Respetemos el tiempo de la vida

04 Mar 2018
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LA MISA DE HOY

PBRO. MARCELO BARRIONUEVO

Estaba próxima la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y haciendo un látigo de cuerdas arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y dijo a los que vendían palomas: Quitad eso de aquí, no hagáis de la casa de mi Padre un mercado...”.

Para todos es conocido este texto de Cristo en el templo, sacando a los mercaderes que habían hecho del lugar sagrado un comercio con argumentos sagrados. La figura del Templo recorre toda la Escritura como lugar en el que se da el encuentro con Dios; el templo es la casa sagrada, el ámbito de la oración, del encuentro con los hermanos de la comunidad. Ahora bien, por extensión real ese templo también lo constituye nuestras vidas, nuestras casas de familia, cada ámbito en el que el hombre debe respetar su dignidad. San Pablo de modo especial habla del cuerpo como templo de Dios, lo hace para marcar el valor sagrado que tiene nuestra vida corpóreo espiritual. El cuerpo debe ser lugar sagrado y no sometido al pecado. Esa es la lucha transformadora de la gracia: que el cuerpo se parezca al alma y el alma a Dios.

Ahora bien ese Templo del cuerpo es la Vida que se tiene como Don dado por Dios. Vida naciente desde el instante mismo de la fecundación hasta la muerte natural. La vida en el templo corpóreo-espiritual debe ser respetada, custodiada, valorada, honrada, venerada en cierta manera. La vida no puede ser descartada.

El Papa Francisco nos advierte que vivimos “la cultura del descarte” y como nunca se busca en Argentina debatir el “descarte o no de la vida humana naciente”. El planteo de legalización o no del aborto muestra el mejor modo discriminatorio de una vida con derecho a vivir y sin capacidad expresiva de reclamar por sus derechos. Al mismo tiempo refleja de modo elocuente el eclipse de conciencia del valor del ser humano viviente, un eclipse proveniente de una sociedad líquida e invertebrada en la conciencia de que la Vida no puede ser un producto descartable a lo largo de todo su arco existencial.

Jesús en este domingo toma una actitud extraña para nosotros, se enoja, monta en cólera, y los corre a todos del templo. Es un celo fuerte y decidido a cuidar el Templo de su Padre; en el fondo es el enojo a la incoherencia en la vida. Jesús nos ayuda a tener un celo entusiasta en generar cultura de la Vida y del encuentro como nos pidieron los Obispos argentinos. No se trata de andar enojados por la vida, sino más bien anunciar con gozo el Evangelio de la Vida. El Señor, la Iglesia y la realidad argentina nos convocan a una verdadera Misión evangelizadora de la Vida, porque si respetamos a ella se dará una Cultura el encuentro.

Que el Amor al templo de la Vida saque de nosotros la mejor de las creatividades apostólicas para Evangelizar del mejor modo y con el entusiasmo de los que saben que somos imágenes y semejanzas de un Dios de Vida y no de muerte.

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