La caída de un mito de la izquierda latinoamericana

07 Abr 2018
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Isaac Risco - Agencia DPA

Lustrabotas, obrero, presidente y condenado: el ascenso y caída de Luiz Inácio Lula da Silva representa una de las grandes tragedias políticas de América Latina en las últimas décadas.

Lula, de 72 años, es uno de los mitos de la izquierda latinoamericana, celebrado por sacar a millones de personas de la pobreza durante sus dos Gobiernos (2003-2010) y por impulsar el milagro económico que puso a Brasil entre las potencias mundiales.

El hijo de campesinos analfabetos, es ahora también un condenado por corrupción que podría pasar varios años en prisión por cargos de que participó en una trama fraudulenta para saquear las arcas de la estatal Petrobras.

Lula nació en octubre de 1945 en una localidad de Pernambuco en el árido noreste, una de las regiones más simbólicas del imaginario nacional brasileño. Su familia emigró a buscarse la vida en la metrópoli industrial Sao Paulo.

Séptimo de ocho hermanos, empezó a trabajar desde niño vendiendo frutas y las típicas tortillas brasileñas de yuca “tapiocas”, o como lustrabotas.

Más tarde se convirtió en tornero y obrero metalúrgico en una fábrica, donde perdió un dedo durante un accidente laboral. Entonces inició una carrera política que lo llevó a liderar el movimiento sindical que plantó cara a la dictadura brasileña (1964-1985). En 1980 fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT), que habría de convertirse en el partido de izquierda más grande de América Latina.

Tras ser elegido diputado por San Pablo, fue tres veces candidato presidencial antes de llegar al poder al cuarto intento en 2002. El 1 de enero de 2003 se convirtó en el primer presidente de origen obrero de Brasil.

Curtido en las virulentas luchas sindicalistas, sorprendió a todos al tender la mano al empresariado para impulsar el crecimiento económico. Al mismo tiempo, creó programas sociales como el emblemático “Bolsa Família” para auxiliar a los pobres.

Gracias a los altos precios del petróleo, Brasil vivió un “boom” económico durante los mandatos de Lula, con un crecimiento récord del 7,5% en 2010. Unos 20 millones de brasileños salieron de la pobreza en esos años.

Lula consiguió afianzar a Brasil en el G20 como una de las principales naciones industrializadas del mundo y pasó a formar parte del BRICS, el foro de los cinco países emergentes más importantes.

Lula cultivó un perfil dialogante. Se acercó a las élites económicas para tejer pactos que le permitieron sacar adelante su agenda progresista. Hoy, el político conciliador, que llegó a tener un 80% de popularidad al dejar el cargo, divide al país. Un 36% de sus compatriotas, sobre todo los más pobres, votarían por él para presidente, mientras un 40% quiere verlo en prisión. (DPA)

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