Soto se complicó con sus contradicciones

Por las dudas y los errores que cometió, el ex novio de la estudiante quedó a un paso de ser acusado del homicidio

06 Mar 2018 Por Gustavo Rodríguez

“No recuerdo” o “ha pasado mucho tiempo” se han transformado en muletillas para los testigos clave del juicio por el crimen de Paulina Lebbos. Primero las usó Virginia Mercado, después su hermana Jimena y ahora, César Soto. La ex pareja de la víctima se ahogó en un mar de contradicciones y aportó más dudas en un caso en el que sobran los interrogantes. Por esa razón, su situación procesal podría complicarse con el transcurso de las horas. Soto no sólo no pudo dar algunos detalles clave, sino que además obvió dar otros y recién ahora, 12 años después de la desaparición y el homicidio de la joven, aportó algunos. Por ejemplo, a la mañana dijo que había acordado que Paulina lo pasaría a buscar por su trabajo. Por la tarde señaló que en realidad habían acordado encontrarse en la casa de su compadre, Roberto Díaz, que vivía en el mismo edificio. “Usted iba como si nada a golpearle la puerta a su compadre en la madrugada. ¿Qué era un after la casa de su compadre?”, le preguntó Cergio Morfil, defensor del comisario Héctor Brito, imputado por encubrimiento. Soto se justificó diciendo que sólo se quedaban un rato.

Nombres nuevos

Durante la audiencia aparecieron dos nuevos nombres que generaron dudas y vínculos que terminarían complicando al testigo. Roberto Molina, un ex compañero de trabajo de él, mantuvo una comunicación con una tal Rita Dib, a quien Soto dijo no conocer. A nombre de esa mujer estaba el primer chip que se introdujo en el celular de Paulina el 26 de diciembre en el sur de la ciudad, según consta en el expediente.

Además, Dip no es una desconocida en el juicio. Su nombre estaba registrado en la agenda de Roberto Luis Gómez, el único acusado por el homicidio de Paulina. El imputado, cuando hizo uso de la palabra, dijo que no la conocía.

Fueron tan notorias las contradicciones de Soto -cada tanto le leían lo que había declarado en la etapa de instrucción- que hasta Dante Ibáñez, presidente del tribunal, le hizo más de un llamado de atención. “Son más las cosas que no recuerda que las que se acuerda. Es una situación en la que murió su novia. Haga memoria”, le recriminó el magistrado.

Pese a la insistencia del tribunal y de las otras partes, Soto no cambió de postura. Por sus contradicciones, las partes le solicitaron al tribunal que cambiaran el orden de la presentación de los testigos para tratar de confirmar o desmentir la versión que dio el ex novio de Paulina. Los jueces, por cuestión de seguridad procesal, pidieron a los periodistas que se retiraran de la sala hasta que se definiera ese tema. A pesar del silencio, los magistrados habrían aceptado el planteo y hoy podrían declarar dos hombres, cuyas identidades no trascendieron.

