29 Mayo 2004 Seguir en 
Un hábito peligroso, que puede verse practicado, a diario y en incontables veces, en todas las esquinas de Tucumán, es el libre paso de los ciclistas, con total indiferencia respecto de las luces rojas de los semáforos o de las indicaciones de los varitas. Obran como si para ellos no rigieran esas pautas y, como los inspectores municipales no intervienen, la costumbre ha arraigado hasta convertirse en cosa común. En efecto, constituye una rareza ver que el ciclista se detenga cuando se detienen los automotores en una bocacalle.
Ocioso sería ponderar los riesgos que representa, para los mismos ciclistas, para el resto del tránsito y para los peatones que cruzan la calzada, semejante proceder. De allí que nos parezca necesario que la autoridad municipal tome alguna medida para evitar lo que decimos, y de ese modo quitar un elemento de franca inseguridad a la ya complicada circulación de nuestra capital.
No es la primera vez, por cierto, que nos referimos a la cuestión, que, lejos de revertirse, no hace sino crecer. Resulta inadmisible que no se haya logrado avanzar en la erradicación de una modalidad tan peligrosa.
Ocioso sería ponderar los riesgos que representa, para los mismos ciclistas, para el resto del tránsito y para los peatones que cruzan la calzada, semejante proceder. De allí que nos parezca necesario que la autoridad municipal tome alguna medida para evitar lo que decimos, y de ese modo quitar un elemento de franca inseguridad a la ya complicada circulación de nuestra capital.
No es la primera vez, por cierto, que nos referimos a la cuestión, que, lejos de revertirse, no hace sino crecer. Resulta inadmisible que no se haya logrado avanzar en la erradicación de una modalidad tan peligrosa.







