La economía, entre el 13 de agosto y el 22 de octubre

27 Ago 2017

> PANORA ECONÓMICO

MARCELO BATIZ - AGENCIA DYN

BUENOS AIRES.- La presentación del aumento semestral del 13,32% en las jubilaciones y asignaciones se salió de los marcos habituales. Una conferencia de prensa con un jefe de Gabinete exultante y delegaciones de jubilados aplaudidores con cartelería incluida parecía demasiado para el anuncio de un ajuste de haberes fijado por ley. A no ser que de por medio hubiera, como hay, una campaña electoral.

Alentado por los buenos resultados en las PASO en la mayoría de los 24 distritos, el oficialismo apuesta a que la mejora de los indicadores económicos se profundice en los dos meses que restan para las elecciones generales del 22 de octubre. Y que esa mejora de la economía, ese “segundo semestre” que se demoró un año, se convierta en el impulso necesario para agrandar la brecha en aquellos lugares en que se obtuvo el primer puesto el 13 de agosto e invertir el orden en los que Cambiemos se ubicó en segundo lugar.

Ese entusiasmo a veces hacer perder las formas y transformar un anuncio rutinario en un acto de campaña, como pasó el 15 de agosto en la sede de la Anses. Pero hubo otras noticias económicas que, aunque menos festejadas, dan la pauta de que, por lo menos, el gobierno sobrellevó sin problemas su primer desafío electoral.

Los peligros de una disparada en la cotización del dólar quedaron rápidamente desactivados con una abrupta baja del 4% de su nivel en las 48 horas posteriores a las PASO. La licitación de las Lebac no se apartó de los parámetros de los llamados anteriores y el Banco Central pudo dominar con relativa facilidad la liberación de $ 81.000 millones. Al punto que esa masa de dinero posibilitó algo impensado una semana antes: evitar una mayor caída de la divisa estadounidense. De todos modos, aunque positivos, los efectos inmediatos luego de los resultados del 13 distan de ser suficientes si se los quiere utilizar como un espaldarazo para el 22 de octubre. Si el Plan Austral fue la carta de triunfo del alfonsinismo en 1985 y el de Convertibilidad el del menemismo seis años después, no está a la vista ningún shock capaz de sacudir un gradualismo macrista que no despierta demasiada emoción. Para eso se necesita un tridente mucho más poderoso que una transitoria estabilidad cambiaria: baja de la inflación, aumento del salario real y crecimiento de la economía real. En ese sentido, habrá que ver si la modestia de los resultados alcanza para engrosar el 36,5% que a nivel nacional obtuvo Cambiemos.

En materia de inflación, el Gobierno parece haber llegado a un punto de inflexión. Bajarla del 40 al 20% es mucho más fácil que hacerlo del 20 al 10. Y se nota, con índices mensuales cada vez más parecidos a los de la comparación interanual. Una medición que subirá cuando se conozca el índice de agosto, inevitablemente superior al 0,2% de hace doce meses.

El reciente informe del Indec dando cuenta de una suba del salario real del 1,6% en el primer semestre es, desde ya, un promedio que comprende diferentes realidades. Hay que tener en cuenta, además, que el 22 de octubre está a cuatro meses de distancia. En este punto, se entiende la euforia gubernamental por el anuncio en la Anses: a la hora de votar, los jubilados ya habrán cobrado dos haberes con aumento. Un aporte inesperado a la campaña oficial por parte del kirchnerismo, si se tiene en cuenta que el calendario de las Movilidad Jubilatoria data de fines de 2008. El punto en contra viene del lado de las paritarias, porque en la mayoría de los casos la segunda cuota de aumento salarial se cobrará después de las elecciones.

La economía real comenzó a mostrar resultados positivos en sus indicadores interanuales, con la salvedad de que esos buenos números surgen de la comparación con los magros niveles de 2016. Correspondería, entonces, un contraste con 2015 para comprobar si ese crecimiento es algo más que el famoso “rebote del gato muerto”. Esa tarea fue llevada a cabo por la consultora Economía & Regiones, que notó una marcada heterogeneidad entre los diferentes sectores de la economía. En los dos años transcurridos, hubo crecimientos en Pesca, Intermediación financiera, Construcción, Transporte, Hoteles y restaurantes, Actividades inmobiliarias, Impuestos netos de subsidios, Actividades manufactureras y Comercio. Por el contrario, se registran descensos o crecimientos menores a los de 2015 en Servicios sociales y de salud, Enseñanza, Administración pública y defensa, Electricidad, gas y agua, Agricultura, ganadería, caza y silvicultura y en Explotación de minas y canteras.

Según como se lo mire, demasiado poco para festejar o bastante para considerarlo un punto de partida. O, en palabras de E&R, “el resultado electoral tiene la capacidad de evitar el ‘mal’, pero no puede por sí sólo hacer el ‘bien’”.

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