La historia del predio y de una familia colonizadora española

Roberto Palomo relata las vivencias de sus bisabuelos. La Ramada.

07 Abr 2018

> EXPO APRONOR 2018

Como todo pedazo de tierra, el predio donde se realiza la Expo Apronor guarda su historia, una historia de trabajo, de sacrificio, de ilusiones, de sueños, de tesón, de perseverancia, de honestidad y de valores, de fracasos y éxitos, una historia de amor. Ésta es la historia de la Familia Ramos.

En el año 1939, un joven matrimonio llegaba a la Ramada de Abajo con sus cuatro hijos, hace 79 años. No había electricidad ni teléfonos ni siquiera agua potable; lo que hoy es la Ruta 317 era una huella, una picada en medio del monte de cevil. Eran adjudicatarios de una parcela de 104 hectáreas, al igual que otras 73 familias, de lo que se denominó la colonización de la Ramada de Abajo (primeramente llamada colonia Juan Domingo Perón, ya que por aquellos tiempos convenía ese nombre, para un mejor diligenciamiento).

Con sus manos construyeron su humilde vivienda, cavaron su aljibe para almacenar el agua de lluvia que juntaban de los techos, hicieron una represa para el agua de sus animales, criaban las gallinas para los huevos, las vacas para la leche, los cerdos para los embutidos, los equinos para el trabajo de la tierra y el transporte.

Desmontaron con sus propias manos, con la leña hicieron carbón que canjeaban por mercadería en las proveedurías de La Ramada, principalmente por harina con la que amasaban el pan. Cultivaron la tierra, probaron con diferentes cultivos: maní, maíz, caña de azúcar, entre otros, buscaron su supervivencia de todas maneras, eso sí, labrando la tierra. Pero en el año 1960, ocurriría un hecho que les cambiaría la vida: llegó un cultivo nuevo y desconocido para ellos: “la soja”.

Con mucha ilusión y entusiasmo comenzaron a cultivarla. Año a año, la semilla era compartida con los agricultores, fueron adaptando las herramientas y las técnicas al cultivo y mejorando su desempeño, eran innovadores (y lo siguen siendo), pudieron progresar y desarrollarse, solventar a su familia y educar a sus hijos, se transformaron en una familia de “clase media” y cuando alguien les preguntaba a qué se dedicaban, con mucho orgullo respondían: “soy agricultor”, y antes de la siguiente pregunta afirmaban: “soy sojero”.

Esta historia se repite en cada familia de la zona, en cada familia agropecuaria y en cada pueblo del interior argentino y es por esto que el productor agropecuario argentino es respetado en el mundo por su capacidad de resiliencia y su perseverancia ante la adversidad, produciendo sin riego, sin subsidios, con sequía e inundación y hasta con retenciones a la exportación.

Los comentarios fueron recogidos gracias al aporte de Roberto Palomo, bisnieto de esos primeros inmigrantes españoles en la zona: don Francisco Ramos España y doña Josefa Palomo Ramos. María “Ila” Ramos es hija del matrimonio, abuela de Roberto y hermana de Américo Ramos, dueño del predio donde se realiza la Expo Apronor.

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