Las verificaciones técnicas y administrativas inauguran el cruce de culturas en el Dakar

La convivencia comienza desde varios días antes de la largada.

04 Ene 2018
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TODO EN ORDEN. Ariel Isola, del NRT, observa la instalación del instrumental de navegación y seguridad en la Toyota SW4. FOTOS DE NRT

Un vivac dakariano es probablemente la versión más resumida del mundo mismo: es difícil encontrar otro evento, al menos en el ámbito deportivo, que sea capaz de albergar tal grado de multiculturalidad en un espacio tan reducido, equivalente a unas pocas hectáreas. Allí convergen la experiencia de los franceses, el poderío de los rusos, la extroversión de los españoles y los iberoamericanos, el hermetismo de los alemanes, la precisión de los japoneses y un sinfín de identidades bien diferenciadas, pero unidas por un adversario común: las dificultades que impone el trazado de la carrera más extrema y peligrosa del mundo.

La convivencia comienza desde varios días antes de la largada, y se intensifica a partir de las verificaciones administrativas y técnicas. Se trata de un trámite de rutina para los más experimentados (algunos como Stéphane Peterhansel o Nasser Al-Attiyah, respaldados por equipos de primera línea, se desentienden de ese tipo de burocracias), pero para los más nuevos puede resultar en una experiencia bastante estresante. Sucede que, tratándose de una aventura con tantos riesgos, las revisiones son muy exhaustivas, y cualquier detalle que no cumpla con las reglamentaciones puede dejar a un piloto fuera de carrera antes de la largada.

“Juro que ni hambre sentí”, contó el tucumano Ricardo Neme, para graficar hasta qué punto se abstraen los corredores y mecánicos durante las verificaciones.

Para aliviar un poco la tensión de ese bautismo de fuego, los debutantes suelen ser recibidos entre aplausos y muestras de apoyo que trascienden cualquier idioma. El sólo hecho de estar ahí, ya es una muestra de valentía.

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Dakar 2018
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