Las dudas que quedaron dando vueltas

uno
el olvido del día de la desaparición 
“El día que desapareció Paulina no la vi. Hablamos por teléfono y ella me contó que había aprobado una materia. Ella estaba feliz. Después me comentó que saldría a bailar con sus compañeros”, declaró César Soto. Los fiscales Diego López Ávila y Carlos Saltor, de inmediato, hicieron notar la contradicción. En realidad, ese día, después de haber pasado por la Facultad de Filosofía y Letras, fue hasta la casa de su pareja para almorzar con él. Según la declaración que realizó Soto en la causa, comieron con Roberto Díaz, su compadre. 
dos
cambió el último destino 
Soto instaló una nueva versión que llamó la atención de todas las partes. Frente al tribunal, comentó que Paulina, después de ir a bailar lo iba a pasar a buscar por su trabajo y de allí se marcharían a su casa. Pero nada de eso sucedió. “Salí del trabajo imaginándome que ella estaría durmiendo en casa”, señaló. A los fiscales les llamó la atención que nunca se haya preocupado por la ausencia de su pareja. “Después que me levanté, la llamé varias veces a la casa de ella para saber qué había pasado. Siempre me dijeron que estaba durmiendo. Recién a la tarde me dijeron que no había vuelto y que era probable que se haya quedado a dormir con la amiga”, explicó. ¿Y no intentó llamarla al celular?, le preguntaron. “No lo hice porque en esa época era muy diferente el costo de una llamada a un teléfono fijo que a un celular”, respondió.
tres
la contradicción por las llaves
A la ex pareja de la víctima le preguntaron cómo podría haber hecho Paulina para ingresar a su casa si se iba sola. “Ella tenía llave”, señaló. Los fiscales notaron otra contradicción y pidieron nuevamente que se leyera un fragmento de una de las declaraciones que realizó cuando se investigaba el caso. En 2006 él había asegurado que Paulina le había devuelto las llaves después de una discusión. “Ahora que me leen, me acuerdo. Era normal que eso ocurriera”, destacó. 
cuatro
sí hubo agresiones físicas 
Rosa Racedo, madre de la víctima, siempre creyó que Soto había sido el autor del crimen. Basó su sospecha en un hecho que le contó su hija. Paulina le relató que en medio de una discusión, él la tomó del cuello e intentó ahorcarla. Según la pericia realizada por los expertos de Gendarmería Nacional, la estudiante fue ahorcada. “Éramos una pareja normal, donde había agresiones verbales, pero nunca físicas por parte de ninguno”, señaló Soto en su declaración. Otra vez los fiscales le leyeron una declaración realizada en 2006. Según sus dichos, “en 2004 o 2005, Paulina, en medio de una discusión, me pegó un cachetazo. La tomé de los brazos y la empujé hacia la cama. Quedamos los dos acostados y ella me rompió un vaso de agua en la cabeza  provocándome un corte en el cuero cabelludo”, indicó. “¿Y ese no es un acto de violencia?”, le preguntó Saltor. “No, fue una discusión. No le pegué”, respondió.
cinco
polémica futbolera 
“No sé lo que es un barra”, respondió Soto cuando se le preguntó si conocía a algún miembro de la barra brava de Atlético. Justamente, uno de los momentos más polémicos de su exposición fue cuando habló sobre su posible vinculación con La Inimitable, la barra brava de Atlético. Esta es parte del interrogatorio que le hicieron: - Fiscal Saltor: Soto, ¿a usted le gusta el fútbol? - Soto: Me encanta… Me apasiona… 
- Saltor: ¿Es simpatizante de algún club? 
- Soto: ¿Simpatizante? No. Soy fanático y amo a Atlético Tucumán. Voy siempre a la cancha. 
- Saltor: ¿Le regalan la entrada para ingresar al estadio? 
- Soto: Jamás me regalaron ninguna entrada. Colaboro con el club comprando mi entrada y haciendo otra cosa.
- Saltor: ¿Cómo más lo hace? 
- Soto: Comprando la camiseta, por ejemplo. 
- Saltor: ¿Fue barrabrava o estuvo vinculado a la barra brava? 
- Soto: No sé lo que es un barrabrava. 
