El ritmo de las actividades en el centro no tuvo muchos cambios durante Argentina vs. Perú

06 Oct 2017

Habrá que hacerle caso, o con más precisión tenerle fe, a Nicolás Barrera. “La gente alienta más a la Selección post clasificación. En la previa quizás no tanto”, comentó mientras se tomaba un recreo en el entretiempo de Argentina-Perú, frente a la plaza Urquiza. Él también lo notó: el microcentro tucumano tuvo los signos vitales habituales durante el partido que se jugó en La Bombonera. Bien distintos a los que se registran por estas horas en los hinchas de la Selección que están casi infartados porque la teoría establecida por Nicolás no tiene campo de acción futura después del empate.

En Ecuador habrá que ganar o ganar, como había que hacerlo ante los peruanos, pero ya no habrá margen de error. El de ayer era un partido crucial, que no alteró el orden establecido en las calles tucumanas. Pocos comercios de electrodomésticos se convirtieron en tribunas callejeras. Hasta pudieron verse televisores apagados, como el interés de la gente. “¿Qué pasa?”, preguntaba una señora que giraba su cabeza mientras pasaba frente a la pequeña popular urbana en la vereda. Advirtió con una generalidad (“ah, juega Argentina”), mientras Ángel Di María erraba una chance clarísima.

En el Mercado del Norte, otra minitribuna se formó. Tres personas compraban carne. Un señor que pasaba fue otro indicio de que el partido quizás no se vivió con el rango de final que se le había otorgado. “¿Qué es eso? ¿El partido de Argentina? ¿No empezaba más tarde?”, le consultó al carnicero el caballero interesado, pero poco atento.

Es cierto que el horario del partido fue tirano. La mayoría tenía que optar por alentar o trabajar. La situación demandó ingenio para que el aliento se materializara. Es así que apenas empezaron a entonar el Himno en La Bombonera, en peatonal Mendoza retumbó lo que pasaba en La Boca. Los empleados de un comercio de audio encendieron todos los parlantes, y radio de por medio, invadieron la cuadra con la canción patria.

Los ecos de aliento deberán extenderse, pero sobre todo potenciarse hasta el martes, para que la teoría de Nicolás pueda probarse y Argentina vaya al Mundial.

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