21 Mayo 2004 Seguir en 
WASHINGTON.- Un día después de que el Consejo de Seguridad de la ONU le exigió a Israel que finalice sus operativos en el sur de la Franja de Gaza, el gobierno de Ariel Sharon le aseguró a Estados Unidos que pondrá fin a la demolición de casas palestinas del campo de refugiados de Rafah. En cambio, incrementó los ataques contra activistas de la zona.
Ayer, durante un encuentro en Washington con el viceprimer ministro israelí Ehud Olmert, el secretario de Estado norteamericano Colin Powell le manifestó su preocupación por la actual ofensiva israelí en Rafah, y en ese contexto Olmert prometió poner coto a las demoliciones. Washington ha objetado desde hace tiempo la práctica israelí de destruir viviendas palestinas para combatir el terrorismo, y el miércoles la Casa Blanca criticó con dureza una sangrienta incursión contra manifestantes civiles en Rafah, ciudad situada cerca de la frontera con Egipto. Decenas de palestinos, entre ellos varios niños, murieron en este operativo.
Israel sostuvo que la operación "Arco Iris" en Rafah es necesaria para detener el flujo de armas desde Egipto, y que los edificios destruidos -más de 100 en cuatro días de operación- forman parte de una red de túneles por donde los activistas reciben armas desde Egipto. Sin embargo, la magnitud de la ofensiva militar -la mayor en los últimos años- fue motivo de condena internacional. El miércoles, Estados Unidos adoptó la inusual medida de abstenerse de votar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que critica la ofensiva israelí, lo que permitió su aprobación por mayoría abrumadora. Washington normalmente interpone su veto a estas resoluciones contra Israel, con el argumento de que no son equilibradas.
Dos pérdidas de Hamas
Ayer, fuerzas israelíes mataron a dos comandantes de la organización radical palestina Hamas: uno en Rafah y otro en Kalkilia, en Cisjordania. El líder del brazo militar de Hamas en Rafah murió a causa de un disparo de misil realizado desde un helicóptero de combate israelí. Más temprano, en Kalkilia, soldados israelíes mataron a Maazen Yassin, el comandante local de Hamas, e hirieron a su hijo que arrojaba cocteles molotov contra los militares. (Reuter-Télam)
Ayer, durante un encuentro en Washington con el viceprimer ministro israelí Ehud Olmert, el secretario de Estado norteamericano Colin Powell le manifestó su preocupación por la actual ofensiva israelí en Rafah, y en ese contexto Olmert prometió poner coto a las demoliciones. Washington ha objetado desde hace tiempo la práctica israelí de destruir viviendas palestinas para combatir el terrorismo, y el miércoles la Casa Blanca criticó con dureza una sangrienta incursión contra manifestantes civiles en Rafah, ciudad situada cerca de la frontera con Egipto. Decenas de palestinos, entre ellos varios niños, murieron en este operativo.
Israel sostuvo que la operación "Arco Iris" en Rafah es necesaria para detener el flujo de armas desde Egipto, y que los edificios destruidos -más de 100 en cuatro días de operación- forman parte de una red de túneles por donde los activistas reciben armas desde Egipto. Sin embargo, la magnitud de la ofensiva militar -la mayor en los últimos años- fue motivo de condena internacional. El miércoles, Estados Unidos adoptó la inusual medida de abstenerse de votar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que critica la ofensiva israelí, lo que permitió su aprobación por mayoría abrumadora. Washington normalmente interpone su veto a estas resoluciones contra Israel, con el argumento de que no son equilibradas.
Dos pérdidas de Hamas
Ayer, fuerzas israelíes mataron a dos comandantes de la organización radical palestina Hamas: uno en Rafah y otro en Kalkilia, en Cisjordania. El líder del brazo militar de Hamas en Rafah murió a causa de un disparo de misil realizado desde un helicóptero de combate israelí. Más temprano, en Kalkilia, soldados israelíes mataron a Maazen Yassin, el comandante local de Hamas, e hirieron a su hijo que arrojaba cocteles molotov contra los militares. (Reuter-Télam)
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