Ir temprano a clases no garantiza un mejor aprendizaje

Los adolescentes y jóvenes no están frescos ni sus cerebros presentan un buen nivel de alerta hasta las 11 de la mañana. Naturalmente su sueño se retrasa. A esto se le suma el uso de la tecnología. Los expertos dicen que hay que cambiar el horario en el que van a estudiar.

Por Redacción LA GACETA 16 Abril 2017

“¿Por qué siempre llegan al aula bostezando? Vienen dormidos. Seguro estuvieron hasta tarde con el celular o viendo series”. La que se queja es Rosario Lascano, profesora de Biología de nivel secundario. Es el mismo reclamo de muchos docentes que tienen a cargo las primeras horas de clase en las escuelas o en la universidad.

Que los jóvenes se desvelen no es totalmente culpa de Netflix, Facebook o WhatsApp. Biológicamente, hay cambios en sus sistemas de sueño y vigilia. Por lo tanto, las clases universitarias no deberían arrancar antes de las 11 de la mañana. Eso es lo que concluyó un reciente estudio internacional. Y rápidamente se reabrió la polémica: cuál es el mejor horario para ir a una clase que nos exige estar con el cerebro más que atento.

¿Todos tenemos que poner el despertador a la misma hora? Según los investigadores de la Universidad de Nevada y de la Open University esto no debería ser así. En los jóvenes el desempeño académico alcanza su momento álgido entre las 11 y las 21.30.

Según el informe -que evaluó el rendimiento de 200 estudiantes- los cambios biológicos que comienzan en la pubertad transforman los tiempos naturales de la vigilia y del sueño de los chicos y chicas. Este cambio de hasta tres horas se produce principalmente hacia los 19 años, aunque poco después las personas vuelven a su patrón anterior de sueño y descanso.

En consecuencia, el horario tradicional de los centros de estudio los perjudica, porque tienen que afrontar el aprendizaje en un momento que para su cuerpo es antinatural. “La pérdida del sueño, a su vez, perjudica el rendimiento académico y también eleva los riesgos de obesidad, depresión y abuso de droga”, concluyen los investigadores.

Cuestionamientos

No es la primera vez que una investigación cuestiona los horarios de estudio. Hace tres años la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomendó comenzar las clases de la secundaria a las 9.

Para entender mejor el tema, el neumonólogo tucumano Jorge Ávila, director del Centro de Enfermedades del Sueño, explicó cómo funciona nuestro reloj biológico interno. Este rige el ciclo de sueño-vigilia de los seres humanos y dicta cuándo despertar o dormir. A este ciclo se lo denomina ritmo circadiano, y abarca 24 horas (ocho para el sueño y 16 para la vigilia). Pero los adolescentes necesitan nueve horas de sueño. Ahí arranca el desfase.

“Se ha debatido mucho sobre cuál es la mejor hora para que se despierte un estudiante. Ahora se está haciendo una investigación muy grande en Inglaterra, que incluye el estudio de 20.000 casos, con la hipótesis de que el rendimiento cerebral de los jóvenes es mejor a las 10 de la mañana que a las 8”, resalta.

“Con el sistema actual, hay dos horas en las que los estudiantes no funcionan bien. Y como si fuera poco, en esas clases se dan materias que exigen muchos esfuerzo, como matemáticas”, añadió el especialista.

Al factor biológico -señala Avila- se le suma la tecnología: “está comprobado que la luz azul de los celulares o de las computadoras retrasa la llegada del sueño y produce trastornos”, remarca. ¿Y qué pasa cuando le privamos el lugar que necesita el sueño, ya sea por cuestiones sociales o biológicas? “Sobrevienen muchos problemas: bajo rendimiento escolar, enfermedades cardiovasculares, infecciosas y del sistema endocrinológico. Hay que tomarse en serio este tema”.

El doctor Daniel Cardinali, investigador del Conicet, sostiene que pagaremos muy caro por estar avanzando tanto en contra del sueño. Lamentablemente, los adolescentes y jóvenes son los más perjudicados por los trastonos, sostiene. Y también afirma que las clases a las 8 de la mañana son irracionales desde el punto de vista biológico.

“Cuando dormimos no sólo reposamos. Se producen una serie de procesos metabólicos y hormonales imprescindibles para vivir. Si interferimos en esos procesos a mediano o largo plazo las consecuencias a nivel emocional y hormonal serán graves”, advierte Santiago Assaf, director de Unidad de Epilepsia y Trastornos de Sueño del Hospital Avellaneda.

