Ese amiguismo de la gauchada y el desmérito

La tendencia de favorecer a los amigos en perjuicio del mejor derecho de terceras personas es una práctica común en los círculos del poder.

25 Oct 2017 Por Roberto Espinosa
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Mirada que mira miradas. Busca por encima del hombro de la desigualdad. Guiño que sonríe desde un mendrugo del poder. Gestos acomodaticios izan la bandera del mejor postor. Mano que se estira. Parientes, amigos, conocidos, recomendados, entran por la cerradura de la discordia. No interesa si son aptos. Ojos que cobijan hijos y entenados. Obsecuentes, correveidiles. “Hay que tener cuña” para ocupar un puestito a como dé lugar, dicen allegados. Cuña que levanta el pulgar del favoritismo a “mi gente de confianza”. Dineros del pueblo que amasan ñoquis en la administración pública. Asesores que legislan en el aire de gatos reservados. Pestañeo que busca incondicionales. Varas que no miden a todos por igual. Gauchadas que esclavizan. Mirada que se extravía en el precipicio de esta corrupción disimulada. Ese amiguismo del desmérito. Vergüenza sinvergüenza que esguinza la honradez y la transparencia. Aunque dicen que hasta en el infierno conviene tener un amigo, porque nunca se sabe…

Es la tendencia a favorecer a los amigos en perjuicio de otras personas, en especial por lo que se refiere al trabajo. Es habitual que quien se halla en una situación de poder, por más mínima que sea, busque beneficiar a sus allegados. Pero también es importante tener amigos en las reparticiones públicas o en los bancos que pueden allanar las dificultades con las que suele tropezar el común denominador de los ciudadanos. Pero también se ejerce en el deporte, cuando un director técnico elige a aquellos que le resultan más simpáticos por encima del talento. En este esquema son infaltables los acomodaticios. Este amiguismo encuentra su máxima expresión en la desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos, es decir en el nepotismo, al cual es tan afecta nuestra clase dirigente. ¿El amiguismo es parte de nuestra idiosincrasia? ¿Es un defecto, un perjuicio, una virtud, una discriminación? ¿Todo vale si es por afecto? ¿El nepotismo debe verse como algo natural? ¿Nos mejora como sociedad? “Al amigo, todo; al enemigo, ni justicia”, ¿será así?

Como la perinola

Silvia Neme de Mejail | Escritora

Este término pretende derivar de la exquisita palabra que alude a uno de los más nobles y elevados sentimientos del ser humano: la amistad. Gran error. El amiguismo no es una virtud, es un defecto porque es selectivo e injusto. Favorece a pocos y perjudica a muchos. Al ser discriminatorio sin una razón válida, baja la autoestima y genera hondos resentimientos. Cuando digo que es discriminatorio, me refiero a que no está fundamentado en las capacidades de la persona, sino en la conveniencia de las partes. De este modo, suelen verse hombres y mujeres de gran valor -en cualquier disciplina- in ninguna posibilidad ni perspectiva poder ejercer sus capacidades. Definiría al amiguismo como el juego de la perinola: “todo vale”. Ahora bien, no es la gran novedad, sino que es un mal que ya peina canas. Si nos remitimos a la historia, veremos que se fue dando en todas las épocas y países, en todos los niveles: sociales, políticos, económicos, laborales. Es un mal enquistado en cualquier sociedad y muy difícil de erradicar. Por lo cual me parece condenatorio que se lo quiera comparar o derivar del término amistad. La palabra amigo carga dentro de sí un sentimiento poderoso y valioso. El Evangelio de San Juan en (15:13) dice: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos”. Enaltece tanto la amistad, que jamás se la podría comparar con el amiguismo que es perverso. Valga la aclaración.

El precio a pagar

Abel Sayagués | Poeta

No sólo que es parte de nuestra idiosincrasia el amiguismo, sino que lo es de la peor manera ya que va en contra de la calidad y la eficacia de todo lo que toque en la mayoría de los casos, las excepciones deben andar naufragando como actos mínimos en lo cotidiano que respiramos y soportamos, de esfuerzo y mérito, que al ocurrir llegamos a señalar como un acto de heroísmo casi nunca visto por estos tiempos que corren. Es un defecto que está alojado en el gen mismo de los hombres que habitamos al menos esta tierra. No hay que confundirlo con el afecto porque luego el precio a pagar es bastante alto, se hacen favores y se brindan empleos y enseñanzas por ser pariente, simpático o bonita y no por merecimiento ni esfuerzo. Estamos mal acostumbrados a verlo como un acto natural en el día a día, caso contrario al ver un acto de merecimiento lo festejamos como un gol de media cancha. Nos empeora en lo colectivo como en lo individual, ya que los que tienen contactos de poder se agarran de estos para escalar sin merecimientos, y los que poseen todas las buenas cualidades o nivelan para abajo, ya que los mediocres se suman y estos no quieren quedar sin la tajada o pelean como quijotes queriendo llegar a la meta por sus potencialidades y se convierte en un remar constante contra la corriente, muchos quedaran exhaustos en la batalla. Al amigo, la amistad y la justicia que se merece, al enemigo, las distancias marcadas y la justicia que también debe tener.

