Alberdi adelantó el fracaso

08 Mar 2018

Si como decía Alberdi todo el éxito del sistema republicano depende del sistema electoral, se entiende que la reforma política sólo se ajuste a lo electoral; ya que el acople fracasó. Ocurrió por los desbordes de la dirigencia, que tensó el sistema de colectoras y se aprovechó de los flancos de la ley 5.454 (Orgánica de partidos políticos). Desde una perspectiva arquitectónica, el sistema electoral es un instrumento poderosísimo para el diseño institucional, que actúa como incentivo de conductas sociales y comportamientos políticos, dice el profesor Carlos Egües en “Representación política y sistemas electorales”. Y aquí fallaron las conductas políticas, tanto que se coincide en que hay que barajar y dar de nuevo. En el cómo radican las diferencias: con o sin reforma constitucional. Sería paradójico que los mismos que fueron elegidos por el acople se postulen para constituyentes (para una elección que se haría con el sistema vigente de colectoras) para eliminar, justamente, el acople. Todo un contrasentido, o una ironía con mayúsculas.

Sin embargo, como en el fondo se trata de la representatividad de los dirigentes y de fortalecer a los partidos políticos, hay caminos posibles: modificar la 5.454 y otras leyes relacionadas con la territorialidad o la división política. Básicamente, un dirigente es más representativo cuando más lo votan y un partido lo es cuando más afiliados suma. El acople y la permisividad de la legislación conspiraron contra esas calidades.

Por ejemplo, el Código Electoral Nacional (ley 19.945), sancionado en 1983 por el ayer fallecido Reynaldo Bignone, establecía que para obtener la personería jurídica un partido debía presentar adhesiones del cuatro por mil de los inscriptos en el padrón. En Tucumán, por la 5.454, se pide la cuarta parte del cuatro por mil de adhesiones de los electores del distrito. Nada. Ingenuidad o picardía. Si se alteran los requisitos para conformar un partido y para obligar a los existentes a actualizar la cifra de afiliados mermarían los partidos y, por ende, los acoples. Para que se entienda; si se exigiera el cuatro por mil del total del padrón en afiliados, un partido provincial necesitaría hoy un mínimo de 4.477 socios (había 1.119.260 electores en 2015). Si hace dos años había 103 organizaciones y otras 44 están en trámite (según la Junta Electoral) habría 658.119 afiliados a partidos políticos provinciales. Imposible, e incomprobable.

La normativa falla y con sólo ajustar algunas condiciones, incluso hasta de los partidos municipales -o municipalizando el territorio-, se reducirían las organizaciones y se beneficiaría el nivel de representatividad y de calidad de los políticos y de los partidos.

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