- Dante Ibáñez (presidente del tribunal): Vamos señor, no me diga que no conoce lo que es una barra brava. ¡Piense y conteste la pregunta! - Soto: Si me preguntan por la gente que va a la tribuna de la calle Chile, no los conozco personalmente, pero sí de vista. 
- Saltor: ¿Pintó una bandera o un pasacalle o una pared de Atlético? 
-  Soto: Sí, pero también lo hice para San Martín, Lastenia y Atlético Concepción. Es gente que me conoce y viene a pedirme que lo haga.
seis
el misterio del chip
“Se acercaba el cumpleaños de mi hija y no tenía dinero. Vendí el celular y al chip lo saqué y de ahí no sé más”, declaró Soto. Sin embargo, los informes telefónicos revelaron que esa línea se mantuvo activa hasta el 25 de febrero, día en el que desapareció la joven. A ese número, según se confirmó ayer, personas que tenían líneas con característica de nuestra provincia llamaron desde Aguaray en enero de 2006. Soto dijo que no sabía de la existencia de esas comunicaciones. Por la tarde indicó que a Paulina nunca le había vendido el celular y le dijo que se lo habían robado. “Ella había ahorrado para regalármelo y no le gustaba que uno se desprenda de las cosas por más necesidad que hubiera”, comentó.
siete
llamadas comprometedoras
Soto también se vio complicado a la hora de contestar una serie de preguntas vinculadas a las comunicaciones que mantuvo su ex pareja el día que desapareció y una jornada antes de que encontraran su cuerpo. Por ejemplo, no supo que el matrimonio Medina-Cárdenas (amigo de la pareja) se había comunicado con Paulina el 25 de febrero al mediodía. Roberto Molina, ex compañero de trabajo de Soto, habló por teléfono con Medina y Cárdenas un día antes de que hallaran el cuerpo. Además, Molina se comunicó con una mujer llamada Rita Dip, la misma que introdujo su chip en el teléfono el día que Paulina desapareció. Soto negó conocer a esta última y al matrimonio Medina-Cárdenas. Además, Dip también apareció en los contactos que tenía Roberto Gómez, el único acusado del crimen. Este también negó conocerla.
ocho
tenía vínculos con la política
“Trabajé para ‘Pinki’ Rojas haciendo pintadas. Lo fui a buscar a él porque necesitaba una mano. Por el juicio civil que estaba llevando adelante, tenía que tener una obra social. Él me dio un trabajo en la Legislatura y estuve varios meses trabajando. No sé si ellos (por los Lebbos) la usaron en algún momento”, relató Soto al confirmar cómo había logrado ingresar como empleado del Poder Legislativo. La ex pareja de la víctima reconoció que también pintó paredes para Daniel Deina, presidente de la Mutualidad Provincial.
nueve
una actitud demasiado pasiva
Todas las partes quedaron sorprendidas cuando el joven contó cuál fue su participación desde que la joven desapareció. Reconoció que no participó en la búsqueda, que no fue a los hospitales ni participó en los rastrillajes. También dijo que se enteró del hallazgo de su cuerpo a través de la radio y que después vio un informe más detallado por televisión. También confirmó que esa noche trabajó normalmente. No pudo explicar por qué asumió el rol de querellante en la causa, pero sí dijo: “renuncié porque no tenía tiempo para estar todo el día en los tribunales haciendo gestiones. No se olviden que en esos momentos también estaba haciendo un planteo en el fuero civil por mi hija”.
diez
desmintió haberla controlado
Virginia Mercado declaró que cuando Paulina se quedaba a estudiar en su casa, Soto la llamaba para controlarla. “Él quería saber si realmente estaba ahí”, explicó ante el tribunal. El ex novio de la joven desmintió esa versión. “Pude haberla llamado, pero para preguntar cómo estaba porque creía lo que me decía”, señaló.
once
una versión del embarazo
Soto indicó que, por decisión de la familia Lebbos, no acompañó a Paulina durante su embarazo. “Sólo sabía de ella por las cartas que me mandaba por terceros”, indicó. Sin embargo, su madre declaró que la víctima estuvo la noche anterior en una fiesta familiar. “Le dije que no baile tanto porque nacería la criatura”, dijo la mujer. 


