Los escarceos de Manzur

18 Jun 2018 Por Fernando Stanich

¿A qué Juan Manzur debemos acostumbrarnos? ¿Al que mantiene en su gobierno a un funcionario que pide por la vuelta de José Alperovich y echa a quien critica al senador, o al que le entrega cada vez más poder de fuego al gremio bancario? El gobernador suele sorprender con sus movimientos, pero en la semana que pasó, desacomodó a más de uno de sus aliados con sus intempestivos escarceos.

Sugieren quienes lo frecuentan que el mandatario ya ha decidido buscar la reelección el próximo año, y que en esa postura se inscriben sus arengas a los delegados comunales para que pinten Manzur-Jaldo. En rigor, no sólo los comisionados rurales recibieron la advertencia de que el gobernador no pisaría sus pueblos si es que no leía esa leyenda en las paredes, sino varios legisladores y concejales de la capital. Son muchos los que atendieron el teléfono y del otro lado escucharon la pregunta de Manzur, irónica, sobre si les faltaba plata para comprar una brocha y un tarro de pintura. Después de esos llamados, en varias esquinas de San Miguel de Tucumán ya pueden leerse consignas en pos de la continuidad de la actual fórmula de gobierno.

El propio gobernador se encargó de advertir a empresarios que sus constantes viajes al exterior tienen ese objetivo: están planificados para sembrar ahora y cosechar en un eventual segundo mandato. Algunos concejales de la capital, que el jueves almorzaron con él, dicen haber percibido enfrente a una persona decidida a mantenerse en el poder por los próximos cuatro años. No hubo arengas electorales ese día en la Casa de Gobierno, pero sí un pedido para que los ediles mantengan un sondeo de lo que suceda en los barrios más vulnerables, atento a una crisis social y económica que amenaza con posarse por varios meses. El influyente senador Miguel Pichetto, que lo recibió en el Congreso para almorzar -mientras afuera había movilizaciones a favor y en contra del aborto-, se quedó con la misma impresión. A esa comida de tres (Osvaldo Jaldo fue el otro comensal) asistió un referente peronista convencido de que el próximo año se jugará la reelección. Manzur se presenta así, como el referente del peronismo tucumano. Es cada vez menor la dependencia que exhibe de su antecesor, José Alperovich.

Sin embargo, se contradice, al menos en público. Con el secretario de Trabajo, Roberto Palina, fue complaciente. El líder del Partido de los Trabajadores pidió por la vuelta de Alperovich a la Casa de Gobierno. Y lo dijo hasta minutos antes de ingresar a una reunión con Manzur y con Jaldo. A este último, además, lo excluyó de lo que, a su juicio, debería ser el proyecto político del oficialismo en 2019. En respuesta, el gobernador sólo lo “mandó a trabajar”. Distinta fue la vara con la que Manzur midió los exabruptos de otro de sus funcionarios, Bernardo García Hamilton. El ahora ex secretario de Relaciones Institucionales se fue de boca con el alperovichismo y fue echado del Gobierno. Apenas recibió un llamado del senador nacional, el jueves después de almorzar con los concejales y con Jaldo, el gobernador pidió a algunos colaboradores el audio de lo dicho por García Hamilton. De inmediato lo llamó y le pidió la renuncia porque le estaba causando algunos problemas con los Alperovich. Y, aunque se trate de un cargo prácticamente irrelevante en la estructura del Gobierno, el dato no es menor: la confianza de Manzur hacia García Hamilton había llegado a tal punto que lo tuvo en cuenta para conducir el Ministerio de Seguridad, antes de inclinarse por Claudio Maley, pero lo desechó no por su propia voluntad sino porque el propio ex gobernador se lo vetó.

Manzur tomó esta decisión en soledad, y se la comunicó a Jaldo varias horas después de consumada, a pesar de que ese día habían compartido el almuerzo con los concejales de la capital. Ese mismo jueves a la noche, el gobernador pegó un volantazo a su alpero-dependencia y concretó la entrega de la Caja Popular de Ahorros al gremio bancario, conducido por Carlos Cisneros, el principal enemigo de Alperovich. Desde hacía tiempo, Eduardo Jairala y Federico Nazur venían siendo arrinconados por el sindicato, que en marzo había logrado colocar como uno de los subinterventores al abogado José Díaz. Según lo dispuesto el jueves por Manzur, la entidad crediticia estatal, que en la anterior gestión fue el campo de batalla entre el alperovichismo y la Bancaria, quedará interinamente a cargo de Díaz, un abogado de perfil sumamente bajo que el viernes ya se plantó como “interventor” ante algunos gerentes de la Caja. Es probable que la Bancaria no grite el gol para no comprometer a Manzur, pero seguramente lo festejará en la intimidad.

“José va a tener que esperar un año y medio para resolver eso”, fue la respuesta de un alperovichista a la pregunta sobre cómo había impactado la decisión de Manzur de darle el manejo de la Caja Popular a la Bancaria. Evidentemente, lejos de acobardarse por los desafíos del gobernador, el senador Alperovich se mantiene en pie decidido a resolver las candidaturas el próximo año. Será cuestión de que, a la hora de ponderar si tiene herramientas para disputarle la reelección a Manzur-Jaldo, haga un punteo para saber cuántos aliados de peso le quedan a su lado. A juzgar por los últimos sucesos, son cada vez menos y de poca injerencia en el armado territorial del oficialismo. En lo inmediato, el gobernador y Jaldo creen que el acto de esta noche en Aguilares, bastión alperovichista por excelencia de la mano de la intendenta Elia Fernández y su esposa Sergio Mansilla, servirá para desnudar quién ostenta el poder dentro del oficialismo.

Un dato a tener en cuenta: el sábado, en una juntada para ver el partido de la selección argentina de fútbol ante Islandia, Alperovich dijo que no asistirá esta noche a la inauguración de la terminal de Aguilares. ¿Cumplirá?

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