En Los Vázquez hay una fábrica de amigos para escapar de las drogas

En el barrio, un grupo de vecinos comenzó una capacitación para elaborar chacinados. Lo integran jóvenes en recuperación. Con la ayuda de psicólogos y el respaldo de la Universidad San Pablo-T planean crear una fábrica para vender sus productos.

15 Abr 2018

Tiene 33 años. Es padre de cinco varones y una nena. A los 18, Víctor Guerra empezó a drogarse. Probó de todo. Pero hace cuatro años dejó de consumir, aunque pelea día a día para no caer otra vez en la adicción. “Consumía marihuana, cocaína y pastillas; gracias a Dios y a la Virgen y al trabajo con el psicólogo zafé de lo que es la cocaína y la pastilla -explica-; es una pelea, porque si salís por el barrio muchos consumen, entonces te convidan y está en vos si aceptás o no, la tentación está siempre, en cualquier momento. Cuando consumía tenía unas monedas y lo primero que hacía era comprar droga. Hoy en día también por ahí salgo a hacer una changa y cuando tengo la plata en el bolsillo es una cosa que uno se siente desesperado por comprarla, pero ya voy a cumplir cuatro años sin consumir y hago lo posible por no comprarla”.

Usa una barba candado, tiene el pelo largo y una trenza le ata una colita en la nuca, tapada por una gorra blanca y celeste. “A mis hijos les hago ver la realidad, trato de que no estén constantemente pensando en eso para que no caigan”, resalta.

Sobre una mesa de madera, Víctor pica la carne de cerdo en pequeños trozos. A su lado, otros seis “operarios” (vecinos y amigos del barrio Los Vázquez) también avanzan con la tarea. El profesor David Dentice supervisa el rol de cada uno de los 20 integrantes del grupo. El entusiasmo se nota en los rostros. Es el primer día de un taller de capacitación para la elaboración de chacinados. El espacio de trabajo es un improvisado salón con paredes de bloques y maderas, bajo techo; en un rincón arman una fogata para la cocción. Todos tienen algo que hacer; inclusive los niños que con guantes de látex en las manos colaboran con los ingredientes.

En otra mesa de madera, en un extremo del salón, otro grupo pasa la carne por una picadora, bajo la mirada del profesor. “Les enseñamos a usar todos los elementos bajo las condiciones de higiene necesaria para la elaboración de alimentos -advierte Dentice-; usan guantes y trabajamos sobre superficies limpias; queremos inculcarles el tema de la higiene antes y durante el proceso para cuidarse ellos mismos y cuidar el alimento que después van a consumir”.

El proyecto de elaboración de chacinados tiene el respaldo de la Universidad San Pablo-T, que envió a su equipo docente a Los Vázquez. Mientras los jóvenes mezclan los ingredientes, Carolina López Flores, directora de Extensión y Cultura de esa universidad, dice que el objetivo es ayudar a los grupos de menos recursos para fortalecerlos y que por sus propios medios puedan salir adelante. “Hace un año que venimos con este tipo de actividades -remarca-; ellos asistieron a la universidad, y eso implica un cambio total de rutina, asistir a clases, armar la planificación de trabajo para hacer los chorizos, como en este caso, ya es un cambio de rutina total y además vamos poniendo objetivo a futuro y eso cambia la vida del grupo que necesita un apoyo, una contención en lo cotidiano”.

“Necesitamos agregar el vinagre”, dice el profesor David. “Voy a buscar el vinagre”, responde Emilio Mustafá, uno de los psicólogos que trabaja en Los Vázquez. “Estamos en la tercera etapa del proceso de recuperación de los jóvenes -detalla Emilio-; aquí hay integrantes de entre 14 y 30 años. Es una estrategia de la Secretaría de las Adicciones del Ministerio de Desarrollo, con la idea de que quienes se van recuperando del consumo tengan un microemprendimiento por el tema de la reinserción social y nos sirve como un dispositivo terapéutico de los chicos”.

Mustafá trabajaba con otros dos psicólogos (Gabriela Morales y Gustavo Cortés), que ya no están en el grupo. El dispositivo de trabajo comenzó hace cuatro años y por eso piden la reincorporación de los otros dos profesionales.

El frío de la mañana no se siente mientras mantienen las manos ocupadas. En una fuente de plástico acumulan los ingredientes. “Pensamos en un futuro fabricar salames para la venta”, anuncia Mustafá.

Al mediodía es hora de empezar a embutir los chorizos. El entusiasmo domina al grupo. Todos hablan a la vez. Víctor gira la manivela de la picadora de carne. “Hay que cargarle nafta al motor”, comenta en broma con la respiración agitada. En una pausa de su trabajo, envía un mensaje a los jóvenes que están tentados por consumir drogas. “Les diría que traten de hacer lo posible por no probarla; yo sé que los chicos de hoy en día tienen curiosidad por saber qué mambo te agarra, qué es lo que sentís; es lindo en el momento en que uno está consumiendo, pero a la vez te va destruyendo la familia, te destruye a vos, destruye todo lo que tenés al alcance tuyo. Así que el mejor consejo es que agarren el deporte, estudien y salgan adelante, porque si no van fritos”.

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