Uno
El olvido del día de la desaparición 

“El día que desapareció Paulina no la vi. Hablamos por teléfono y ella me contó que había aprobado una materia. Ella estaba feliz. Después me comentó que saldría a bailar con sus compañeros”, declaró César Soto. Los fiscales Diego López Ávila y Carlos Saltor, de inmediato, hicieron notar la contradicción. En realidad, ese día, después de haber pasado por la Facultad de Filosofía y Letras, fue hasta la casa de su pareja para almorzar con él. Según la declaración que realizó Soto en la causa, comieron con Roberto Díaz, su compadre. 

“Este caso me condenó socialmente”, aseguró entre lágrimas Soto, ex pareja de Paulina

Dos
Cambió el último destino
 
Soto instaló una nueva versión que llamó la atención de todas las partes. Frente al tribunal, comentó que Paulina, después de ir a bailar lo iba a pasar a buscar por su trabajo y de allí se marcharían a su casa. Pero nada de eso sucedió. “Salí del trabajo imaginándome que ella estaría durmiendo en casa”, señaló. A los fiscales les llamó la atención que nunca se haya preocupado por la ausencia de su pareja. “Después que me levanté, la llamé varias veces a la casa de ella para saber qué había pasado. Siempre me dijeron que estaba durmiendo. Recién a la tarde me dijeron que no había vuelto y que era probable que se haya quedado a dormir con la amiga”, explicó. ¿Y no intentó llamarla al celular?, le preguntaron. “No lo hice porque en esa época era muy diferente el costo de una llamada a un teléfono fijo que a un celular”, respondió.

Tres
La contradicción por las llaves

A la ex pareja de la víctima le preguntaron cómo podría haber hecho Paulina para ingresar a su casa si se iba sola. “Ella tenía llave”, señaló. Los fiscales notaron otra contradicción y pidieron nuevamente que se leyera un fragmento de una de las declaraciones que realizó cuando se investigaba el caso. En 2006 él había asegurado que Paulina le había devuelto las llaves después de una discusión. “Ahora que me leen, me acuerdo. Era normal que eso ocurriera”, destacó. 

Cuatro
Sí hubo agresiones físicas 
Rosa Racedo, madre de la víctima, siempre creyó que Soto había sido el autor del crimen. Basó su sospecha en un hecho que le contó su hija. Paulina le relató que en medio de una discusión, él la tomó del cuello e intentó ahorcarla. Según la pericia realizada por los expertos de Gendarmería Nacional, la estudiante fue ahorcada. “Éramos una pareja normal, donde había agresiones verbales, pero nunca físicas por parte de ninguno”, señaló Soto en su declaración. Otra vez los fiscales le leyeron una declaración realizada en 2006. Según sus dichos, “en 2004 o 2005, Paulina, en medio de una discusión, me pegó un cachetazo. La tomé de los brazos y la empujé hacia la cama. Quedamos los dos acostados y ella me rompió un vaso de agua en la cabeza  provocándome un corte en el cuero cabelludo”, indicó. “¿Y ese no es un acto de violencia?”, le preguntó Saltor. “No, fue una discusión. No le pegué”, respondió.

La mujer del escándalo del aeropuerto rompió el silencio y negó tener vínculos con el crimen de Paulina Lebbos

Cinco
Polémica futbolera 

“No sé lo que es un barra”, respondió Soto cuando se le preguntó si conocía a algún miembro de la barra brava de Atlético. Justamente, uno de los momentos más polémicos de su exposición fue cuando habló sobre su posible vinculación con La Inimitable, la barra brava de Atlético. Esta es parte del interrogatorio que le hicieron: - Fiscal Saltor: Soto, ¿a usted le gusta el fútbol? - Soto: Me encanta… Me apasiona… 
- Saltor: ¿Es simpatizante de algún club? 
- Soto: ¿Simpatizante? No. Soy fanático y amo a Atlético Tucumán. Voy siempre a la cancha. 
- Saltor: ¿Le regalan la entrada para ingresar al estadio? 
- Soto: Jamás me regalaron ninguna entrada. Colaboro con el club comprando mi entrada y haciendo otra cosa.
- Saltor: ¿Cómo más lo hace? 
- Soto: Comprando la camiseta, por ejemplo. 
- Saltor: ¿Fue barrabrava o estuvo vinculado a la barra brava? 
- Soto: No sé lo que es un barrabrava. 
- Dante Ibáñez (presidente del tribunal): Vamos señor, no me diga que no conoce lo que es una barra brava. ¡Piense y conteste la pregunta! - Soto: Si me preguntan por la gente que va a la tribuna de la calle Chile, no los conozco personalmente, pero sí de vista. 
- Saltor: ¿Pintó una bandera o un pasacalle o una pared de Atlético? 
-  Soto: Sí, pero también lo hice para San Martín, Lastenia y Atlético Concepción. Es gente que me conoce y viene a pedirme que lo haga.

