La abstracción geométrica reaparece con fuerza en el salón de artes visuales

Mientras el primer premio es una pintura que simula ser una fotografía, el segundo es una imagen digital que simula ser una pintura. Instalaciones.

19 Dic 2017

La realización de un salón de artes visuales siempre es seguida con mucha atención, sobre todo en las “aldeas locales”, puesto que pone en evidencia un determinado estado de situación. Efectivamente, devela un panorama del arte y si, como en el caso tucumano, tiene un carácter nacional -aunque limitadamente- la expectativa es mayor. En las grandes ciudades no sería más que otro evento.

Sobre un total de 355 proyectos (ese es el nombre en rigor, porque fueron presentaciones en soporte digital o en papel), el jurado seleccionó 85, y es lo que se puede visitar hasta marzo en el Museo Provincial de Bellas Artes Timoteo Navarro (9 de Julio 44). Se muestra cerca del 24% de lo presentado, porcentaje excesivo si se tiene en cuenta que en general en los salones nacionales no se llega al 10%.

¿Pero qué y cómo mirar estas obras? El visitante deberá tener en cuenta que en cada una se pueden plantear lecturas diferentes, así como de la propia exposición en general. A grandes pinceladas, se puede notar:

1) Se destaca, por su incipiente número y los mismos premios, la presencia de la abstracción geométrica.

2) A diferencia de otros salones, la fotografía como tal permaneció con un perfil bajo; no aparece como la niña bonita de hace unos meses.

3) Hay color, mucho color. Figuras, muchas figuras. Objetos que linkean con el diseño y que rozan lo puramente ornamental, así como alguno que lo hace con la ciencia.

4) Como se viene observando desde hace un par de años, hay artistas que optan por colgar la tela como si se tratara de un telón o panel.

5) La obra textil mantiene una presencia fuerte.

Premios

Entre el primero y el segundo premio existe una profunda relación: el ganador de la máxima distinción, de Valeria López, simula ser una fotografía en blanco y negro, pero en realidad es una pintura virtuosa (con óleo y acrílico sobre tela): habla en términos de la postfotografía; la cita expresamente.

La obra de Gabriel Varsanyi (segundo premio) es una imagen digital construida con más de 100 millones de pixeles; un cuadrado rojo que hace recordar a las pinturas de Mark Rothko, uno de los creadores del expresionismo abstracto en Estados Unidos. En definitiva, simula ser una pintura y es una obra digital. No son pocos los que han preguntado de qué se trata ese cuadrado rojo. ¿Y si recordáramos el cuadrado negro de Kazimir Malévitch, un cuadro que pasó a la historia del arte, además de la cita a Rothko?

Uno y otro premio simulan, no son como parecen. Pero, ¿dónde está escrito que el arte debe ser como son las cosas, o que deba representarlas como existen? El arte transforma y crea otra realidad, eso debe estar claro. En esta línea de trabajo geométrico no puede soslayarse la instalación de Alejandra Galván.

El mapa de Tucumán bordado con diferentes colores en un soporte de tapicería, a modo de escudo, está presente en la obra de Cecilia Villafuerte. El arte textil se ha ganado un espacio importante en la actual producción artística en la provincia. “El olvido”, un textil de randa con acrílico, de Carlota Beltrame, que hubiese merecido una presentación distinta y un montaje que la jerarquice, es otro ejemplo a tener en cuenta y que no puede soslayarse. Al igual que “Jitter”, de Jimena Travaglio (Buenos Aires), quien enseña cómo hacer un tapiz de cuentas plásticas.

Altar

En una sala pequeña se encuentra una especie de altar, en la que 38 limones provocan energía para iluminar una escultura de Donald Trump. “No ha sido fácil conseguir estos limones, no son los que vemos en la vida corriente ni los que consumimos; son de exportación y tienen gran energía. He tenido que traerlos desde lugares muy difíciles de acceder”, le contó a LA GACETA David Fernández Garvich. En la instalación, los limones se conectan con cables que, al final, encienden diminutas luces que iluminan el rostro de Trump. Limones vedados a los tucumanos, quienes son los que los producen, claro está; libres para los consumidores del exterior que le rinden pleitesía a Estados Unidos, ahora que se aprobó la exportación.

Pero como si se tratara de una paradoja del tiempo, los frutos comenzaron a pudrirse a los cinco días y el costo de reposición parece ser muy alto, por lo que el Museo decidió retirar la obra. Además, en las bases del salón se indicó que no se aceptaban obras perecederas (un llamado de atención para los jurados).

En el centro del centro del Museo, dos cubos aprisionan papeles: “Pisapapeles II”, de Sofía Noble, está realizado con papel y sal, y abre interrogantes sobre el mismo arte y sus herramientas.

Los objetos de cerámica esmaltada de Hernán Aguirre García son, efectivamente, diseño puro tanto en su dimensión artística como ornamental, con una superficie brillosa como atractivo.

Telas

Sin marco y colgada casi sin sostén, de columna a columna, está “Un sentimiento”, de Sandro Pereira: de un lado pintó dos figuras (padre e hijo); y del otro, el texto “Te amo”. De este modo, el artista prosigue una tendencia en la que incursionan otros tucumanos (residentes en Buenos Aires), como Agustín González Goytía y Lucrecia Lionti. El acrílico o el óleo están como tendidos ocupando y creando su propio espacio, con imágenes y textos a modo de mensajes o consignas.

En el salón, como era de esperar, predominan las pinturas, un género que tiene un sello propio en la provincia, y alrededor del cual algunos artistas han creado su estilo. Pero cabe detenerse en la propuesta de Valeria Maggi, “La primera pintura es pintada por la segunda pintura”, en la que da un giro conceptual con la proyección de diapositivas de sus propias obras.

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