Una bomba explotó en San Martín al 600

FINES DE LOS 30. Las Heras al 600 atraía a los tucumanos por la variedad comercial que presentaba entonces. El tránsito iba en sentido contrario al actual.  ARCHIVO LA GACETA
FINES DE LOS 30. Las Heras al 600 atraía a los tucumanos por la variedad comercial que presentaba entonces. El tránsito iba en sentido contrario al actual. ARCHIVO LA GACETA
Por Redacción LA GACETA 04 Abril 2017
La actividad comercial declinaba, los negocios iban cerrando sus puertas, las calles se iban despoblando. Era noche de viernes. El lugar, calle San Martín al 600, pleno centro comercial de nuestra ciudad.

El café Suizo, que estaba ubicado en San Martín 631, cerró sus puertas cuando las manecillas del reloj casi alcanzaban la 1 de la mañana del 2 de abril de 1927. Adentro el ajetreo era importante: había que dejar limpio el local para el día siguiente.

Pocos minutos después José Flores, propietario del bar, despedía a sus trabajadores que se iban a sus casas. En este tiempo, Flores mantenía desde hacía unos dos meses un conflicto con los mozos afiliados al sindicato. Por ello había allí empleados calificados de libres, por algunos, y de carneros, por otros.

Esa madrugada de hace 90 años el negocio quedó en silencio; su dueño fue hacia los fondos, donde vivía con su familia: su esposa, Agustina de Flores, y los hijos de ambos, José, de 9, Benigno, de 8 y Agustín, de 7. Vivía con ellos además Rosa Quinteros, de 17, que estaba al servicio de la familia. Cuando el reloj alcanzó las 2.30, se produjo una explosión en la puerta principal del negocio. Aunque se escuchó a varias cuadras, gracias a algún defecto de fabricación o por su mala colocación no causó mayores destrozos. Sólo sufrieron daños la puerta y algo el frente del edificio.

Nada anormal

Según la crónica de LA GACETA, que se escribió cerca de la 4, el personal que hace servicios de vigilancia en los bancos no notó nada anormal en las inmediaciones del negocio. El explosivo estalló cuando los policías habían caminado media cuadra en dirección al sud por calle Maipú.

Más adelante se informaba: un agente del escuadrón de Seguridad pasó por el lugar instantes antes de que (la explosión) ocurriera, advirtiendo que en ese momento transitaba por el frente del café Suizo un individuo tapado por un amplio poncho que bien puede ser el que aprovechando la ausencia de los policías que tienen parada en la esquina de Maipú y Las Heras (hoy San Martín) colocó el explosivo.

Pesquisas

Al día siguiente se anunció que el caso estaba, en principio, esclarecido. Fueron detenidos Manuel Fernández Grande, representante del gremio, y algunos otros integrantes del sindicato cercanos a él.

La declaración de Fernández Grande generó dudas en los investigadores y algunas averiguaciones permitieron detectar incongruencias temporales entre sus dichos y los de los testigos que lo habían visto llegar a una fonda de 9 de Julio cuarta cuadra, relata la nuestro diario.

Detalles

Fernández Grande había dicho además que no había pasado por su casa -ubicada en la misma cuadra- antes de llegar a la fonda, pero los testigos señalaron que dos hombres se habían instalado en una mesa del bar a esperar su arribo. El aludido llegó a la 1.35 y después de departir largamente con sus visitantes, se separó de ellos para dirigirse a la fonda vecina, relata el cronista. La Policía obtuvo la orden judicial, allanó el departamento de Fernández Grande y encontró un papel clave: una receta para la confección de una bomba casera de manera muy básica y simple. La crónica del día de la explosión la describía así: “la bomba, que es un cilindro de hierro, que contenía recortes de hierro y balines y que se hallaba relleno con papeles, destrozó la parte inferior y derecha del edificio cuyos mármoles, pedazos de madera y de persianas causaron daños en la Casa Municipal y edificios vecinos.

Rápidamente se conoció la fecha de fabricación del artefacto, pues los pedazos de diario usados correspondían a la edición de El Orden de la tarde del 1 de abril.

Se diluye

Varios elementos hicieron que con el paso de las horas perdiera fuerza la acusación sobre Fernández Grande, y este quedó en libertad unos días después. Entonces las miradas se volvieron hacia el famoso extraño embozado y cubierto con un poncho. Pero este personaje nunca fue encontrado y el caso se fue apagando, los ánimos se fueron calmando y las cosas volvieron a sus carriles normales.

Y como muchos otros casos en nuestra historia, el de la explosión del café Suizo quedó sin resolución. No pudo determinarse si fue un atentado terrorista o una maniobra para perjudicar a los miembros de un gremio.

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