¿Hay un horario ideal para comenzar la jornada laboral y escolar?
La psicóloga Graciela Tonello, especialista en sueño, explica: “esto tiene que ver con la neurohormona llamada melatonina. La luz es uno de los estímulos más importantes para el control de las funciones corporales. Con niveles de iluminación bajos o en oscuridad, se secreta en forma rítmica la hormona necesaria para el sueño, la melatonina, cuya producción es bloqueada mediante la luz ambiental que penetra por los ojos. Así, los niveles altos de melatonina se muestran durante la noche y durante el día llega a los niveles más bajos. La concentración de esta hormona varía con la edad: se torna circadiana alrededor de los 2-3 meses de vida, alcanza el máximo al final de la infancia, en el desarrollo puberal muestra un importante descenso, y con los años los niveles de melatonina plasmática disminuyen. Hay que tener en cuenta también el cronotipo: existen personas que funcionan mejor en horas de la mañana (alondras), otras que prefieren horarios vespertinos para sus trabajos (búhos), y los individuos tipo neutro, que es un intermedio entre los dos anteriores y constituyen la mayoría de la población”.

Publicidad

¿Hay un horario ideal para comenzar la jornada laboral y escolar?

La psicóloga Graciela Tonello, especialista en sueño, explica: “esto tiene que ver con la neurohormona llamada melatonina. La luz es uno de los estímulos más importantes para el control de las funciones corporales. Con niveles de iluminación bajos o en oscuridad, se secreta en forma rítmica la hormona necesaria para el sueño, la melatonina, cuya producción es bloqueada mediante la luz ambiental que penetra por los ojos. Así, los niveles altos de melatonina se muestran durante la noche y durante el día llega a los niveles más bajos.

La concentración de esta hormona varía con la edad: se torna circadiana alrededor de los 2-3 meses de vida, alcanza el máximo al final de la infancia, en el desarrollo puberal muestra un importante descenso, y con los años los niveles de melatonina plasmática disminuyen. Hay que tener en cuenta también el cronotipo: existen personas que funcionan mejor en horas de la mañana (alondras), otras que prefieren horarios vespertinos para sus trabajos (búhos), y los individuos tipo neutro, que es un intermedio entre los dos anteriores y constituyen la mayoría de la población”.

Publicidad

Por cada hora que los bebés pasan viendo el celular duermen 16 minutos menos

Para crecer bien y sanitos hay que dormir mucho, solían decir las abuelas. Algo que se complica bastante por estos días en las casas donde los pequeños comienzan a jugar con celulares y tablets desde los seis meses. Según una investigación que acaba de publicar la revista Science Report, este hábito ya les está generando trastornos en los sueños a los más pequeños.

El trabajo, que se realizó en la universidad de Birbeck, de Londres y del King’s College (Reino Unido), reveló que los bebés y niños en edad preescolar que utilizan a diario dispositivos con pantallas táctiles duermen menos horas y les cuesta más conciliar el sueño. Cada hora de uso de un dispositivo digital repercute en 16 minutos menos de sueño. Dormir es crucial para el desarrollo cognitivo de los pequeños, remarcan los autores del estudio, sobre todo durante los primeros años de vida, puesto que tiene un enorme impacto en la neuroplasticidad infantil. 

Según explica la psicóloga Graciela Tonello, investigadora del Conicet y docente de la UNT, las pantallas de celulares y tablets emiten luz en la longitud de onda que corresponde al color azul, que es una región del espectro electromagnético muy poderosa para bloquear la producción de melatonina, la cual es una hormona necesaria para conciliar el sueño y lograr el efecto reparador que tiene el mismo a nivel fisiológico y cognitivo. “Exponerse sostenidamente a esta radiación va corriendo el pico de secreción de melatonina, que se da normalmente entre las 3 y 4 de la mañana”, detalla. 

El neumonólogo Santiago Assaf, experto en trastornos del sueño, dijo que es fundamental que los padres limiten el tiempo que sus pequeños hijos usan dispositivos tecnológicos: “está comprobado que los chicos que no duermen bien presentan serios trastornos de aprendizaje, tienen déficit atencional y son híperactivos”.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios