Yerba Buena: el PJ reclama que haya elecciones en el Concejo

Ediles peronistas dicen que el mandato del presidente está vencido Aráoz y Aguirre sostienen que el radical Zelaya debió convocar a sesión especial para renovar la mesa de conducción del cuerpo

06 Dic 2017
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GRUPO DE CINCO. La nueva alianza entre ediles peronistas y camperistas, el jueves pasado en el recinto de sesiones. LA GACETA / FOTO DE ANALÍA JARAMILLO

La armonía le sigue siendo esquiva al Concejo Deliberante de Yerba Buena. Que su actual presidente, el radical Benjamín Zelaya, no haya llamado a elecciones para renovar la mesa de conducción, ha enojado a un grupo de cinco concejales, que lo acusan de haberlos conducido a una situación de “gravedad institucional” sin precedentes.

“Zelaya ha atropellado a esta institución”, declaró el peronista Walter Aráoz, a quien los otros cuatro ediles planean proponer como vicepresidente segundo. La renovación que impulsa este sector se completa con el también justicialista Héctor Aguirre en la presidencia y con el macrista Marcelo Rojas en la vice primera.

Como presidente, Zelaya posee la facultad de convocar a una sesión durante el período ordinario. Sin embargo, desde el 1 de diciembre ese ciclo se encuentra cerrado. Según Araóz, el reglamento interno fija que debería haber llamado a mediados de noviembre.

Y aclaró que la reglamentación no puede prestarse a más de una interpretación, pues el artículo 9 -dijo- establece que las autoridades durarán un año en sus funciones, o hasta la elección de sus reemplazantes. Renglón seguido -insistió-, la norma le pone límites a la frase “hasta la elección de sus reemplazantes”, pues fija que la votación debe hacerse dentro de los 10 días anteriores al vencimiento de los mandatos vigentes.

En este caso, ese mando concluyó el 28 de noviembre. “Hoy, nosotros desconocemos su legitimidad”, afirmó Aráoz. Luego, embiste contra el legislador Ariel García, del radicalismo disidente y vicepresidente segundo de la Cámara. Lo señala como el caudillo de Zelaya y del actual vice segundo, Lucas Cerúsico y lo acusa de desgastar al Concejo. “Lo que ellos plantean es una oposición absurda”, añadió.

- Hasta hace unas semanas, usted era parte de esa oposición. ¿Cómo se entiende este viraje?

- Junto a Aguirre, somos los únicos peronistas de este órgano. Y somos, también, los verdaderos opositores. Los opositores que los ciudadanos han votado. Los radicales, en cambio, han provocado una interna. El año pasado, la coyuntura y las coincidencias nos pusieron del lado de un sector de ellos. Teníamos que unirnos, para construir una mayoría.

- ¿Y qué los ha situado, ahora, en la vereda contraria?

- Zelaya se había comprometido a promover la alternancia en la mesa de conducción. Ha incumplido. Además, no queremos seguir siendo parte de esa oposición payasesca que, al fin de cuentas, acaba haciéndole el caldo gordo al intendente, Mariano Campero. Nuestro sustento es la política; no la bajeza de la difamación.

“Rehenes”

Aguirre se plegó a las declaraciones de su compañero e hizo hincapié en que se han fijado un objetivo normalizar el Concejo y la relación con el Ejecutivo local.

“Nos sentimos rehenes de estos tipos a los que no les interesa la ciudad y no respetan la ley”, enfatizó. Según su mirada, corresponde, asimismo, que se haga asumir a Rodolfo Aranda, el político que reclama la banca que se encuentra vacía desde hace más de un año, cuando el ex concejal Lisandro Argiró dejó su puesto para asumir como funcionario municipal (es el actual secretario de Gobierno). De verse en la presidencia, anticipó que esa será una de sus primeras acciones.

El antecedente más inmediato de renovación de autoridades del Concejo, -la elección pasada- también fue conflictiva. En 2016, durante un mes estuvieron enfrascados en reuniones que debían ser levantadas por falta de quórum. En total, hubo seis cónclaves que no prosperaron debido a ese motivo. Finalmente, acabó imponiéndose la fórmula que ha gobernado este año: Zeluya, Cerúsico y Aguirre en la vicepresidencia segunda.

Esa elección acabó por dividirlos en dos bandos. El macrista Pedro Albornoz Piossek, el también radical Maximiliano García (hermano del legislador García) y Aráoz sumaron sus voluntades a aquel sector. Los partidarios de Campero -Javier Jantus, José Macome y Rojas- habían quedado como una minoría, al menos hasta ahora.

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