La historia de Atlético se fue escribiendo con triunfos épicos e inolvidables

El "Decano" muestra su personalidad en el continente y vive un momento soñado.

19 May 2018
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Los apodos en el fútbol suelen ser, como en la escuela primaria, muy crueles. Crueles y oportunistas. Crueles, oportunistas y generalmente asociados con el carácter de un equipo. En 1966, ejemplo, River perdió una final de Copa Libertadores contra Peñarol tras ir ganado 2-0 y desde allí hasta hoy, “Gallinas” es el mote con el que debieron convivir. Boca no se ganó apodos relacionados al tema pero sí era conocido hasta hace poco por ser un equipo “copero” y con todo el ímpetu necesario para ganar partidos claves. Todo lo que hoy se le critica que no tiene así como se le valora a River. Paradojas naturales de conceptos tomados de lugares comunes, a veces muy vacíos, -obviamente- para nada absolutos y que sólo abarcan una parte de la historia.

El tema vuelve al tapete luego de la histórica clasificación de Atlético a octavos de final de la Copa Libertadores. Tras perder aquella semifinal de la temporada 1997/98 de la B Nacional ante Chacarita, al “Decano” comenzó a formársele una especie de mala reputación: la de perder partidos importantes. Fabián Bustos tuvo el gol de la clasificación en sus pies pero tiró el balón por arriba. En 1995, la semifinal con Unión, suspendida por el lanzamiento del encendedor al juez de línea, se sumó al currículum de un equipo que pintaba para Primera.

Los arqueros de Atlético fueron protagonistas de una década “dorada”
Los arqueros de Atlético fueron protagonistas de una década “dorada”

Tras el descenso en 2001 fueron varias las chances que el equipo perdió para regresar a Primera. Las finales contra Racing de Córdoba, el agrandamiento a rivales ignotos como Sportivo Patria y la oportunidad perdida en el primer torneo de Jorge Solari ante Guillermo Brown de Puerto Madryn (levantó una serie que estaba 0-4, la perdió por un gol recibido de contragolpe) y los 10 ascensos desaprovechados en 2014. Y pare de contar. Es que a partir del ascenso en 2015, cuando incluso era mucho más difícil que la temporada anterior, algo cambió en la mentalidad del equipo para jugar las “finales”.

No solo porque haya ganado en ese entonces el torneo de punta a punta sino porque ya en Primera, en 2016, siguió ganando partidos claves para mantener la categoría y clasificarse a su primera libertadores.

No parecía ser suerte. Era parte de la nueva estampa de un equipo que ya no perdía oportunidades en las finales. Las aprovechaba cada una de ellas. Una especie de legado que iban dejando jugadores que estuvieron desde el comienzo hasta otros que nunca se fueron.

“Pasamos a octavos porque tuvimos mucho huevo y entendimos qué partido estábamos jugando”, sostuvo Luis Rodríguez, uno de los históricos (sin duda el más), tras el partido del jueves. “Huevo” es de esas palabras en el fútbol que se usan mucho, tanto que a veces pierde sentido pero en este caso sirve para explicar todo lo relatado. Además, el “Pulguita”no es el único en usarla.

“¿Por qué clasificamos? Porque tuvimos huevo, por eso”, responde secamente Franco Pizzicanella. Quién más que él puede responder esa pregunta si entró en el partido más importante del la historia del fútbol tucumano y mantuvo el arco en cero con miles de tucumanos detrás suyo.

El mismo “huevo” que explicó las victorias en Quito ante El Nacional con llegada tarde inclusive; la de Junior en Tucumán, esquivando balas al final; los triunfos ante Peñarol (quizás el más experto en poner “actitud” del continente); el 2-1 en Bolivia cuando todo parecía perdido y el triunfo por penales ante Central en Formosa (que le permitió estar aquí).

Todos coinciden que en algunos partidos Atlético no mostró buen fútbol, pero puso eso que hace falta para ganar, según los propios jugadores. “Somos conscientes que no jugamos del todo bien pero tuvimos la personalidad suficiente para pasar”, aclara Nery Leyes sobre el 0-0 ante Libertad.

Quizás así se resume gran parte de la historia reciente de Atlético. De hecho, “personalidad” parece una mejor palabra que “huevos”. Si no se puede demostrar un fútbol espectacular, hay otras cosas para mostrar. La personalidad es una de ellas y los jugadores de Atlético ya saben cómo hacerlo.

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