En primera persona: como bajar de peso y no volver a subir

Dietas mágicas, terapias grupales, renunciar a ciertos alimentos, mucha voluntad, poca constancia... Con el objetivo de adelgazar, muchos tucumanos recurren a diversas prácticas que no siempre dan resultado. Acá, varias personas que lograron adelgazar y mantener el bajo peso en el tiempo cuentan qué fue lo que hicieron para lograr ese objetivo que a veces parece tan difícil de alcanzar.

02 Jun 2018 Por Lucía Lozano
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DESPUÉS. Alejandro ahora, con muchos kilos menos. ANTES. Alejandro Bazán, cuando todavía sufría sobrepeso.

Bajar de peso es uno de esos objetivos que la mayoría de las personas se han planteado alguna vez en su vida. Y muchos tienen idea de cómo hacerlo: comer sano, evitar las grasas, hacer ejercicio. Hay consejos y planes de todo tipo dando vueltas por la red: desde la dieta de la luna hasta el ahora archifamoso programa del metabolismo acelerado. Sin embargo, son demasiados los que fracasan en el intento.

Un estudio de la organización AnyBody asegura que ocho de cada 10 argentinos considera que debe bajar de peso. A estas cifras no es difícil encontrarlas en cualquier charla cotidiana. Y cuando conocemos a alguien que ha logrado un gran cambio, quedamos asombrados. ¿Cómo lo hizo? ¿Cuál fue su secreto para perder peso y no volver a engordar?

En esta nota te mostramos testimonios de algunos tucumanos y sus trucos para ganarle la batalla a la balanza.

Alejandro Bazán tiene 28 años, es empleado de una empresa matarife y en los últimos años ha bajado 40 kilos, además de convertirse en ultramaratonista. El cambio es tan abismal que no lo reconocen en la calle. Incluso tuvo que hacerse de nuevo el DNI, ya que con la foto anterior no le creían que es él.

¿Cuál creés que es el mejor truco a la hora de perder peso? “La cabeza tiene que hacer un click. Creo en los cambios progresivos y no drásticos. Lo mejor es bajar las porciones como primera medida. Seguís comiendo lo mismo, pero menos. Mucha gente fracasa cuando tiene que cambiar toda su alimentación; no se puede adaptar. Y otra cosa que me sirvió mucho: cuando deseo algo, lo como; pero me fijo que sea una baja cantidad. Si no, después lo terminás agarrando con más ganas”, cuenta.

Su cabeza hizo ese click, según cuenta, en 2012. Dos años antes, después de que su mejor amigo falleciera en un accidente, Alejandro se dedicó a comer. A comer mucho y mal. Por angustia. Por tristeza. “Era una bestia realmente. En una sentada me devoraba cuatro hamburguesas con pan o una pizza entera más dos fainá”, especifica. Tenía 22 años en ese momento y se había ido a vivir a Buenos Aires para hacer un curso de fotografía. Llegó a pesar 124 kilos. “Me veía muy gordo. Una de las cosas que me quebró fue que no podía encontrar ropa. Todo, hasta el XXL, me quedaba chico”, recuerda.

“No quería esa vida para mí. Dejé todo en Buenos Aires y me volví. Siempre había sido deportista; jugaba al básquet y al voley. Así que lo primero que hice fue retomar la actividad física. Empecé natación y después me compré una bicicleta. Al poco tiempo había bajado seis kilos. Mi madre me ayudó muchísimo porque ella sabe sobre dietas y comida saludable. Leyó de todo, libros, revistas, internet”, cuenta.

Un año después, Alejandro había bajado 20 kilos con una dieta básica (muchas frutas y verduras, nada de grasas, poca harina), ejercicio (de tipo aeróbico) y reduciendo a la mitad los permitidos. Además, con su bicicleta, había completado carreras trasmontaña. “Dejé la bici y empecé a correr por el cerro. Descubrí que eso me apasionaba”, detalla. Al tiempo, como notaba que su peso se había estancado, buscó ayuda de un nutricionista. Y bajó 20 kilos más en un año. En 2016 corrió una carrera de 70 kilómetros en 10 horas y 2 minutos. Obtuvo el tercer puesto.

“Todo lo que me ha pasado desde que decidí quererme y cuidar mi cuerpo, es mucho más de lo que soñaba”, resume el joven que se levanta a las 5.20 para ejercitarse -antes de ir a trabajar-, come seis veces al día - muchas frutas y verduras y poca harina- y su frase de cabecera es “querer es poder”.

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- El puño de la mano.- “Eso me enseñó mi nutricionista, además de hacer una dieta balanceada y el ejercicio diario. El truco del puño es así: el número de dedos representan cada comida. El pulgar es el desayuno, la comida más importante del día. El índice es la media mañana, el dedo medio es el almuerzo, el anular es la merienda y el meñique la cena, que debe ser la porción más chica del día. Después hay que medir los alimentos con la mano: una palma para las carnes, un puño cerrado los carbohidratos (arroz, pastas), la porción de quesos es equivalente a dos dedos, un pulgar para los dulces y un puñado para el postre”, resalta Mariana Salcedo, de 35 años, docente. Bajó 18 kilos.

- Metabolismo acelerado.- Carolina Imbert y su esposo bajaron entre los dos 17 kilos. ¿El secreto? “Leímos el libro de la dieta del mecanismo acelerado y aprendés a no comer harina ni azúcares ni lácteos. La idea es comer sano cinco veces al día. Lo mejor son alimentos naturales (no procesados), sin necesidad de andar buscado etiquetas ligth. Hay que darles prioridad a las verduras, legumbres y frutos secos”, resume la mujer de 43 años, mamá de siete hijos y fundadora de la ONG Madres Leonas.

- La dieta de las 19 horas.- “Dejé de contar las calorías. Como sano, tengo permitidos, y el secreto para mí es comer de día y adelgazar de noche. En Europa le dicen “cronodieta”. La clave es que después de las 19 horas hay que reducir drásticamente lo que comemos porque la alimentación tiene horarios en función de las hormonas. Considerando que a lo largo del día nuestro cuerpo quema energías, es necesario que nos alimentemos abundantemente en el desayuno y almuerzo. Después ir bajando lo que consumimos. Preferentemente cenar antes de las 21 y desde las 19 horas en adelante no como nada de hidratos de carbono”, contó Silvana Torres, secretaria ejecutiva de una empresa. Tiene 38 años. Bajó en un año 40 kilos.

- Grupos terapéuticos.- Para José Luis De Piero, el secreto estuvo en los grupos terapéuticos. “En mi caso, el problema era ser constante. Estar en un grupo me ayudó a reflejarme en otros y a contar mis miedos. Que tu objetivo también sea el de un grupo de personas ayuda mucho. Bajé 48 kilos con dieta y ejercicio”, contó.

- Chau harinas.- “No comer harinas es la fórmula mágica”, cuenta Rosario, de 39 años. Ella bajó 23 kilos y su esposo Luciano, 26. Comenzaron a hacer dieta después de que ella fue mamá y había llegado a los 99 kilos. El tenía todos los valores (triglicéridos, colesterol) altísimos. “Siempre fui gorda, pasé toda la vida haciendo dietas y con nutricionistas y siempre fracasaba. Un día mi esposo me dijo: no comemos más harinas. Y la verdad, nos cambió la vida. Eso fue hace un año. Ahora, nos mantenemos”, contó.

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