“La ola de la droga nos ha pasado por encima”

En Yerba Buena funciona un centro de escucha y orientación. Críticas por la ausencia del Estado

ESPERANZA VIVA. Los grupos están ligados a la Fazenda de la Esperanza. LA GACETA /  FOTO DE DIEGO ARÁOZ.-
ESPERANZA VIVA. Los grupos están ligados a la Fazenda de la Esperanza. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ.-
Por Redacción LA GACETA 08 Abril 2017
“Uno creía que Yerba Buena era una ciudad idílica. No lo es; ya no. Aquí se drogan chiquitos de nueve años. Las comisarías están, siempre, hacinadas de changos. Entran, les dan una paliza, los sueltan y vuelven a drogarse y delinquir. Esto es como una ola: nos ha pasado por encima. Y todavía estamos en la revolcada”. Quien habla es Romina Roda, coordinadora regional de los grupos Esperanza Viva, ligados a la Fazenda de la Esperanza, una asociación de fieles reconocida por la iglesia católica que procura recuperar a los jóvenes de las adicciones.

Luego dice que, allí, los involucrados saben quiénes venden, pero tienen miedo de denunciar. “En muchos casos, es escupir para arriba. Hay familias enteras que viven de esto, especialmente en la zona de la Plaza Vieja. Ahí, las bandas se enfrentan entre sí y nosotros ni nos enteramos. Se las arreglan entre ellos. Nadie quiere hacerse cargo porque estos chicos son los olvidados de la sociedad”, añade Roda. Sus declaraciones se producen luego de que el padre Marcelo Durango -vicario de la iglesia Nuestra Señora del Valle- dijera que en ese municipio la venta de drogas se ha liberado, y que ni Justicia ni la Policía intervienen. “El problema está tapado; oculto”, había afirmado el párroco.

Única respuesta  

María Laura Campero es psicóloga y se ha especializado en adicciones. También es funcionaria de ese municipio, pues tiene a su cargo un Centro de Primera Escucha, Orientación y Referencia, que depende de la Secretaria de Política Social. Su tarea consiste en recibir a los adictos o a sus familiares, quienes concurren de modo voluntario. Luego de una evaluación, les generan un turno protegido en algunas de las ofertas del sistema de salud, ya sea a nivel local o provincial.

Lejos de contradecir las declaraciones de los referentes parroquiales, Campero va más allá, pues asegura que la Iglesia es el único estamento que está dando respuestas, de manera concreta, en Yerba Buena.

“El Estado todavía está ausente. Mientras, el consumo de drogas crece y se instala”, agrega. Enseguida menciona algunas zonas rojas, como la localidad de San José, los barrios La Hoya, Colonia Castillo y Nicolás Heredia y ciertos sectores de La Rinconada, entre otros.

El objetivo de la oficina que conduce Campero, además de orientar a los adictos, radica en contar con un observatorio, para generar estadísticas y promover políticas de salud. Los casos menos severos son derivados al centro asistencial Carrillo. Allí, los pacientes realizan terapia con un psicólogo, una vez a la semana. A quienes requieren una atención más dedicada, les proponen ingresar a un programa denominado La Casa. Se trata de un espacio terapéutico con actividades de reinserción y recuperación, con dos sesiones semanales.

La oficina de escucha funciona en la avenida Aconquija 2.021. Debido a la falta de presupuesto, los horarios están acotados a lunes, miércoles y viernes por la mañana, y martes y jueves durante las tardes. No tienen teléfono fijo. El programa La Casa tiene sede en la esquina de las calles Perú y Salta. Los muchachos con situaciones de consumo más severo son enviados desde el municipio a alguna de las alternativas del Estado provincial.

Matías Tolosa -secretario de Prevención y Asistencia de las Adicciones de la Provincia- cuenta que el área a su cargo ha capacitado, hace unos meses, justamente a los trabajadores de la oficina de escucha yerbabuenense, en pos de articular los esfuerzos. No obstante, advierte que todavía queda mucho por hacer. Puntualmente, habla de tareas de prevención. “La inclusión es fundamental. Y eso se logra a través de la generación de espacios verdes saludables, que sean aprovechados por la comunidad”, finaliza.

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