Del Atari en compañía del perro al juego con amigos virtuales de todo el mundo

07 Ene 2018

Por Marcelo Rubinstein
Papá de Nico, un gamer de 10 años
Por Marcelo Rubinstein - Papá de Nico, un gamer de 10 años

Hoy la educación no sólo se da en las aulas, en los clubes y en la casa. Hoy a nuestros hijos los educan los youtubers y los videojuegos de la compu, de las tablets y de la Play. Allí aprenden a pensar, a elegir estrategias, pero también se “aprende” (y se lo internaliza como algo “natural”) a matar, a robar, a jugar en equipo, a planear estrategias en común y también a traicionar. Los chicos de hoy aprenden virtualmente de la realidad y está en nosotros, los padres, tomar conciencia de ello.

Hace unas semanas descubrimos a Nico dialogando en inglés con un ruso y un francés (todos juntos hablando en inglés), planeando una estrategia para conquistar la base enemiga en el Call of Duty. Y le dije a Verónica: pensar que yo jugaba a su edad con un Atari con mi perro de compañía... Y Nico, 30 años, después juega con “amigos virtuales” de todas partes del mundo y practica inglés.

El juego virtual, al igual que el real, sirve de estímulo y de enseñanza. Los juegos no son buenos ni malos, son simplemente juegos, y dependerá de los adultos ir encaminando al niño a través de los juegos (reales y virtuales), a moldear su personalidad y enseñarles a distinguir el bien y el mal. Todos los juegos tienen indicaciones sobre el rango etario, pero la mayoría de los chicos utilizan juegos no adecuados para la edad.

El tener hijos “gamers” (Nico de 10 y Lucas de 6) nos obligó como padres a plantearnos dos cuestiones: cuánto tiempo dejarlos jugar (hasta dos horas por día en tanto cumplan con las metas escolares y extra escolares diarias) y en segundo lugar cómo explicarles que los juegos son una ficción; y que eso que está muy “cool” en la mayoría de los juegos más vendidos en la realidad está mal, muy mal.

¿ Cómo le explicamos a un niño de 10 años que juega a acuchillar gente en el GTA 5 para ser el más “pro”, cuando apaga la Play, que en la realidad eso no puede hacerlo? ¿Cómo marcar la división entre el bien y el mal en el mundo virtual y real? La respuesta más simple sería comprando juegos de la edad adecuada, o poniendo filtros parentales en computadoras y consolas de juegos (YouTube lo tiene y la PS4 también) o la prohibición total, pero los niños saben cómo burlar todos y cada uno de los controles...

El camino más acertado no es tecnológico, es pedagógico: el diálogo de padre a hijo, jugar con ellos e ir explicándoles y enseñándoles el bien y el mal a través del juego virtual. A partir de la Play descubrí otra forma de relacionarme con mis hijos, a tener tiempos compartidos de diversión y educación. Ellos me enseñan a jugar y yo los enseño de la vida real a través del juego virtual...

Los chicos del siglo XXI están formateados de manera distinta a la nuestra pero lo “humano” se mantiene intacto: Hace 30 años mi papá me enseñó en el fútbol a no mentir (“si fue gol, fue gol”, me decía), hoy yo les enseño a mis hijos que si prometieron cuidarle la espalda a un amigo virtual en un juego, la promesa debe ser cumplida. La realidad es la misma hoy que 30 años atrás, aunque esta también es virtual.

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