Buscan visibilizar el trastorno del autismo

Conocer los síntomas de alarma es esencial para poder realizar la detección precoz del problema.

Por Redacción LA GACETA 01 Abril 2017
Si un niño de 12 a 18 meses no señala con el dedo un objeto de deseo, si no responde a su nombre, no mira a los ojos y se aísla para jugar, entre otras conductas, podría padecer Trastorno del Espectro Autista (TEA). Mañana se conmemorará el “Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo” por lo que se harán actos de visibilización en todo el mundo.

“Hasta los tres años no podemos decir que un niño tiene Trastorno del Espectro Autista, pero sí se puede detectar si tiene riesgo de padecerlo y la detección temprana es fundamental porque sabemos que cuanto antes sea la intervención (tratamiento) mejor será su pronóstico”, asegura a Víctor Ruggieri, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Garrahan.

Conocer las señales de alerta es fundamental: que al año el niño no responda a su nombre, que a los 18 meses tenga pérdida o ausencia total de lenguaje o que no mire a los ojos, entre otras conductas. La formación del pediatra es esencial para no subestimar estos síntomas.

“El TEA es un trastorno del neurodesarrollo de base biológico que afecta la cognición social del niño, su capacidad de interesarse y estar con otras personas, de comunicarse e interactuar”, explicó Ruggieri. “Puede estar asociado o no a discapacidad intelectual, puede ocasionar disfunciones sensoriales como por ejemplo, que les molesten mucho los ruidos, las etiquetas de las ropas, y tener o no dificultades con el lenguaje, es decir hay diferentes formas en cada persona”, agregó.

El especialista remarcó que “aún en las formas más severas siempre hay algo para hacer. De allí que es importante que los padres se reúnan para hablar sobre el tema y ayudarse mutuamente. En Tucumán funcionan los grupos TEA Tucumán, Corazones Azules del Sur y Fundación ANIA.

En 2014 se sancionó la Ley 27.053 que obliga a poner el tema en la agenda pública, así como a destinar recursos para la investigación y el tratamiento. Sin embargo, en los mayores problemas para la integración están en el área de educación. Las escuelas privadas suelen no tener vacantes, ya que destinan sólo uno o dos lugares para los niños que necesitan integración. En el caso de las escuelas estatales dependen de la buena voluntad de los directivos, afirma Paula Boscaroli, de Padres TEA de Buenos Aires.

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