Seis
El misterio del chip
“Se acercaba el cumpleaños de mi hija y no tenía dinero. Vendí el celular y al chip lo saqué y de ahí no sé más”, declaró Soto. Sin embargo, los informes telefónicos revelaron que esa línea se mantuvo activa hasta el 25 de febrero, día en el que desapareció la joven. A ese número, según se confirmó ayer, personas que tenían líneas con característica de nuestra provincia llamaron desde Aguaray en enero de 2006. Soto dijo que no sabía de la existencia de esas comunicaciones. Por la tarde indicó que a Paulina nunca le había vendido el celular y le dijo que se lo habían robado. “Ella había ahorrado para regalármelo y no le gustaba que uno se desprenda de las cosas por más necesidad que hubiera”, comentó.

Siete
Llamadas comprometedoras

Soto también se vio complicado a la hora de contestar una serie de preguntas vinculadas a las comunicaciones que mantuvo su ex pareja el día que desapareció y una jornada antes de que encontraran su cuerpo. Por ejemplo, no supo que el matrimonio Medina-Cárdenas (amigo de la pareja) se había comunicado con Paulina el 25 de febrero al mediodía. Roberto Molina, ex compañero de trabajo de Soto, habló por teléfono con Medina y Cárdenas un día antes de que hallaran el cuerpo. Además, Molina se comunicó con una mujer llamada Rita Dip, la misma que introdujo su chip en el teléfono el día que Paulina desapareció. Soto negó conocer a esta última y al matrimonio Medina-Cárdenas. Además, Dip también apareció en los contactos que tenía Roberto Gómez, el único acusado del crimen. Este también negó conocerla.

Ocho
Tenía vínculos con la política
“Trabajé para ‘Pinki’ Rojas haciendo pintadas. Lo fui a buscar a él porque necesitaba una mano. Por el juicio civil que estaba llevando adelante, tenía que tener una obra social. Él me dio un trabajo en la Legislatura y estuve varios meses trabajando. No sé si ellos (por los Lebbos) la usaron en algún momento”, relató Soto al confirmar cómo había logrado ingresar como empleado del Poder Legislativo. La ex pareja de la víctima reconoció que también pintó paredes para Daniel Deina, presidente de la Mutualidad Provincial.

Nueve
Una actitud demasiado pasiva

Todas las partes quedaron sorprendidas cuando el joven contó cuál fue su participación desde que la joven desapareció. Reconoció que no participó en la búsqueda, que no fue a los hospitales ni participó en los rastrillajes. También dijo que se enteró del hallazgo de su cuerpo a través de la radio y que después vio un informe más detallado por televisión. También confirmó que esa noche trabajó normalmente. No pudo explicar por qué asumió el rol de querellante en la causa, pero sí dijo: “renuncié porque no tenía tiempo para estar todo el día en los tribunales haciendo gestiones. No se olviden que en esos momentos también estaba haciendo un planteo en el fuero civil por mi hija”.

Diez
Desmintió haberla controlado

Virginia Mercado declaró que cuando Paulina se quedaba a estudiar en su casa, Soto la llamaba para controlarla. “Él quería saber si realmente estaba ahí”, explicó ante el tribunal. El ex novio de la joven desmintió esa versión. “Pude haberla llamado, pero para preguntar cómo estaba porque creía lo que me decía”, señaló.

Once
Una versión del embarazo

Soto indicó que, por decisión de la familia Lebbos, no acompañó a Paulina durante su embarazo. “Sólo sabía de ella por las cartas que me mandaba por terceros”, indicó. Sin embargo, su madre declaró que la víctima estuvo la noche anterior en una fiesta familiar. “Le dije que no baile tanto porque nacería la criatura”, dijo la mujer. 

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