Se deberían promover más las uniones de padres

Por Redacción LA GACETA 10 Abril 2017
La escuela pide a gritos que la familia se involucre en la educación de sus hijos. Sostiene que la escuela es una caja de resonancia de toda la sociedad, y que no puede con todo, que necesita el apoyo de los padres para elevar la calidad educativa. Del otro lado del “mostrador”, algunos padres que sí colaboran con la institución educativa se preguntan si la participación de las familias debe limitarse a hacer estudiar a su hijo y a pagar la cuota de la cooperadora. Concretamente: ¿los padres son participativos cuando se ocupan de comprar el vidrio que falta en la ventana, pero son problemáticos cuando opinan sobre la enseñanza de algún profesor?

Eduardo E. Joya, padre de familia, dice que le quedó muy grabado el pensamiento de monseñor Miguel Galland en esta misma columna, acerca de que “la Escuela se vino abajo cuando se disgregó la familia”. “Comparto totalmente”, dice. Propone que desde la Secretaría de Educación, Asipet y Consudec, se incentive y promueva la formación y el trabajo de los consejos de familias, las uniones y comisiones de padres en todos los establecimientos educativos de la provincia. “Cuando mis hijos estaban en edad escolar, estas organizaciones funcionaban siempre a la par de los docentes y directivos en varias tareas: brindando apoyo a todos los alumnos (en bibliotecas, apoyo escolar los fines de semana, intercambio de útiles escolares, campamentos), abriendo espacios de formación y recreación entre los padres, respaldando la Ley de Educación, realizando mejoras en los edificios escolares, etcétera. Los padres teníamos la oportunidad de compartir con docentes y con nuestros hijos muchas actividades durante el ciclo lectivo, lo cual permitía acompañarlos y estar en contacto permanente con toda la comunidad educativa (directivos, docentes, alumnos , padres y personal auxiliar)”.

“También funcionaban la Comisión Provincial de Padres que nucleaba a los representantes de los padres de las escuelas públicas, y la Federación Arquidiocesana de UPF, que reunía a todas la Uniones de Padres de Familia de los diferentes colegios confesionales. En varias ocasiones se compartieron momentos de reflexión y trabajo entre estas instituciones a fin de encarar proyectos que siempre apuntaron a apoyar y mejorar todo lo que se realizaba en los centros educativos, para una mejor participación y compromiso de los padres, con toda la comunidad educativa, en beneficio de sus hijos”, recuerda.

La odontóloga Gabriela Pasteris, madre de un alumno que recién comienza el secundario en un colegio privado, opina que habría que ampliar las posibilidades de participación de los padres dentro de las comisiones. “Las actividades se limitan a organizar alguna celebración o a hacer una colecta con fines específicos. Pero no está bien visto que se hagan críticas constructivas”, observa.

Pasteris sostiene que dadas las grandes dificultades que tienen los chicos para elevar su rendimiento escolar, sería más que necesario que todas las escuelas y colegios tuvieran espacios de consulta para que puedan evacuar sus dudas. “Muchas veces los docentes dan por entendido que todos los alumnos han comprendido su clase, y se molestan cuando alguno vuelve a preguntar algo que el profesor ya explicó. Cuando el chico recibe una respuesta que lo avergüenza, por ejemplo si el profesor le contesta que cierta cuestión es obvia y que no tiene que preguntar porque tendría que saberla, ese chico no vuelve a pregunta más y se pierde la oportunidad de aprender”, remarca la madre.

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