Para el lego, para la “gente común”, un archivo es algo así como un cementerio de papeles. Sin embargo, cuando Emilio Perina describe qué se puede encontrar entre los millones de documentos que integran el Archivo General de la Nación y el Histórico Nacional, el archivo toma vida. “Por ejemplo, con los avances de la ciencia alguien puede querer saber qué enfermedades tuvo el abuelo para entender la enfermedad de un nieto”, grafica el periodista y director del Archivo General de la Nación (AGN) y de su “hermano”, el Histórico Nacional. Al margen de esas anécdotas que le dan carnadura al AGN, el organismo reúne en su sede del Bajo porteño -y dispersa en muchos otros edificios de la ciudad de Buenos Aires- una mole de documentación que ha sellado y acompañado el desarrollo y crecimiento del Estado argentino, desde la presidencia de Julio Argentino Roca a esta parte, más un valioso fondo de la historia de la región latinoamericana.
A partir de esta visión de que a la historia se la encuentra en los rincones menos sospechados, Perina visitó Tucumán invitado por el Instituto Provincial de Mutuales y Cooperativas (Ipacym), Durante esa visita, dijo, surgió el compromiso de rescatar los ricos archivos de las mutuales dispersas en la provincia.
- ¿Qué encontró en su recorrida por asociaciones, sociedades y mutuales?
- Un patrimonio increíble, que es fundamental recuperar, y que no sólo es del interés de los tucumanos.
- ¿ Cómo se gestiona un archivo del siglo XXI?
- En la Argentina estamos con problemas importantes. El Estado argentino nace con Roca. A ese Estado, Agustín. P. Justo le dio la carnadura administrativa. Lo que coincide con lo que pasaba en el mundo: el New Deal en Estados Unidos, la Alemania nazi y la prenazi. Crecen las estructuras de los Estados, las estructuras administrativas, la población y las demandas de la sociedades, y se genera un número creciente de documentos. Los documentos que se fueron acumulando cuentan la historia de quién lo produjo, la institución que lo produjo, y termina siendo patrimonio cultural de un país. El esquema documental que rigió a lo largo de los siglos XIX y XX reflejó la idea del Estado de los años 30 y 40 del siglo XX: principios basados en la seguridad y el secreto. Los paradigmas del siglo XXI son exactamente lo contrario.
- ¿Cuál es el enfoque?
- El Gobierno nacional acaba de promulgar y reglamentar la Ley de Acceso a la Información. El paradigma giró 180 grados en el mundo. Hoy, cuando producimos un documento debe tener transparencia: cualquiera puede acceder a él. Antes, esa vida que tenían los archivos cuando dejaban de ser activos para ser pasivos se relacionaba claramente con la investigación histórica; y se le sumó, entre muchas otras, la investigación sociológica, con lo cual ha crecido la demanda por mantener en orden esos archivos. El Estado nunca cuidó los papeles, en muchos casos por desidia y corrupción. Porque cuando la corrupción se apodera de una estructura administrativa, los dos puntos que más le interesan son la Mesa de Entradas y el archivo. La Mesa de Entradas porque ahí aparecen los procedimientos de compra, las licitaciones y los grandes negocios; y el archivo, para que ni la Justicia ni la historia puedan investigar adecuadamente qué pasó. El problema es que tenemos un stock de documentación de entre 40 y 50 años que está flotando en distintos edificios y que hay que rescatar, adecuar, clasificar y poner donde corresponda. Por ejemplo, querría incorporar toda la documentación del Mundial del 78; y el traspaso de la capital a Viedma. Pero es fundamental, previamente, que esa documentación esté previamente indexada.
- ¿Se sabe cuántos documentos tiene el AGN?
- Uno no sabe lo que tiene. Hoy, el archivo tiene 16 kilómetros de documentos. Y si se considerara lo que está “flotando” pasaría a tener entre 70 y 80 kilómetros. Estamos construyendo un edificio nuevo, en Parque Patricios.
-¿Tiene usted un modelo de archivo a seguir?
- Hay muchos; a mí me gusta el de Colombia, que tiene un sistema nacional de archivos del que nosotros carecemos. El archivo no es sólo una herramienta técnica, sino un bien cultural. Parte de la historia de la Argentina está en este archivo, que es administrativo e histórico al mismo tiempo. Con el ministerio de Ciencia y Tecnología estamos censando cuántos archivos hay en la Argentina.
- ¿Algún día podrá un tucumano consultar documentos del Archivo General (y del Histórico Nacional) sin tener que viajar?
- Creo que sí. Pero eso está requiriendo una descripción de acuerdo a las normas internacionales; porque ya se han borrado las fronteras, y lo que era patrimonio local termina siendo patrimonio de la Humanidad.
- ¿Cómo se negocia para que el archivo sea necesario, en tiempos de Google?
- Tenemos una página en Facebook, que es muy exitosa. Estamos en Twitter, colgamos películas, que son joyitas. Los jóvenes se enganchan con esas herramientas. Y está en marcha una mesa de ayuda electrónica. De modo que cuando alguien llegue, sepa qué fondo tiene que visitar. Y estamos organizando una revista electrónica. Si la gente no sabe lo que tenemos, ¿cómo va a demandar lo que no sabe que tenemos?








