbar con obstáculos la libre circulación por la vía pública, lo que está específicamente vedado por normas que nadie puede desconocer.
Lo que decimos ocurre porque, en los motociclistas como en tantos otros usuarios de la calle, se ha creado una peligrosa conciencia de impunidad. Proceden de esa manera, porque están seguros de que la autoridad no habrá de sancionarlos. Parece innecesario decir que semejante criterio choca frontalmente con los requerimientos de una ciudad ordenada, donde sus habitantes respeten la ley.







