Las facturas que debe pagar la economía para seguir creciendo

29 Abr 2018
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EDUARDO ROBINSON | ECONOMISTA

En economía los problemas no se solucionan por el mero transcurso del tiempo o por el hecho de negarlos. Tal afirmación se clarifica al observar lo sucedido con la tarifas en Argentina. Desde la improlija salida de la convertibilidad, cuando se pesificaron los contratos, se produjo una devaluación del peso y subió la inflación, el gobierno, empezó a frenar la suba de tarifas con el fin de morigerar el impacto en los salarios.

¿Cuáles fueron las consecuencias de esta medida?

Las tarifas subían menos que el resto de los precios, con lo cual el costo de la electricidad, el gas, el agua y el transporte público para el usuario empezaron a ser relativamente baratos.

El sistema de precios en la economía, transmite información. Por lo tanto, pese a que los sucesivos gobiernos después de 2001, inducían a un uso racional de la energía, en el sentido de moderar su consumo, los usuarios hacían efectivamente un uso racional, pero en el sentido de no reducir el consumo de un servicio que era barato.

En otras palabras, los incentivos a usar los servicios públicos subían, lo que hizo que demanda de estos servicios se incremente por encima de la oferta. Es decir, empezó el desabastecimiento de gas, de electricidad y deficiencias muy nítidas en el transporte público. Hay que recordar los cortes en el suministro de gas en los meses de invierno y de electricidad en el verano.

Desborde fiscal

En paralelo, los subsidios a las tarifas fueron creciendo todos los años, hasta llegar a casi el 6% del Producto Bruto Interno (PBI) en 2016. En este contexto, si bien los usuarios pagaban sumas modestas en relación al nivel de consumo de los servicios, se encarecieron el resto de los precios, porque la inflación no se detenía, dado que la emisión monetaria no dejaba de subir con el fin de financiar el creciente desborde fiscal.

La paradoja es que la presión tributaria subía y los impuestos no alcanzaban para cubrir el gasto público, Entonces, si bien las tarifas eran baratas en relación a los otros precios, se pagaba más de todos los otros bienes, incluso más impuestos. Con lo cual, en rigor, las tarifas no eran baratas. Se pagaban por otro lado. A esta situación hay que sumarle las inequidades que se presentaban, cuando aquellos usuarios residenciales de mayor poder adquisitivo, terminaban siendo, en proporción, más beneficiados que aquellos de menor nivel de consumo.

Como puede verse, lejos de solucionarse, el problema se fue agravando. Y esa situación se fue observando por dos flancos: creciente déficit fiscal y desinversión en el sector energético.

Entonces, lo que hay que tener en cuenta es que los servicios públicos no eran tan onerosos, porque las subsidiaba el Estado. Por ello, el problema de los subsidios es que para poder pagarlos o hay que incrementar los impuestos, aumentar el endeudamiento o emitir moneda con las consecuencias negativas que cada una de estas fuentes de financiamiento tienen para la economía.

El argumento de mantener pisadas las tarifas de los servicios públicos privatizados para cuidar el bolsillo, no es sostenible. Si el gobierno pretende bajar las tarifas e incrementar la producción en el sector energético, lo que debe hacer es promover la oferta mejorando las condiciones de producción.

Los subsidios deben estar enfocados en incrementar la oferta en sectores que dinamizan la economía para mejorar su competitividad porque eso expandirá la capacidad productiva de la economía.

Los costos

Subsidiar la demanda, sólo incrementa el gasto público y los impuestos, lo que terminan afectando el desarrollo. Ante una situación de elevado déficit fiscal no pueden seguir incrementándose los subsidios, porque terminan siendo más pernicioso para la economía en su conjunto y para los sectores más vulnerables en particular.

Lo que se dejó de pagar antes, ahora se paga con más impuestos, más intereses de la deuda e inflación por costos. Por ello, la estrategia de no resolver los problemas para evitar los costos para la sociedad, no es un argumento válido para la economía. Hoy los costos de resolverlos son más elevados. O se pagan facturas más caras en el presente, o más impuestos en el futuro. Nada en gratis.

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