“Les mostramos que hay un futuro mejor”, dijo una docente

Las docentes advierten que hay niños que trabajan y que muchos se acuestan sin cenar.

08 Jul 2017
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COCINA. Madres, cooperativistas y auxiliares colaboran con la preparación.

Niños que llegan demasiado cansados y hambrientos a las aulas, porque trabajan. Pequeños que, una vez que se alimentan bien, “se activan” y se muestran ávidos de aprender. Alumnos que sueñan y se proyectan ante la motivación. “Esta es la realidad, durísima”, explican las docentes Marisa Pereyra, de sexto grado, y Stella Maris Figueroa, de primero y quinto (de diferentes turnos). Subrayaron la importancia de la apertura del comedor.

En la escuela del Mercofrut, el almuerzo es una “bendición” para 650 chicos

“Se lo necesitaba. Nuestra escuela tiene chicos de escasos recursos. Algunos se acuestan sin cenar y es fundamental el desayuno, te das cuenta cuando lo están esperando. Y con el almuerzo, faltan menos”, contó Pereyra. Recordó una anécdota que grafica la situación social: “les pregunté a los chicos por qué no habían venido al CAI los sábados. Con los cajones de manzana construyeron carros y ayudan a llevar bolsas a los clientes del Mercofrut por propina. Se las rebuscan”. Los que hacen “changas”, dicen, son los de grados más altos. Los CAI (Centros de Actividades Infantiles) son una iniciativa del ministerio de Educación que incluye apoyo escolar y recreación.

Pereyra consignó que permanentemente tratan de reforzar la autoestima de los alumnos. “Les pido que sueñen, que por qué de aquí no puede salir un presidente ¡Se ponen re contentos!”, recuerda y comienza a llorar de la emoción. “Estamos aquí, poniendo ganas y esfuerzo. Cada chico es una realidad, una historia”.

¿En qué se nota la falta de alimentación? Figueroa explica que la detectan cuando no muestran ganas de comenzar la jornada. “Cuando tienen más de tres inasistencias en la semana sin que se acerque la familia a justificarlas, vamos a visitar las casas y ahí vemos las realidades. Hay chicos que cartonean con los papás de noche y al otro día están cansados. Es muy difícil que tenga ganas de venir y que se hagan el hábito”, describió triste. “Entonces, cuando desayunan y comen, se ordena la rutina. Les enseñamos que tienen que tener la mesa ordenada, que laven su taza. Adquieren hábitos. El comedor es una bendición”, calificó. “Como escuela, les mostramos que hay algo mejor, un futuro. Que tienen posibilidades. Antes de esta escuela no tenían nada. Esta escuela fue un salvavidas para los chicos. Estamos a 15 cuadras de la Casa de Gobierno y muchos no conocían el centro. Con la escuela fuimos. Que tengamos un comedor y que sigamos adelante es increíble”, festejó Figueroa.

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