Las calles están surcadas por huellas de carretas. La inseguridad se refleja en la falta de luz; las veredas -cuando las hay- son irregulares y el peatón debe descender a menudo a la acera. Los ciudadanos que se animan a salir después de las 22, lo hacen con el corazón en la boca, a causa de que proliferan maleantes. La patrulla que se encarga de la seguridad ciudadana, sólo hace su ronda en unas pocas cuadras de la plaza principal. Los habitantes, en su mayoría, son analfabetos y casi no existen libros en los hogares. Un viaje a Buenos Aires dura dos meses y medio. Casi tres semanas después, un 11 de junio llega la noticia de que en Buenos Aires hubo una rebelión, se depuso al virrey y se lo reemplazó por una junta de gobierno. El chasqui cuenta que, presintiendo que se gestaba algún complot, un agitador llamado Domingo French, al frente de un grupo de criollos, pateó las puertas del Cabildo y dijo: "¡el pueblo quiere saber de qué se trata!" Tucumán debe prestar su adhesión al documento, pero nadie se juega y como depende de la intendencia de Salta aguarda a que esa ciudad se expida para recién dar su aceptación al nuevo gobierno.
Un extranjero podría creer que se trata de una descripción del Tucumán actual, salvando algunas distancias. Si guiado por el mote de "Jardín de la República" viniera a Tucumán, decidiera emprender desde Buenos Aires la travesía en tren tardaría probablemente un día y medio en arribar. Si lo hiciese por aire le daría la bienvenida un aeropuerto internacional que carece de manga telescópica. Se anoticiaría de que este artefacto permanece desmontado desde 2001 y no entendería por qué en tantos años no se lo puso en funcionamiento. Si el obstáculo hubiese sido de índole económica, pensaría que podría haberse construido con profesionales y mano de obra locales. Descubriría que hay goteras en el techo y que la oficina de Turismo que funciona en el aeropuerto atiende sólo por la mañana, cuando menos vuelos hay, y no abre cuando llegan los turistas, es decir sábados, domingos y feriados. El aspecto deprimente que exhibe la estación aérea lo llevaría a preguntarse qué tiene de internacional, excepto por los precios del café, las bebidas o los alfajores. Se enteraría de que en materia de vuelos, ahora Tucumán depende de Salta y lo entendería.
A riesgo de que le cobre de más, le pediría a un remisero que lo hiciera pasear por el parque y observaría con pena fuentes y confiterías, un original reloj que no funciona y la caminería rota. El conductor le hablaría de la inseguridad constante que padecen los tucumanos, de las calles surcadas de baches, de miles de chicos que van a la escuela a comer o que no reciben instrucción, de la desocupación... Al acercarse al microcentro, se encontraría con un tumulto de vehículos, a causa del tránsito cortado; observaría las garitas vacías y la ausencia de policías. A pie, y dribbleando la basura y las aceras rotas, llegaría a la plaza Independencia y se sorprendería con cientos de criollos que protestan por los bajos salarios y otras reivindicaciones, ante el silencio del virrey y de sus funcionarios. Vería impávido las columnas de humo, producto de las cubiertas quemadas. Observaría a cientos de parroquianos en los bares y se preguntaría si también son desocupados.
La peatonal le causaría escozor. Alguien le explicaría que Tucumán tuvo su época de esplendor, pero que ahora no hay respeto por nada ni nadie. Otra persona le susurraría que en Salta las cosas son muy diferentes, que sus gobernantes saben explotar debidamente el turismo, que cuidan el patrimonio, que han logrado armar una orquesta y construir un estadio de deportes de nivel internacional, un hospital y una casa de la cultura nuevos, autopistas... mientras en Tucumán una buena parte de sus dirigentes sólo está preocupada en cómo reciclarse en el poder.
Otra persona le diría que la visión previa que él tenía era la del Tucumán de 1810, hace 194 años. El turista pensaría entonces que a nuestra provincia le convendría volver a pertenecer a Salta, porque los tucumanos siguen sin saber de qué se trata.
30 Mayo 2004 Seguir en 
Por Roberto Espinosa







