Tiempos de la galera

“Apretados, molidos, zarandeados, sacudidos”

19 May 2018
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GALERA EN VIAJE. Según Edmundo Temple, ningún coche inglés hubiese soportado semejante trajín sin volcar.

Abundan las crónicas de viajeros que narran, sin excepción, la tortura que les representaba viajar en carruaje por los caminos del país, en los primeros años del siglo XIX. El inglés Edmundo Temple, quien visitó Tucumán en 1826, dedica al asunto varios párrafos.

Decía que “la ruta no puede llamarse camino, no habiendo más que huellas de caballos o de ruedas, para guiarnos en nuestro escabroso viaje”. Agregaba que “el traqueteo que hemos soportado en nuestra galera, saltando sobre raíces y ramas quebradas, por surcos y matorrales, reconocemos todos nosotros que ha sido el más violento ejercicio que hayamos sufrido, y excita nuestra sorpresa comprobar que se ha realizado sin fractura o dislocación”.

Narraba Temple que “cuatro cristianos, que somos nosotros, un perro, dos cotorras (salvadas de que las pusieran en un pastel en una de las postas), cajas, paquetes, libros, fusiles, pistolas, galletas, queso y jamón, han sido apretados, molidos y remolidos, zarandeados y tirados y sacudidos durante todo el viaje de hoy, con la celeridad de las pelotas de un prestidigitador”.

Reflexionaba que, sin embargo, “el hábito se convierte en una segunda naturaleza, y seiscientas o setecientas millas de viaje nos han conducido a soportar esta enojosa especie de ‘movimiento perpetuo’ con mucho menor molestia que la que hubiéramos sentido probablemente, si no estuviéramos ya ejercitados”.

Mientras iban avanzando, convenían en que “ningún carruaje inglés hubiera pasado por los lugares por donde iba nuestra galera sin romperse o volcar. Algunos de los lugares parecerían completamente impracticables a la persona que no hubiera viajado fuera de Inglaterra; y sin embargo, con cuatro o cinco caballos avanzábamos a una velocidad de ocho a diez, y a menudo doce millas por hora”.

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