Como suspiro en el viento

11 Mar 2018

Noche. Quebrada. Soledad. Río. Baguala enredada en el insomnio. Estremecimiento de luna. Turbación del silencio. Reventón de sueños. Monte. Cerro. Un yuyo apuna un sentimiento. El olor del paisaje se le anuda en la añoranza. Las pupilas azules y changuitas parpadean deseos en la nada. Ser un gajo del canto es su anhelo. Un misterio de grillos le dibuja ahora un camino en el viento. Serpentea la vida. Una secuencia de tristeza, alegría, dolor, corcovea en el cañaveral del tiempo. Intenta con empeño ver su rostro, pero es en vano. El perfil de su mirada se disuelve en el aire. 1918, marzo 10. El horizonte espía en el futuro los surcos del corazón, donde sus palabras se van a trenzar en su música.

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A veces de andar por ahí, como suspiro en el viento, algo me vuelve zorzal y ando soñando despierto. Qué linda mi soledad para cantarla de adentro, naranjo y cañaveral, azahar de azúcar mi vuelo. Hay una zamba en el aire, un rocío perfumado, brotes y trinos que se alzan con el alba enamorados. No tengo caña ni ingenio ni soy zafrero y cosecho, de un cielo, tablón cañero, penachos lilas ardiendo. Entre las hondas quebradas me lleva tu amor y una tormenta de penas errantes me aleja de vos. Evoco tus caderas, todo embeleso y esa pasión que estalla en cada beso. Unos ojos piden canto, por esa boca me enciendo, alada tendrá la noche una vidala con mi sueño. Corzuela de sol y zamba, de menta y azúcar viva, al silbo de tu cuchillo un tuco se arde de día. En las mañanas de suave invierno de los ingenios subiendo van con el humo negro de la molienda tus esperanzas por Tucumán. La quena muy triste tocó y me habla llorando de vos, a ver si se apuna el dolor, subo. Silencio de mi guitarra, tumba de mi corazón, ausencia de tus caricias, ausencia de tu calor. Hacia el profundo cielo va el suspiro de mi sueño naciendo está el color, lomo arriba del cerro, floreciendo en los incendios, donde vibra Dios. Rayando la noche, los tucos solitos sueñan sentirse cometas de amor por el infinito. Esta vidala en silencio, noche, vida que se va, mortaja de mis amores flotando en el alba de la eternidad.

El yuyo se conmociona. Su alma es piel de gallina. La visita lo perturba. Ella le abre la mano de su hechizo. Una baguala la gambetea: Me vino a buscar la muerte, es flaca y toda pelada y pa pior de mal aliento, coqueta y alborotada. Disimulando el intento le convidé una ginebra y la dejé dormidita vaya a saber hasta cuándo.

Una angurria de zambas y vidalas se entrevera con los duendes del tarco y el lapacho. Noventa albas se van descolgando de la siesta. 2008, 12 de septiembre. El plumaje de muerte lo arropa. Así como un tarco viejo por dentro me voy muriendo… y me está venciendo el tiempo, voy perdido por el silencio y crujen mis gajos secos el lamento de lo muerto.

2018, sábado 10 de marzo. Un siglo de luz baila en un cogollo del universo. Tal vez le ha visto ya el rostro. El destino es raíz con vocación de futuro que se oculta bajo la alfombra del universo. La vida es un canto largo que se apuna de silencio. De esperanzas y llantos han de cuajar los recuerdos, dice. Rolando Valladares es ahora yuyo del paisaje. Los sueños del Chivo acullican la soledad y la vidala hace cantar a la eternidad.

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