El uso discrecional

Mamina Núñez de la Rosa | Artista plástica-Psicóloga

Dentro de los defectos que tenemos los argentinos, este es uno de los peores ya que al aceptarlo y/o practicarlo estamos perjudicando a otros que seguramente son más capaces para ejercer la función que se da al amigo y sí me parece es parte de nuestra idiosincrasia y un tipo de corrupción. En el caso particular de los políticos, cuando acceden a un cargo electivo, que debe rendir cuentas, no solo a sus votantes, sino a todos los ciudadanos, y se dedica a favorecer con cargos o adjudicando obras o tareas sin concursos o licitaciones ya se está haciendo un uso discrecional del poder que ostenta y al mismo tiempo muy cerca del cobro por los favores dados a los amigos o de su mismo color político o bien está pagando por los aportes recibidos para la campaña. Se debe considerar que el amiguismo no es privativo de los políticos, sino que prácticamente en todas las ocupaciones, tanto en el arte como en las profesiones liberales, etc. Donde se prefiere a los del mismo grupo para otorgar premios o trabajos. En el caso del arte, para que no se hable de amiguismo es importante que se trate de personas que tengan capacidad de admiración por los artistas. Tiene que ser alguien abierto a las novedades y trabaje en ello por gusto. Pero lamentablemente en la política es donde más daño se causa ya que afecta a todos los ciudadanos y trae consigo la corrupción. Si pienso que es una discriminación, ya que todos los miembros de una empresa no siempre son tratados con criterio justo. Hay casos en que deben buscar, para ciertos cargos, personas de su absoluta confianza ya sea un amigo, conocido o pariente, pero este debe reunir condiciones de capacidad para la función, y honestidad reconocida no solo lealtad al jefe y al grupo.

Diccionarios somnolientos

Honoria Zelaya de Nader |Escritora

¡Otro caso de amiguismo! ¡Hasta cuándo seguiremos afectados por este cáncer de la razón! Lo peor es que la confusión entre las acepciones se agudiza. La pregunta que se impone gira en torno a si ¿el emparentar los conceptos no responde a un maniqueísmo conceptual? Un diálogo convoca mi atención.

- ¡Mirá qué amigo!

- ¿Amigo? No te equivoqués. Eso se llama amiguismo. ¿Te has planteado cuál será el precio que tendrás que pagar mañana por ese certificado falso para cobrar un plan?

- Eso es una calumnia.

- Dejá de hacerte el tonto. No pretendo que establezcás la diferencia semántica entre amigo y amiguismo. Ni que te remitás a sus raíces etimológicas, simplemente te digo que amigo viene del latín “amicus” del verbo amar, y que un verdadero un amigo no compra voluntades. No exige el daca por el toma.

- Pará.

- No. ¿Y sabés qué quiere decir amiguismo? Es la tendencia y práctica de favorecer a unos en perjuicio de los otros. ¡Maldito amiguismo! ¿No te das cuenta que el amiguismo va socavando dignidades?

Mi escucha atenta continuaba y se me acerca doña memoria con la carta que Quijote le dirige a Sancho cuando gobierna la ínsula de Barataria. La releo y decido enviársela a los dialogantes. “Un negocio se me ha ofrecido, que creo que me ha de poner en desgracia destos señores; pero aunque se me da mucho, no se me da nada, pues, en fin en fin, tengo de cumplir antes con mi profesión que con su gusto, conforme a lo que suele decirse: “Amicus Plato, sed magis amica veritas” (Platón es mi amigo, pero más amiga la verdad). Dígote este latín porque me doy a entender que después que eres gobernador lo habrás aprendido. Y a Dios, el cual te guarde de que ninguno te tenga lástima”.

> PUNTO DE VISTA I

La verdadera telaraña

GABRIELA ABAD | Doctora en Psicología

Podemos pensar este tema como algo banal, una pintoresca característica propia de estas latitudes. Pero cuando aguzamos la mirada sobre la problemática plantada, son muchas las imágenes terribles que se nos presentan de forma inevitable.

Porque cuando decimos “amigos” estamos usando un eufemismo, no es un tema de amistad y mucho menos de familia, no atañe a los lazos amorosos, sino a otro tipo de pactos mucho menos amorosos. El problema no es a quién se incluye, sino y fundamentalmente se trata de los excluidos en esta maniobra.

