Argentina no supo cómo quebrar a Perú y ahora deberá ganar en la altura de Quito

No queda otra que rezar

06 Oct 2017

¿Podemos hablar de mala suerte a esta altura? ¿No parece, aunque duela, merecido lo que hoy vive Argentina? ¿Cómo es posible que un combinado de jugadores que brillan en cada rincón del globo terráqueo no puedan convertir un solo gol?

Argentina sufre y el país futbolero llora a gritos. La peor pesadilla comienza a hacerse realidad; lo que hace algunos meses parecía una maldición poco a poco se va cristalizando. Nadie lo puede creer, mucho menos esos a los que les gusta refregarle a todo el mundo que somos los mejores en todo. Sí, el baño de realidad está cerca, aunque nadie quiera dárselo.

Rusia está cada vez más lejos. Luego de una jornada nefasta en cuanto a resultados en la penúltima fecha de las Eliminatorias, el pasaje al Mundial quedó más en duda que nunca. Y más allá de que anoche en La Bombonera, Argentina hizo méritos para quedarse con una victoria que hubiera aclarado el horizonte, hoy no se puede hablar de mala suerte.

Es verdad que es casi imposible explicar cómo ese remate de Lionel Messi con el arco casi descubierto pegó en el palo, o cómo Pedro Gallese estuvo gigante para ahogarle los gritos a Darío Benedetto, Alejandro Gómez o Lucas Biglia. Pero hilando un poco más fino, debemos reconocer que fueron muy pocas situaciones para tantos partidos. Todas en un solo juego; en el que a la Selección tenía la obligación de ganar para no quedar en una situación angustiante. Y anoche no pudo festejar, al igual que en casi la mitad de los juegos por Eliminatorias. Un dato que refleja lo pobre que fue el rendimiento de un conjunto de jugadores que tuvo tres entrenadores al frente y ninguno pudo lograr ensamblar un equipo.

La Bombonera fue una caldera. El aliento ensordecedor impulsó a un equipo que tuvo en Javier Mascherano, en Marcos Acuña y en “Papu” Gómez a sus abanderados; los que pusieron el pecho e impulsaron a sus compañeros hacia adelante para intentar quebrar a un Perú plagado de “leones”, que hizo un planteo táctico perfecto, cerrándose del medio hacia atrás y desactivando casi de “taquito” la idea que había planeado Jorge Sampaoli.

Pero ese aliento incondicional comenzó a transformarse en murmullo primero y en silencio después. Llenando de nerviosismo a un grupo de jugadores a los que le pesó cien mil kilos la mochila de sellar el ticket hacia Rusia 2018.

Perú volvió a transformase en la “piedra en el zapato”. Como en agosto de 1969 cuando dejó a Argentina afuera de México 1970. O como en 1985 o 2009, cuando le hizo sufrir la “gota gorda” para poder asegurar sus lugares en México 1986 y Sudáfrica 2010.

El 0-0 del final quebró mil corazones y llenó de incertidumbre al país. Argentina debe ganarle a Ecuador en la altura de Quito para poder, al menos, asegurarse un lugar en el Repechaje. Pero para eso debe dejar sacarse el nerviosismo y la ansiedad de encima; y convertir goles, claro, (uno de los grandes déficits que mostró durante las Eliminatorias).

La situación es asfixiante, desesperante. Es cierto que es fútbol y que a las palabras se las lleva el viento cuando la pelota comienza a rodar. Pero lo único concreto es que ahora, más que nunca, es hora de comenzar a rezar.

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