14 Mayo 2004 Seguir en 
RIO DE JANEIRO.- "Brasil no está gobernado por un alcohólico", declaró su presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, respondiendo a un artículo del New York Times según el cual el país estaba preocupado por los supuestos excesos del mandatario en el consumo de bebidas alcohólicas.
En una entrevista con la revista Istoé, publicada el viernes en su versión online, Lula dijo que el corresponsal del Times que escribió la nota, Larry Rohter, "no hizo una crítica política, una crítica al gobierno, atacó de la forma más difamatoria posible a la institución Presidencia de la República".
El mandatario, un ex líder sindical, dijo que no ocultaba que "tomaba mi aperitivo, y a veces era en la puerta de la fábrica. Nunca me escondí de nadie, nunca fingí, nunca impedí que me sacaran una fotografía".
El presidente agregó que el corresponsal del Times, en el articulo publicado el domingo, podría haber escrito que él tomaba un whisky en los almuerzos o una copa de vino.
Pero, agregó, el periodista "afirma que Brasil corre riesgo porque el presidente Lula es un borracho y que el pueblo está preocupado con eso".
El gobierno canceló la visa de Rohter, pero un juez del Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Brasil concedió el jueves al periodista un amparo, que le permitirá permanecer en el país hasta que el plenario de esa corte se pronuncie sobre los fundamentos de la medida.
Lula insistió sin embargo en defender su decisión de cancelar la visa del corresponsal, pese a que levantó una ola de críticas sobre su impacto en la libertad de expresión, incluyendo de Estados Unidos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y entidades de prensa y organismos no gubernamentales.
La medida incluso causó en Brasil un amplio rechazo de la oposición y de políticos aliados, en momentos en que Lula busca disciplinar su rebelde base de apoyo legislativo.
"La única posibilidad de que yo cambie de posición -y usted sabe de que soy una figura generosa- era que el New York Times hubiese reconocido la tontería que hizo. Por el contrario. El embajador brasileño (en Washington) fue allá y el portavoz (del periódico) reiteró la historia", dijo Lula a Istoé.
"No estamos expulsando de Brasil a este ciudadano, al que yo ni siquiera conozco. Es un derecho del Estado conceder o no la visa", agregó.
El presidente, enfrentando una de las más reiteradas críticas a su decisión, dijo que no tomó una actitud precipitada. "Supe de la historia el sábado. La leí, releí, releí otra vez y quedé intentando saber el fundamento".
"¿Por qué un ciudadano haría una nota de esas? El podría decir que el gobierno es incompetente, que el gobierno no está logrando hacer nada. Podría decir que bebo. Que me gusta tomar whisky, tomar una cerveza, fumar un habano. Es la pura verdad", agregó.
Lula dijo que el periodista nunca estuvo con él y tampoco observó su vida cotidiana. "No podía decir hacia afuera que Brasil es gobernado por un alcohólico. Yo dudo de que cualquier compañero me haya visto alguna vez borracho". (Reuters)
En una entrevista con la revista Istoé, publicada el viernes en su versión online, Lula dijo que el corresponsal del Times que escribió la nota, Larry Rohter, "no hizo una crítica política, una crítica al gobierno, atacó de la forma más difamatoria posible a la institución Presidencia de la República".
El mandatario, un ex líder sindical, dijo que no ocultaba que "tomaba mi aperitivo, y a veces era en la puerta de la fábrica. Nunca me escondí de nadie, nunca fingí, nunca impedí que me sacaran una fotografía".
El presidente agregó que el corresponsal del Times, en el articulo publicado el domingo, podría haber escrito que él tomaba un whisky en los almuerzos o una copa de vino.
Pero, agregó, el periodista "afirma que Brasil corre riesgo porque el presidente Lula es un borracho y que el pueblo está preocupado con eso".
El gobierno canceló la visa de Rohter, pero un juez del Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Brasil concedió el jueves al periodista un amparo, que le permitirá permanecer en el país hasta que el plenario de esa corte se pronuncie sobre los fundamentos de la medida.
Lula insistió sin embargo en defender su decisión de cancelar la visa del corresponsal, pese a que levantó una ola de críticas sobre su impacto en la libertad de expresión, incluyendo de Estados Unidos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y entidades de prensa y organismos no gubernamentales.
La medida incluso causó en Brasil un amplio rechazo de la oposición y de políticos aliados, en momentos en que Lula busca disciplinar su rebelde base de apoyo legislativo.
"La única posibilidad de que yo cambie de posición -y usted sabe de que soy una figura generosa- era que el New York Times hubiese reconocido la tontería que hizo. Por el contrario. El embajador brasileño (en Washington) fue allá y el portavoz (del periódico) reiteró la historia", dijo Lula a Istoé.
"No estamos expulsando de Brasil a este ciudadano, al que yo ni siquiera conozco. Es un derecho del Estado conceder o no la visa", agregó.
El presidente, enfrentando una de las más reiteradas críticas a su decisión, dijo que no tomó una actitud precipitada. "Supe de la historia el sábado. La leí, releí, releí otra vez y quedé intentando saber el fundamento".
"¿Por qué un ciudadano haría una nota de esas? El podría decir que el gobierno es incompetente, que el gobierno no está logrando hacer nada. Podría decir que bebo. Que me gusta tomar whisky, tomar una cerveza, fumar un habano. Es la pura verdad", agregó.
Lula dijo que el periodista nunca estuvo con él y tampoco observó su vida cotidiana. "No podía decir hacia afuera que Brasil es gobernado por un alcohólico. Yo dudo de que cualquier compañero me haya visto alguna vez borracho". (Reuters)