Práctica naturalizada, “los amigos del poder”, pero también podemos jugar con las palabras y pensar en el poder de los “amigos”, siempre y cuando tengamos en cuenta que no se trata de amistad, esa palabra es un semblante para cubrir la verdadera telaraña que teje este manto de encubrimiento y complicidad de estos manejos.

Se trata de comprar y vender fundamentalmente, se trata de negocios. Cada uno es una mercancía en el escaparate de este capitalismo desmesurado, no importa si es la mujer, el hijo, el compañero o el mismo presidente, todos tienen un precio, que obviamente varía según el caso: desde un carguito, una licitación ganada, un cargo de profesor en la universidad, de ministro, o las multinacionales, tan amigas del poder.

Es más fácil y cómodo quedarnos envidiando el chiquitaje, el cargo al vecino, el acomodo en la administración pública, o rasgarnos las vestiduras con la vergonzosa práctica de los bolsones (para hablar de las compra-venta de la gente). Pero por quedarnos allí encandilados por la envidia, por el odio que esto despierta, perdemos de vista el horizonte. ¿En qué intercambio de amiguismo somos entregados, como sociedad? No solo económicamente sino y fundamentalmente cuando empezamos a entregar nuestros principios humanos de respeto por la vida y la muerte.

Como sociedad tenemos que sacudirnos y dejar de invisibilizar, tapar, reprimir este perverso juego de “amigos” del que somos prisioneros. El control ciudadano, la protesta tanto en la cola del trámite como en las decisiones de altas esferas que benefician a los amiguitos.

El sujeto queda atrapado en esta dialéctica de la que se siente víctima sistemáticamente, porque ser una mercancía lo deja como objeto de los otros. Con la espantosa convicción de ser gozado. Y la violencia que esto produce la dejamos para otro día…

> PUNTO DE VISTA II

El beneficio extra de no trabajar

RUBÉN CRUZ | Músico-compositor-contador

Amiguismo, irritante palabra que se aplica cuando el que maneja el poder de turno, va a preferir a sus amigos para tareas, contratos de trabajo, incorporaciones a empleos, sin hacerlos competir con otros aspirantes en igualdad de condiciones y oportunidades. A veces el amiguismo es atemperado por la capacidad para realizar las funciones por parte la gente amiga favorecida, y también por la confianza que depositan en ellos, que es una cosa no menor y que hasta resulta comprensible cuando se requiere que no se filtre valiosa información o cuando la gente favorecida forma parte de un pensamiento parecido con el favorecedor, postura que igualmente va a ser muy criticada y es muy cercana al nepotismo. Por eso, siempre que hay favorecidos sin concursos a igualdad de oportunidades, se está perjudicando a los no amigos.

A veces cuando asume una persona a un cargo de conducción temporario, y tiene que elegir entre lo que ya está incorporado y debe incorporar a un nuevo recurso humano de su confianza o de su riñón, normalmente no es comprendido y es muy criticado. Pero a veces el amiguismo es más severo cuando se favorece a amigos sin capacidad alguna, con el solo propósito de cumplir promesas o por el solo hecho de favorecer sistemáticamente a un grupo social de amigos. Este amiguismo se ve con frecuencia en la administración pública.

No hay que confundir amiguismo con tener amistades o buenas relaciones; en este caso no se ve tan mal y máxime cuando los que tenemos relaciones somos los favorecidos. Siempre el amiguismo resulta mal visto porque presupone acuerdos en el camino, mejor dicho que se otorga trabajos o concesiones a gente amiga a la cual se le cobra un porcentaje del dinero a recibir por el favor otorgado, y casi siempre viene pegado al beneficio extra de no trabajar.

Pero el peor de los amiguismos es el que ostenta la gente de mayores recursos, porque sin estar escrito son socios permanentes en el objetivo de generar negocios, y esto suele ser muy tremendo ya que esa gente no tiene límites. Claro que están más capacitados para no estar nunca flojos de papeles y no necesitan presumir con sus ganancias ni con sus nuevos bienes patrimoniales porque están acostumbrados a ello. En cambio, los que cometen el mismo pecado pero forman parte de un extracto social más bajo y no tienen demasiados cuidados con los documentos sustentatorios. Normalmente hablan de más y exhiben sus incorporaciones patrimoniales impúdicamente porque pertenecen a extractos humildes y cargan al hombro un sinnúmero de carencias.

En fin, el amiguismo está desde tiempos inmemoriales y seguirá estando y es muy usado para contrarrestar los defectos del sistema que en su definición son alterados por la política, que como todos sabemos, es el arte de lo posible y maneja toda la botonera de la democracia.

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